Ser puentes y no muros

LEANDRO SEQUEIROS. CÓRDOBA | En los últimos números de Vida Nueva he percibido una cierta sensación de nostalgia de otros tiempos que se nos antojan mejores. Es verdad que la marcha de este mundo, de España y de la Iglesia no es la que a muchos nos gustaría. Pero, al leer algunos de los artículos y de los Pliegos me ha parecido “oler” a tristeza y a nostalgia.

Tal vez sea necesario vivir, dentro de cada uno, una espiritualidad de ojos abiertos, de esperanza. Bajo nuestros pies, el mundo cambia muy aprisa y no podemos quedarnos en la restauración del pasado, sino en la gozosa espera de lo nuevo.

Es más, creo vislumbrar que algunos de los comentarios rezuman un cierto licor amargo: algo así como un sentirse acosados. Puede ser que algo de esto haya. Pero hemos de tener claro que la tentación de amurallarse, blindarse y defenderse no es sana.

Tal y como ha nos ha repetido el papa Francisco, los cristianos hemos de ser puentes entre culturas, religiones y filosofías, y no muros, baluartes defensivos. No considero que sea bueno acorazarse, sino enternecerse.

En el nº 2.856 de Vida Nueva

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