Francisco a los obispos colombianos: “La paz exige de los hombres un coraje moral diverso”

  • En su encuentro con el Episcopado, respalda la labor de los prelados en el proceso de paz pidiéndoles serenidad: “Me sale darles ánimo: Anímense a no cansarse de hacer de sus Iglesias un vientre de luz”
  • Junto a la llamada a la reconciliación, les propone proteger a los jóvenes del narcotráfico y respaldar a los indígenas de la Amazonía
  • Discurso íntegro del Papa a los obispos

El Papa Francisco, ante los obispos colombianos en Bogotá

En el Palacio Arzobispal, el papa Francisco se reunió con los obispos colombianos. Lo saludaron en nombre de los prelados del país el cardenal Rubén Salazar y el presidente de la Conferencia Episcopal Colombiana, Óscar Urbina, arzobispo de Villavicencio. El Papa saludó a la manera del Resucitado: “La paz esté con ustedes”. Agradeció la bienvenida y manifestó su alegría por estar en Colombia.

Dio particular importancia, al inicio de sus palabras, a los obispos eméritos, a quienes pidió sostener con su oración a la Iglesia. Destacó en el pueblo colombiano “el indomable coraje de resistir a la muerte, anunciada y sembrada”. Pidió acoger sus palabras en relación de continuidad con el magisterio de los papas que han visitado a Colombia en el pasado, Pablo VI y Juan Pablo II.

En su discurso, llamó a los obispos “custodios y sacramentos” del primer paso dado por Dios, ese salir al encuentro de la humanidad que subyace a la historia de salvación. “Dios siempre nos primerea, exiliado de sí por amor”. He ahí uno de los desafíos planteados por el Papa para la Iglesia Católica colombiana: salir, no tener miedo de perderse, hallar en Cristo la brújula. No temer empobrecerse en la entrega, sin otra fuerza que el amor.

“No enmudezcan la voz de aquel que los han llamado”, añadió. El Obispo de Roma pidió al colegio episcopal colombiano no ceder a los halagos de los poderosos de turno; no ser una casta de funcionarios con la mirada exclusivamente en el presente. Invitó a los prelados saber aprovechar y enriquecerse con la diversidad característica de la Iglesia colombiana; y buscar la comunón a través del diálogo franco y fraterno.  Sus palabras fueron un ejemplo de ello: “No se contenten con un mediocre compromiso mínimo”, les dijo. Llamó la atención sobre la necesidad de una mayor valoración de las raíces afrocolombianas que nutren la vida eclesial. Pidió tocar la carne del cuerpo de Cristo en la carne herida de la historia de la gente.

La mirada episcopal

“Colombia tiene necesidad de vuestra mirada”, dijo a los obispos, retándolos a contribuir para que en Colombia sea abandonada la violencia como método, para que se superen las desigualdades y se renuncie a la corrupción. “La paz exige de los hombres un coraje moral diverso”, reflexionó frente a los prelados. “Me sale darles ánimo: anímense a no cansarse de hacer de sus Iglesias un vientre de luz”. Citó por segunda vez en su viaje apostólico a Gabriel García Márquez para decir que la guerra degrada al ser humano.

De manera enfática, mirándolos a los ojos, dijo a los obispos que los animaba a no tener miedo y considerar la particularidad de su misión: “Ustedes no son técnicos ni políticos; son pastores”. Recomendó a los prelados no hacer alianzas con uno u otro lado en una sociedad polarizada a costa de la libertad para pronunciar la palabra que el país necesita de parte de la Iglesia.

Cuestionó la neutralidad de quienes no eligen y se quedan en la soledad de sí mismos: “Conserven la serenidad”, les pidió a los obispos. Y lo repitió, subrayando la idea, con la mirada sobre ellos: “El momento les exige más serenidad”. Luego de referirse a los jóvenes, al clero y a la Vida Consagrada, dio particular relevancia a la Amazonia.

Pidió a los obispos de Colombia cuidar su bioma; aprender de los pueblos indígenas locales que conciben la sacralidad de la vida, el respeto por la naturaleza en atención a un territorio hoy expuesto a la depredación del interés extranjero. Aludiendo a una expresión indígena para la palabra amigo, pidió a los obispos ser “el otro brazo” de la Amazonia. “Colombia no la puede amputar sin ser mutilada en su rostro y su alma”.

La jornada de la mañana

Horas atrás, luego de su encuentro con las autoridades, el papa Francisco se había dirigido a la Plaza de Bolívar, para su primer encuentro multitudinario con la juventud. Entre la muchedumbre, personas llegadas desde diversos países. En el atrio de la Catedral Primada recibió de Enrique Peñalosa, alcalde de Bogotá, la llave de la ciudad, una talla en madera.

Entró a la Catedral Primada para rezar frente a la imagen de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, uno de los signos más importantes del catolicismo colombiano. Frente al cuadro guardó silencio por varios minutos. Dirigió una oración, antes de otro momento de contemplación. Cabe recordar la importancia que el Papa reconoce a la religiosidad popular, “una manera legítima de vivir la fe, un modo de sentirse parte de la Iglesia y una forma de ser misioneros”, según escribió en Evangelii Gaudium.

Firmó el libro de visitantes ilustres e ingresó por una puerta lateral de la catedral al Palacio Arzobispal. Desde un balcón del edificio se dirigió a la muchedumbre, antes del encuentro con la Conferencia Episcopal.

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