Paul Gallagher defiende el papel de la Iglesia en el Consejo de Europa como “ardiente defensora de los derechos humanos”

  • El secretario para las relaciones ante los estados repasa la contribución de la Santa Sede ante las instituciones comunitarias
  • Para reconstruir Europa juntos, necesitamos unidad; necesitamos redescubrir la unidad que está en la base misma de la vida de la persona humana”, reclamó el arzobispo

El Consejo de Europa está celebrando los 50 años de la presencia institucional de la Santa Sede con voz propia en los organismos europeos. Con este motivo el secretario para las relaciones con los Estados, Paul Gallagher, intervino en unas jornadas organizadas por la Facultad de Teología de la Universidad de Estrasburgo.



En su intervención, recogida por L’Osservatore Romano, el arzobispo hizo un análisis de la expresión y del concepto de los derechos humanos y de la dignidad humana, afirmando que “el principio fundamental en torno al cual se ha profundizado la reflexión católica” es “el origen de la persona humana creada a imagen de Dios y salvada por Cristo”. Verdad teológica que ha marcado la tarea de “proteger al hombre en su dignidad inviolable que la Iglesia Católica se ha propuesto como ardiente defensora de los derechos humanos”.

Derechos Humanos

Por ello, ha defendido que el papel de la Santa Sede en los organismo europeos es contribuir a la reflexión y defensa de la dignidad humana ofreciendo “una visión armoniosa en la que los derechos son equilibrados por sus respectivos deberes”. “Cuando hablamos de respeto a la dignidad de la persona humana, deberíamos preguntarnos inmediatamente qué filosofía, qué psicología, qué cultura, qué religión pueden ofrecer principios en los que se basa la verdad de la persona humana”, interpeló el oficial vaticano.

Para Gallagher “solo desde una auténtica definición de la persona humana se pueden deducir reglas que correspondan y expresen esta misma dignidad humana”. Por ello, “cuanto más nos conformamos a la verdad divina y a nuestra fe en Dios, más crece nuestra fe en la dignidad humana”, sentenció elogiando el proceso que ha llevado a la construcción de las declaraciones de derechos humanos.

La fuerza de la unidad

En este sentido, el arzobispo propuso un enfoque “educativo” sobre la migración, la integración, la interculturalidad o el diálogo entre las distintas religiones. Y es que, analizó, todavía no existe una percepción única de Europa, ni siquiera desde el punto de vista del proyecto que se va a llevar a cabo. Cada nación tiene su propia visión de Europa. Y son muchas, dentro de cada país, las imágenes que se hacen de Europa o que uno ya quisiera poder considerar como parte de la historia”.

El mundo vive como roto y aplastado por sus cierres y polarizaciones, lejos de los valores universales y naturales que Dios ha puesto en el corazón de cada persona humana”, denunció en la conclusión de su intervención. “Para reconstruir Europa juntos, necesitamos unidad; necesitamos redescubrir la unidad que está en la base misma de la vida de la persona humana. La unidad entre la persona humana y la ética, entre la persona humana y la política, entre la persona humana y el trabajo, entre la persona humana y cualquier otra actividad que realice bajo el sol”, reclamó.

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