Necesidad de esperanza

JESÚS D. MEZ (GIRONA) | La percepción de que no salimos de la crisis, de la creciente desigualdad y el martilleo constante de los casos de corrupción son importantes, pero no son los únicos motivos de la crítica popular. El descontento está adquiriendo una peligrosa forma política que pone en duda el futuro de nuestro sistema de convivencia.

La pregunta es si estamos a tiempo, entre todos, de dar un giro a un clima social teñido de fatalismo e introducir la esperanza de una obligada regeneración de la clase dirigente. La sociedad española necesita con urgencia un horizonte de esperanza. Hay soluciones fáciles que no lo son, aunque lo parezcan.

En el nº 2.918 de Vida Nueva

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