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Especialistas proponen un cambio de objetivo económico: no producir más, sino distribuir mejor

  • El recién constituido Foro Creyente de Pensamiento Ético-económico pubica ‘Repensar el objetivo económico’
  • Proponen que el crecimiento económico sirva para “que todos tengan más, y de forma especial los más pobres”

tienda de campaña en la calle sin techo pobreza

¿Crece la economía? Sí. A nivel mundial, el PIB se ha casi triplicado en los últimos 60 años. Sin embargo, hay cada vez más pobres. ¿Qué pasa con esa contradicción? Que producir más no significa estar mejor, ni que aumente el estado del bienestar; las cifras macroeconómicas no tienen correspondencia con las economías individuales.

Y por eso un grupo de expertos plantea si no deberíamos cambiar el objetivo económico de nuestras sociedades, y centrarnos no ya en la producción, sino en la distribución de los bienes y servicios, para garantizar no “que haya más” sino “que haya para todos”.

El Foro Creyente de Pensamiento Ético-económico es una entidad que acaba de constituirse, formado por un grupo de profesionales y académicos preocupados por la dimensión ética de la economía y cuyo pensamiento se inspira en el humanismo cristiano y en la Doctrina Social de la Iglesia.

Acaban de elaborar su primer documento, ‘Repensar el objetivo económico’, en el que reflexionan sobre eso precisamente: “Si el fin económico que perseguimos en la actualidad ayuda realmente a que nuestro quehacer económico sirva a la humanidad potenciando a las personas”. ¿La medida? “Poner en el centro del debate a la persona supone plantearse si la dirección que tiene la economía es la adecuada”, escriben.



Los que menos tienen

A lo largo de 21 páginas, van argumentando acerca del crecimiento económico de las sociedades, el reparto de los bienes y servicios, el cuidado de la creación, el concepto del bienestar, los altos índices de pobreza y desigualdad que todavía existen…

Y al final de su análisis, concluyen que el objetivo económico de las sociedades no debería centrarse tanto en el crecimiento, sino en “garantizar que todas las personas tengan unos ingresos mínimos dignos”, es decir, “pasar de ‘tener más entre todos’ a ‘que todos tengan al menos lo suficiente’”. Es más una cuestión de distribución que de producción.

“Lo importante es que el crecimiento repercuta en que todos tengan más, y de forma especial los que menos tienen, los más pobres. De lo contrario, la realidad es que crecemos, sí, pero también crecen, al mismo tiempo, las desigualdades”, asegura el Foro.

Un cambio de mentalidad

“Nuestra propuesta –dice Enrique Lluch Frechina, portavoz del Foro– es desarrollar un sistema económico que no necesite redistribuir la riqueza para luchar contra la desigualdad, sino que sea el propio sistema el que genere ganancias de una forma equitativa”.

Este cambio de paradigma que propone el Foro supone un cambio de mentalidad y de estructuras: “Más allá de introducir la nueva meta de la economía en la organización económica global –se lee en el documento–, el debate debe centrarse en el funcionamiento de las distintas instituciones y ver cómo estas pueden colaborar y contribuir al acercamiento de toda la sociedad hacia esa dirección diferente”.

“Replantearse el funcionamiento de todas las estructuras e instituciones económicas, repensar cómo están cumpliendo su labor de estar al servicio de que todas las personas presentes y futuras alcancen un nivel económico básico que les permita vivir con dignidad, es clave para que este propósito no se quede en una simple declaración de intenciones”, concluyen.

El Foro Creyente de Pensamiento Ético-económico está formado por: Luis Ayala Cañón (Universidad Rey Juan Carlos), Jesús Pérez Mayo (Universidad de Extremadura), Pedro José Gómez Serrano (Universidad Complutense de Madrid), Rafael Allepuz Capdevila (Universitat de Lleida), José Luis Fernández Fernández (Universidad Pontificia Comillas), Teresa Compte Grau (Universidad Pontificia de Salamanca), Agustín Domingo Moratalla (Universitat de Valencia y Universidad Internacional Menéndez Pelayo), Bernardo Pérez Andreo (Instituto Teológico de Murcia), Javier Viciano Pastor (Universidad Internacional de Valencia y Universidad de Valencia) y Martín Carbajo Núñez (Pontificia Università Antonianum y Universidad de San Diego).

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