Del miedo a la alegría

Ginés García Beltrán, obispo de Guadix-BazaGINÉS GARCÍA BELTRÁN | Obispo de Guadix-Baza

Poderoso es el mecanismo del miedo que nos paraliza y nos encierra en nosotros mismos. Es la experiencia de aquellos primeros discípulos que estaban con las puertas cerradas porque tenían miedo a los judíos. La experiencia de la Pascua no los había sacado de una visión empobrecida de la historia que ellos mismos habían vivido con el Maestro de Nazaret.

El miedo no pasa de moda, sigue presente entre nosotros. Es el que genera tantas soledades, tantos sinsentidos. Los avances científicos y técnicos no han podido borrar la huella de la fragilidad de la condición humana, que nos humilla y desespera. La violencia que azota nuestras casas y ciudades nos entristece al comprobar que las conquistas del mundo moderno no son tan sólidas como creíamos. ¿Qué ha pasado para que esto falle, para que esto que hemos construido se pueda venir abajo?

El Evangelio nos dice que los discípulos se llenaron de alegría. El gozo los embargó de tal modo que ya no fueron capaces de vivir con las puertas cerradas. Era imposible vivir encerrados, sin comunicar a todos la experiencia de un nuevo renacer.

¿Qué había pasado? Sencillamente, que vieron al Señor. Que lo sintieron vivo y presente en sus vidas. No era ya lo que otros les habían contado, sino lo que ellos habían visto y oído. Pasaron del miedo paralizante a la alegría desbordante. Se convirtieron en testigos del Resucitado.

Este es el mensaje de la Pascua, así de sencillo. El que no se impone a la fuerza, porque su fuerza está en el amor de un Dios que entiende la vida como don y como entrega. La Pascua nos enseña que no podemos construir una sociedad cerrada y encerrada, sino que estamos llamados a vivir y hacer un mundo marcado por la alegría, un mundo con corazón.

En el nº 2.983 de Vida Nueva

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