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La dramática denuncia de un obispo mexicano ante la violencia en su diócesis

  • El titular de Apatzingán señaló que, a partir de un enfrentamiento entre bandas criminales en marzo pasado, la región se encuentra sumida en la violencia
  • Lamentó que haya gente desplazada, lo que ha llevado a que algunas pequeñas comunidades se quedaran prácticamente sin familias y totalmente aisladas

Todo comenzó con un enfrentamiento entre bandas del crimen organizado en la Diócesis de Apatzingán el pasado 19 de marzo. A partir de entonces, no han parado los problemas: “asesinatos, quema de viviendas y robo de vehículos con violencia”, entre otros.

Ante tal situación, el obispo de esa Iglesia particular, ubicada en el estado de Michoacán, publicó este viernes –conocido en México como el Viernes de Dolores– una carta titulada “Denuncia a mi pueblo sus delitos”, dirigida tanto a los habitantes de la región como a las autoridades responsables de mantener el orden.

“Como Pastor –comenzó explicando Cristóbal Ascencio García– me veo en la necesidad de levantar la voz para denunciar esta realidad que lacera la vida de todos los días, lastimando a nuestra sociedad, a las familias y a cada persona, en las raíces más profundas de su dignidad de hijos de Dios y hermanos”.

La máquina sigue actuando

En el texto, difundido por la Conferencia del Episcopado Mexicano, Ascencio García lamentó que “la máquina destructora de la paz siga actuando” en algunos municipios de Michoacán. Detalló que uno de los hechos más lamentables ocurrió en la comunidad de San José de Chila, municipio de Apatzingán, el 19 de marzo pasado, cuando los habitantes fueron víctimas de violentos enfrentamientos entre grupos del crimen organizado.

“Una de las consecuencias lamentables –aseguró–, misma que causó más indignación (del pueblo) fue que las instalaciones del templo y la casa parroquial fueron escenario del enfrentamientos de estos grupos contrarios, dejando las huellas de la violencia en todo el edificio de dicha parroquia, además del saqueo del que fue objeto”.

Señala que después de estos hechos, “la violencia no ha parado, siguen los enfrentamientos en diferentes comunidades, causando pánico y haciendo que muchos de los habitantes se conviertan en desplazados; algunas de estas pequeñas comunidades se han quedado prácticamente sin familias, y dentro de un mismo municipio las personas no pueden ir de una comunidad a otra”, denunció.

Asumir la propia responsabilidad

Sin embargo, Cristóbal Ascencio García considera que todo lo que está ocurriendo “es un llamado de parte de Dios a que cada uno asuma su responsabilidad, como ciudadano, pero sobre todo, a quienes son responsables de cuidar la seguridad de la comunidad”.

“Estos delitos y pecados que claman al cielo, y no son escuchados con frecuencia por quienes deberían procurar seguridad, deben ser denunciados (…) hago un llamado urgente, especialmente a las autoridades, que tienen como tarea primordial procurar las condiciones de seguridad, a poner todo el empeño y los medios necesarios para que se vayan dando las condiciones de seguridad necesarias, donde estos acontecimientos no se repitan más, y  que nos puedan llevar a vivir en la paz que tanto deseamos para nuestra Tierra Caliente”.

Finalmente, al dirigirse a los fieles, recordó: “Dios es Dios de vida y no de muerte, y ha venido a habitar entre nosotros para destruir el pecado y la muerte que eclipsan nuestro ser persona e hijos de Dios, nos hacen enfrentarnos, lastimarnos y también ignorarnos”, e invitó al pueblo creyente a vivir con autenticidad su fe y convertirse en instrumentos de paz.

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