El presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos, Paul S. Coakley, ha asegurado que el episcopado norteamericano quiere “tender puentes” con la Administración de Donald Trump, aunque sin renunciar a expresar sus preocupaciones en cuestiones como la inmigración, la libertad religiosa o la atención pastoral a las personas detenidas.
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Así lo ha señalado en una reciente entrevista concedida a Avvenire, después de que la Corte Suprema rechazara la orden ejecutiva de Trump que pretendía restringir la ciudadanía por nacimiento. Un fallo que Coakley ha recibido “con alivio” y que considera coherente con la doctrina de la Iglesia sobre la dignidad de toda persona.
“Los niños no son culpables de ningún delito por nacer en Estados Unidos”, ha afirmado el arzobispo, recordando que los obispos ya habían advertido en febrero de que esa medida podía dejar a menores en situación de apatridia. Para Coakley, el debate no se reduce al “estatus legal” ni a la “interpretación de la Decimocuarta Enmienda”, sino a “reconocer o negar la igualdad de valor de quienes nacen en nuestra comunidad” y proteger “la dignidad humana de todos los hijos de Dios”.
“No con indiferencia, apatía o prejuicios”
Coakley ha respondido también al argumento de la Casa Blanca, que había hablado de “turismo de natalidad” y de la ciudadanía como un “precioso don” que debe ser protegido. Además, ha subrayado que la orden ejecutiva habría condenado a muchos niños a quedar sin Estado o a verse obligados a elegir entre ser “ciudadanos de segunda clase para siempre” o emigrar a un país que no conocen.
“Como católicos, nuestra fe nos impulsa a protestar contra las leyes que niegan la dignidad de la persona humana y perjudican a niños inocentes”, ha señalado, y ha pedido, además, ante la situación migratoria, tratar a quienes sufren “no con indiferencia, apatía o prejuicios”, sino con la compasión del Buen Samaritano.
Dialogar con Trump
Sobre la relación de los obispos con el presidente Trump, Coakley ha insistido en que la Conferencia Episcopal quiere mantener abierto el diálogo. “Queremos tender puentes, construir una buena relación”, ha explicado, recordando el encuentro que mantuvo con el presidente a comienzos de año. “Hay muchos católicos en su Administración y tenderemos puentes siempre que sea posible”, ha añadido.
El arzobispo ha puesto como ejemplo sus gestiones ante el Gobierno para solicitar visados para religiosos o acceso a los centros de detención de inmigrantes. No lo hizo, ha subrayado, solo por los católicos, sino por trabajadores de todas las confesiones y para ofrecer atención pastoral a cualquier persona detenida.
“Con demasiada frecuencia, en el debate público, se buscan temas controvertidos para avivar las pasiones y polarizar a la gente”, ha advertido el prelado, algo que, a su juicio, se ha convertido en un gran obstáculo para el verdadero diálogo. Por eso, ha explicado, su intención es ofrecer “claridad y comprensión mutua”, en lugar de alimentar resentimientos. “El fuego por sí solo no nos lleva muy lejos”, ha concluido.
