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Un consistorio sin visitas de cortesía y con ausencia de cardenales

papa Francisco consistorio creación de cinco nuevos cardenales 28 junio 2017

El consistorio del 28 de noviembre, en el que el papa Francisco creará a 13 nuevos cardenales, 9 de los cuales tienen menos de 80 años y, por tanto, pueden participar en un futuro cónclave, será el más extraño de las últimas décadas debido a la pandemia. Las restricciones contra el coronavirus impedirán que viajen a Roma algunos de los neopurpurados y obligarán a realizar cambios en la ceremonia para evitar posibles contagios.



Una de las novedades más llamativas es que quedan eliminadas las visitas de cortesía, según confirmaron fuentes vaticanas a Vida Nueva. Estos encuentros, en los que los fieles pueden felicitar a los flamantes miembros del Colegio Cardenalicio, se celebran en el Palacio Apostólico del Vaticano o en el Aula Pablo VI y suelen dar lugar a largas colas y aglomeraciones. Los nuevos cardenales en estas ocasiones estrechan la mano, abrazan y besan a cientos de personas, una situación impensable en la presente emergencia sanitaria.

Las restricciones para tratar de mantener a raya al coronavirus también estarán presentes en el propio consistorio presidido por el Papa en la basílica de San Pedro el sábado 28 y en la misa del 29, primer domingo de adviento. Además de los cardenales miembros de la Curia romana, que han sido invitados, está previsto que en estas ceremonias solo participe un pequeño grupo de familiares acompañando a los prelados que recibirán la birreta y el anillo cardenalicio, así como el pergamino con la asignación del título o de la diaconía de una iglesia romana. Durante las celebraciones habrá que mantener la distancia de seguridad y evitar los contactos directos, por lo que podría eliminarse el habitual abrazo que el Papa da a los neopurpurados.

En la nunciatura

A los nuevos miembros del Colegio Cardenalicio que no acudan a Roma por culpa del coronavirus se les hará entrega de la birreta, el anillo y el pergamino previsiblemente en las nunciaturas de sus respectivos países. Ya hay algunos de los protagonistas del próximo consistorio que han anunciado que no podrán viajar hasta el Vaticano. Entre ellos están el filipino José Advincula, arzobispo de Capiz (Filipinas), y Cornelius Sim, vicario apostólico de Brunei, donde se encuentra una de las más jóvenes y pequeñas Iglesias del sureste asiático.

La arquidiócesis filipina informó en una nota que había recibido una comunicación de la nunciatura apostólica en Manila en la que se plantea la opción de no viajar a Roma para participar en el consistorio debido a la pandemia. En la ceremonia se espera que estén presentes los siete neocardenales que residen habitualmente en Italia y algunos de los que viven en otros países y a los que les toca someterse a una cuarentena a su llegada a la nación europea. 

El viaje a Roma, una aventura

Es lo que le ha ocurrido al capuchino de origen navarro Celestino Aós Braco, arzobispo de Santiago de Chile. “El viaje a Roma ha resultado toda una aventura, o muchas aventuras donde tengo que agradecer las gestiones de otras personas. Hube de hacerme el consabido test antes de partir y traer los salvoconductos y permisos correspondientes; y aún tuve que llenar más formularios en el trayecto. Y me nació una pregunta: ¿nos harán llenar formularios en el camino al cielo?”, comenta irónico Aós en una entrevista con esta revista.

A diferencia de los nombramientos episcopales, que llevan aparejada una ceremonia de ordenación, la creación cardenalicia se hace por decreto y el interesado puede no estar presente en la basílica de San Pedro durante el consistorio. Es algo que ha ocurrido ya en diversas ocasiones. En 2015 el colombiano José de Jesús Pimiento, arzobispo emérito de Manizales, recibió el anillo y la birreta cardenalicia en su país ya que por su elevada edad (tenía entonces 96 años), no pudo viajar a Roma. El encargado de entregársela fue el purpurado Rubén Salazar en una ceremonia que tuvo lugar en la catedral de Bogotá.

Una situación similar se produjo el año anterior, cuando Francisco incluyó entre los neopurpurados de más de 80 años que creó en el consistorio a Loris Francesco Capovilla, el antiguo secretario personal de Juan XXIII y que tenía 98 años en aquel momento. Angelo Sodano, por entonces decano del Colegio Cardenalicio, le visitó en su casa para entregarle los símbolos de su nueva condición de purpurado.

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