Es el amor el que salva

JAUME CATALÁN DÍAZ (GIRONA) | Un domingo, Francisco se asomó al balcón del Palacio Apostólico para el tradicional rezo del Angelus, antes del cual dirigió una reflexión sobre el pasaje evangélico del Hijo Pródigo. Dijo que “solo el amor llena los vacíos, los abismos negativos que el mal abre en el corazón y en la historia”.

Porque “Jesús es todo misericordia y cada uno de nosotros es esa oveja perdida; cada uno de nosotros es ese hijo que ha desperdiciado su propia libertad siguiendo ídolos falsos, espejismos de felicidad, y lo ha perdido todo”.

Porque, “si en nuestro corazón no hay misericordia, la alegría del perdón, no estamos en comunión con Dios, incluso si observamos todos los preceptos; porque es el amor el que salva, no la sola práctica de los preceptos. Es el amor por Dios y por el prójimo lo que da cumplimiento a todos los mandamientos”.

Francisco recomendó no vivir según la ley del ojo por ojo, porque jamás se sale de la espiral del mal. “El Maligno es astuto, y nos hace creer que con nuestra justicia humana podemos salvarnos y salvar al mundo, cuando el acto supremo de justicia es precisamente también el acto supremo de misericordia”.

Finalmente, comprometió a todos a rezar “por con quienes estamos enojados y no queremos”. Invitó a pensar en “esa persona”, y rogó a todos los oyentes rezar por sus enemigos, con quienes pidió tener misericordia siempre. Todo un ejemplo.

En el nº 2.866 de Vida Nueva

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