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Una experiencia eclesial de anuncio de Jesucristo

La Cruz de la JMJ, en un centro jesuita

ELÍAS ROYÓN, SJ, presidente de CONFER | La Vida Religiosa no podía permanecer ajena a este gran evento de la Iglesia Universal como es la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ); así lo comprendió desde su inicio, participando en anteriores ediciones; y tiene muchas razones para ello: la Vida Religiosa es Iglesia, y la misión con la juventud, un aspecto importantísimo de su razón de ser; muchas de las congregaciones religiosas tienen como carisma peculiar la juventud. Se siente, pues, interpelada por un evento que es fundamentalmente “una expresión de la Iglesia universal” y “un instrumento de evangelización para los jóvenes”.

La Vida Religiosa tiene un carácter eminentemente universal y cada congregación e instituto religioso aporta esta dimensión católica a los jóvenes que acompañan en este peregrinar, desde diversos países hacia la JMJ de Madrid.

Les acompañan, desde su propia espiritualidad, a compartir experiencias de vida y de fe, a construir puentes de fraternidad y esperanza entre los pueblos y entre las culturas; una ocasión privilegiada para escuchar a esta Iglesia joven y acoger los desafíos de futuro que plantea.

De su presencia entre los jóvenes, estos podrán contagiarse de su testimonio de vida y preguntarse si es ese un camino posible para sus vidas. La Vida Religiosa, por su parte, aprende a abrirse a la esperanza, consciente de que, junto con la Iglesia y la sociedad, necesita una “renovada juventud del Espíritu”.

No son los números los que deberían medir el mayor o menor éxito de la Jornada. Es, ante todo, un anuncio de Jesucristo y, por eso, un instrumento de evangelización para los jóvenes; posiblemente también para los no tan jóvenes; un viento de espíritu para que la comunidad cristiana se arraigue y edifique en Jesucristo.

Un camino exterior e interior, como ha dicho Benedicto XVI, para que los jóvenes no sean simplemente evangelizados, sino para que ellos se transformen en protagonistas de la evangelización, anunciadores de la esperanza para un mundo tan necesitado de ella: Jesucristo y su evangelio. Este peregrinar interior es lo que nos debe importar, un fruto evangélico, y no titulares para los medios. Y, terminado el evento, una reflexión pastoral sobre la perseverancia y profundización de esta evangelización.

Consciente de la importancia eclesial de la JMJ, la Vida Religiosa se ha hecho presente también, desde el primer momento, poniendo a disposición de la organización, en Madrid y en las diversas diócesis, estructuras para la acogida de los jóvenes, espacios para impartir catequesis, colegios, escuelas, polideportivos, casas de ejercicios, colegios mayores…

Muchas congregaciones, y la misma CONFER, han organizado exposiciones, encuentros, festivales y eventos culturales integrados en el programa oficial de la JMJ. Una colaboración generosa y necesaria que ha sido valorada por sus organizadores.

En el nº 2.764 de Vida Nueva.

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ESPECIAL JMJ 2011 MADRID en VidaNueva.es

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