Lugares para el encuentro

Sebastià Taltavull, obispo auxiliar de Barcelona SEBASTIÀ TALTAVULL ANGLADA | Obispo auxiliar de Barcelona

Tantas veces que hablamos de ir a evangelizar, y quizá no adivinamos la salida si solo damos vueltas a la misma rotonda. Jesús se mueve por la sinagoga, la calle, casas particulares, también se retira a orar a lugares solitarios. A Jesús se le localiza allí donde está la gente. Cualquier lugar es apto para el encuentro con Dios, también en verano y en vacaciones, cuando el medio natural hace que respiremos belleza y gratuidad. Nos pide que descubramos el espacio en el que Dios se hace encontradizo.

Uno se pregunta ¿dónde? Una casa, una escalera, la barra de un bar, la escuela, la calle, el instituto, la universidad, el autobús, el metro, el tren, el avión, un paseo por el campo, la visita a un enfermo, una tienda, una farmacia, una fábrica, la mesa del comedor, la puerta de la iglesia, el despacho parroquial, la capilla del Santísimo, la prisión, un hospital, el mercado, la ciudad y sus periferias, y tantos otros. Son los lugares que frecuentaría Jesús, allí donde quiere encontrarse con la gente a través de nosotros.

Todos los espacios son válidos y, a partir de este momento decisivo, todos tenemos acceso a Dios. Por este motivo, no necesitamos privilegios para anunciar el Evangelio ni ceder al chantaje de una libertad condicionada; el vasto mundo secular es la Galilea donde encontrarnos con Él y darlo a conocer.

Y en esos lugares, ¿qué hace Jesús? Busca, toma la iniciativa, enseña, cura, perdona, acompaña, va de un lugar a otro, ora. Va a buscar a las ovejas perdidas, vela por los más pobres y enfermos, acoge a los inmigrantes e integra a los descartados, sabe perder tiempo con las personas, escucha, acompaña, ayuda, ama hasta dar la vida, allí donde están. Jesús ha dicho “¡id!”, nunca dijo “esperad a que vengan”. Vayamos, y seguro que lo encontramos.

En el nº 2.951 de Vida Nueva.

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