Francamente agradecida a Vida Nueva

MAGDALEN BATURONE, I.B.V.M. (MADRID) | Leí el número 3.000 de Vida Nueva y estoy, francamente, muy agradecida por el trabajo hecho por ese equipo. Si no fuera suscriptora desde hace mucho tiempo, me haría ahora. [Así son los lectores de ‘Vida Nueva’, a través del tiempo y la distancia]

Recorréis un largo trayecto de la historia, nombráis a personajes que la hicieron desde distintos y variados ámbitos. Monseñor Montero, el inolvidable Martín Descalzo… Recuerdo, siendo muy joven y junto con otras, beber en sus amenas, interesantes y realistas crónicas del Vaticano II. O Cabodevilla, el simpático Javierre… Sería una lista interminable. O las plumas que hoy contribuyen a hacer interesante la evolución y nunca añeja Vida Nueva: Pagola, P. d’Ors, el embajador Vázquez y un largo etcétera donde entra todo el equipo.

Este no será el único correo de agradecimiento por el número 3.000. Algunas “gracias” volarán desde la verdadera Vida Nueva porque ya el Padre vino a por ellas. Pero también, o más aún, sienten la alegría por el bien hecho.

Publicado en el nº 3.002 de Vida Nueva. Ver sumario

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