Matilde Moreno: “El pueblo haitiano siempre renace de sus cenizas”

  • La religiosa del Sagrado Corazón es la coordinadora del Departamento de Pedagogía de Fe y Alegría
  • La misionera apuesta por los proyectos sencillos, concretos e impulsados por las propias comunidades

Matilde Moreno, misionera en Haití

La misionera española Matilde Moreno, religiosa del Sagrado Corazón, tiene una completa visión de la situación de Haití, como coordinadora del Departamento de Pedagogía de Fe y Alegría en el país. “El 12 de enero de 2010 –rememora–, poco antes de las cinco de la tarde, Haití cayó herido de muerte. Diez años después, sigue su agonía porque, de nada, o de muy poco, sirvió la generosísima ayuda que llegó al país después de la tragedia. Gran parte, yo diría casi todo, se quedó en bolsillos equivocados”.



“Pocos días después del terremoto –ilustra–, alojada en casa de las Hijas de Jesús, donde me tuve que refugiar después de que perdiésemos nuestra vivienda, tuve la oportunidad de cenar con el ministro de la Juventud, Deportes y de la Acción Cívica, a quien el entonces presidente Preval había encargado coordinar el caos en que se había convertido el país. Nos dijo con pena que, en ese momento, había en el país más de 10.000 ONG. Convocadas por él para intentar aunar fuerzas y coordinar esfuerzos, apenas un grupito había acudido a la cita. De hecho, incluso esas entidades no estaban de acuerdo en trabajar conjuntamente porque cada una tenía su proyecto, sus donantes y sus técnicos, a los que pagar sus salarios”.

De pobres a miserables

Las consecuencias siguen estremeciendo hoy a la población: “Durante estos diez años, la clase media se ha convertido en pobre y los pobres en miserables. La crisis se ha endurecido gravemente en estos últimos dos años. El pueblo es un clamor pidiendo la dimisión de Moïse, acusado de corrupción y de ineptitud. La corrupción se da desde los más altos niveles a los más bajos, como es el caso de la desviación de la mayoría de los fondos del PetroCaribe, que debían haber repercutido en ayudas sociales y de infraestructura para ayudar al país”.

Así, el panorama es desolador… “Las violentas protestas populares por la carestía de la vida, que es insoportable, han dado pie a que den la cara las más de 60 bandas armadas que realmente controlan el país. No hay que hacer mucho esfuerzo para encontrar a sus líderes, porque la mayoría se sientan en el Parlamento”.

Parálisis nacional

Esta parálisis afecta a todos, también a los niños y adolescentes: “En gran parte del país, el curso escolar 2019-20 ha empezado, tímidamente y no en todos los lugares, a principios de diciembre. Han sufrido amenazas los colegios que, durante algunos días, osaron abrir sus puertas. La inseguridad en la calle nos ha impedido a todo el mundo acudir a nuestros puestos de trabajo”.

“Sin seguridad y sin trabajo –se duele Moreno–, el pueblo lucha por sobrevivir. Debido a las protestas recrudecidas en septiembre, varios negocios y hoteles se han visto obligados a cerrar, ocasionando la pérdida de empleos y una crisis fatal en la economía familiar. El 25% de los haitianos gana menos de un dólar por día. El 60% de la población se ve obligada a sobrevivir con menos de dos dólares diarios, a causa de la alta inflación. Se prevé una gran hambruna en los próximos meses”.

Chabolas en las montañas

Tristemente, el país más pobre de toda América hoy está mucho más abajado: “En estos diez años, la gente ha sobrevivido como ha podido instalando sus pobres chabolas en montañas, antes deshabitadas, en las inmediaciones de Puerto Príncipe, como en Canaan, haciendo uso de la enorme resiliencia que caracteriza a este valeroso pueblo”.

En medio de este abismo, la Iglesia, ayer y hoy, es un sostén para muchísimas personas: “Las congregaciones religiosas y las parroquias han podido, con gran esfuerzo y sacrificio, reconstruir sus colegios, hospitales, dispensarios y centros sociales. Muchas comunidades realizan su misión al servicio de los más pobres y, en la mayoría de los casos, son la única fuente de alivio y dignidad de la que gozan el 80% de los desheredados”.

Auge de las Iglesias protestantes

En esta tarea, es clave también “la tarea de las Iglesias protestantes, cuya presencia entre los pobres es también significativa y eficaz. Estas iglesias (y, por qué no decirlo, muchas sectas no tan saludables) crecieron muchísimo después del terremoto. Fueron más audaces que la Iglesia católica y tomaron el liderazgo de la mayoría de los campamentos de desplazados. Allí se instalaron viviendo con la gente, la organizaban y celebraban el culto”.

Uno de los retos que afrontan de cara los católicos es una indudable apuesta por la paz y la no violencia: “Durante estos años hemos tenido, como Iglesia, actuaciones muy significativas. Hace unos años hicimos un recorrido silencioso por las calles de Puerto Príncipe para pedir el cese de robos vandálicos que, de forma sistemática, estábamos sufriendo en la mayoría de nuestras comunidades e instituciones. El pueblo nos arropó y acompañó a la catedral, donde celebramos la eucaristía. Por el momento, han cesado estos saqueos.

Impacto del huracán Matthew

“No han sido diez años bonitos –admite la misionera española–, aunque se han visto brillar acciones solidarias y eficaces ante tanto desastre”. Algo que ejemplifica con una historia que le interpeló profundamente: “En octubre de 2016, sufrimos el devastador huracán Matthew. Todo el oeste del país quedó devastado. Vidas humanas, casas, colegios, hospitales, huertos familiares, animales… Todo perdido. Desde Fe y Alegría, enviamos un agrónomo para evaluar el desastre y elaborar un plan de intervención. A los cuatro meses, 300 familias que habían perdido sus huertos pudieron llevar al mercado su primera cosecha de hortalizas”.

“Pronto –añade– se dio a cada familia una cabra y se distribuyeron machos de raza mejorada para paliar la maltrecha economía familiar; se animaron grupos de economía solidaria; se reconstruyó la escuela y se la mejoró con un refugio para acoger al vecindario en caso de nuevos desastres, y con cocina y una cisterna para recoger agua de lluvia. Se trabajó con las familias del colegio en talleres de recuperación postraumática y la comunidad del Sagrado Corazón, a la que pertenezco, organizó una clínica móvil en la escuela dejando ficha sanitaria de todo el alumnado. Lo pudimos hacer gracias a la ayuda de amigos que enviaron su colaboración, y esa contribución rindió el ciento por uno”.

Proyectos sostenibles

Esa vía, la de “los proyectos sostenibles y de futuro”, es por la que “vislumbro la única salida posible para este pueblo, al que quiero y admiro, y con quien comparto mi vida desde hace más de 17 años. Cuando alguien me pregunta cómo ayudar a Haití, siempre le digo lo mismo: ponte en contacto con instituciones pequeñas que no tengan que gastar tu dinero en sostener grandes infraestructuras. Instituciones que animen proyectos sencillos a largo plazo y que sean autosostenibles, donde los mismos beneficiarios sean los protagonistas”.

“Siendo muy sincera –cierra Moreno–, no veo pronta salida a la tremenda y dura situación en la que estamos. Solo me anima la fe en este pueblo, que siempre renace de sus cenizas y en aquel carpintero de Nazaret que se lanzó sin medios y con audacia a ir delante de nosotros a Galilea, el lugar de nuestra misión compartida”.

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