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Despedir el pesimismo

Junkal Guevara, biblistaJUNKAL GUEVARA | Biblista, profesora adjunta al Departamento de Sagrada Escritura de la Facultad de Teología de Granada

“Confesemos la alegría de creer en Cristo y empeñar la vida por quien solo a Dios se sometió…”.

Terminando este annus horribilis de recorte y sufrimiento, me rescatan del desánimo circundante unos versos de Benedetti: “Ya sos mayor de edad, tengo que despedirte, pesimismo”. Cerrando 2012, pienso que ha tenido de todo, como suele pasar siempre.

Como creyente, me interpela el Año de la fe, la oportunidad de hacer una consideración de lo que significa en mi vida. La fe, como la salud, parece “presupuesto obvio de la vida común” (Benedicto XVI). O eso creemos. Solo cuando vienen mal dadas, o cuando alguien, en este caso el Papa, te provoca para que des razones de ella, a ti mismo y a los otros, nace la necesidad de “tomarla en peso”.

Como religiosa, quiero recordar la compleja realidad de la Vida Religiosa (VR) femenina de los Estados Unidos, que he podido conocer durante mi estancia allí el verano pasado. Esa complejidad me ha desafiado porque invita a las mujeres de la VR a pensar nuestra identidad –que incluye también el género– en la Iglesia del siglo XXI.

Como ciudadana de este país, “recortes” y “desahucios” vienen a mi memoria y me urgen a la solidaridad, a la reflexión sobre la idea del drecrecimiento y a una búsqueda, la de un sistema con condiciones para que en él podamos vivir todos.

De todo lo ocurrido fuera de las fronteras personales y nacionales, recuerdo con preocupación la situación política de los países que vivieron aquello que se llamó la primavera árabe. La plaza Tahrir no se ha desocupado; en Libia ha muerto el embajador norteamericano; y en Túnez, sus ciudadanos denuncian el rebrote de la corrupción.

Por último, como mujer, sigo asustada por el éxito de las novelas de E. L. James, en las que la sumisión y la rendición incondicional a otro, a un varón, se cree la clave de su redención y la oportunidad para establecer relaciones interpersonales fecundas.

Pero si el lugar de la VR sigue siendo el desierto, la periferia y la frontera, convencida de que “se acerca nuestra liberación” (Lc 21, 28), invito a despedir el pesimismo, y saludar como oportunidades para fortalecer el seguimiento de Jesús, todos estos acontecimientos para que, atravesando “la puerta de la fe”, sean ocasión para vivir comprometidamente.

Confesemos la alegría de creer en Cristo y empeñar la vida por quien solo a Dios se sometió, y no tomándonos por desahuciados, nos redimió desde abajo; celebremos una liturgia que no recorte la esperanza que el triunfo de la vida en la resurrección de Cristo nos trae. Y testimoniemos nuestra fe recordando que “la nueva evangelización deberá mostrar que la diaconía de la fe está íntimamente unida a la diaconía de la caridad” (E. Royón).

En el nº 2.829 de Vida Nueva.

NÚMERO ESPECIAL NAVIDAD–FIN DE AÑO 2012

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