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‘La Iglesia del futuro’


Una obra de John L. Allen, Jr. (San Pablo). La recensión es de Jesús Martínez Gordo

La Iglesia del futuro, libro de John L. Allen, San Pablo

Título: La Iglesia del futuro. Diez tendencias que están revolucionando la Iglesia católica

Autor: John L. Allen, Jr.

Editorial: San Pablo

Ciudad: Madrid, 2016

Páginas: 672

JESÚS MARTÍNEZ GORDO | John L. Allen, Jr., corresponsal del National Catholic Reporter y analista vaticano de la CNN y de la National Public Radio, examina en el presente libro diez tendencias de la Iglesia del futuro: su implantación mundial; el creciente y, al parecer, imparable papel de lo que denomina el “catolicismo evangélico”, es decir, de la comprensión del mismo forjada en los pontificados de Juan Pablo II y Benedicto XVI; la irrupción del islam; los problemas demográficos; el papel, cada día más relevante, de los laicos; la revolución biotecnológica; la globalización; la ecología; la multipolaridad y, finalmente, la aparición, y creciente influencia, del pentecostalismo.

Cada una de estas tendencias es sometida a una triple consideración: primero, descriptiva (qué está sucediendo); luego, interpretativa (qué significan los datos, diagnósticos, valoraciones y debates que van apareciendo); y, finalmente, conclusiva, en la que se ensayan cuatro clases de consecuencias para lo que resta de siglo XXI y que el autor tipifica como “casi seguras”, “probables”, “posibles” y “poco probables”. El lector se va a encontrar con una rica y, casi siempre, ajustada información sobre cada una de las tendencias expuestas. Y con sugerentes propuestas que, a veces, pueden parecer provocadoras.

Libro, por tanto, original y de lectura totalmente recomendable, porque, además, permite disfrutar de un ágil estilo narrativo; algo todavía no muy usual por estos lares, al menos, cuando se escribe sobre sociología religiosa y teología.

El elenco de las valoraciones que activa esta obra podría ser interminable. Volviendo a ojearla, constato que son pocas las páginas que se han quedado sin comentarios personales al margen, algo así como si hubiera mantenido un diálogo directo con el autor. Son muchos los párrafos en los que le aplaudo, no faltando otros en los que marco mis distancias. Particularmente, cuando entiendo que se queda corto o que se extralimita formulando hipótesis sobre el futuro. Abundan las notas en las que celebro su valiosa información y también en las que le critico porque me parece que incurre en una cierta artificiosidad y puede que superficialidad. No faltan otras en las que percibo un tratamiento riguroso sobre el significado de algunas de las tendencias estudiadas, ni tampoco ocasiones en las que anoto que parece estar “tocando de oído”.

Concretamente, retengo como muy positiva su apuesta (y ejercicio) por escribir primando la perspectiva “católica”. El autor entiende por tal “la pasión por la síntesis” o por el “equilibrio”. En el fondo y en la forma, es la famosa “y” que tan nervioso ponía a Karl Barth cuando dialogaba con los católicos: siempre que se les propone una cuestión de debate, solía criticar el teólogo calvinista, añaden una “y”. Así, por ejemplo, la propuesta de estudiar el Jesús histórico la complementan (“y”) con la necesidad de tener también presente al Cristo de la fe. Desde entonces, es lugar común entender la perspectiva “católica” como articulación (“síntesis”) de lo diferente y, por ello, complementario; algo que no anula las legítimas acentuaciones ni tampoco evita los correspondientes riesgos. Al activarla, John. L. Allen, Jr. dota a este libro de una singularidad muy poco común. Es lo mejor de su aportación.

Apuesta cuestionable

Cuestionable es, sin embargo, su apuesta –no confesada, pero perceptible en el transcurso de la lectura de estas páginas– por el “catolicismo evangélico”. Es indudable que el catolicismo es portador de una Buena Noticia que ha de seguir anunciando para que el mundo pueda avanzar como lo ha hecho en los dos mil años transcurridos desde el nacimiento de Jesús en Belén. Pero esta se puede proponer, como lo han ensayado Juan Pablo II y Benedicto XVI, sin bajar la guardia con “la dictadura relativista”, ya sea moral o veritativa, o con entrañas de misericordia y, por tanto, estando más pronto a acompañar, acoger, discernir y, cuando se solicite, integrar, que a condenar sin contemplaciones.

Es el primado de la bondad sobre la verdad, la identidad, lo “pentecostal” y lo “carismático” que ha traído Francisco. Algo muy diferente de lo ensayado en los cuatro últimos decenios. Es evidente que el libro no ha contemplado esta posibilidad, que ha sido la que, al menos de momento, ha acabado felizmente irrumpiendo. Esta última es una consideración que, a la vez que invita a tomarse con muchas cautelas casi todas las previsiones, no tiene dificultad alguna en reconocer el lúcido coraje –para nada usual– del que hace gala el autor a lo largo de estas páginas.

Publicado en el número 3.023 de Vida Nueva. Ver sumario

Actualizado
10/02/2017 | 00:10
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