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Cien años de la revista ‘Sal Terrae’

P. Remigio Vilariño, SJ, fundador de revista Sal Terrae

100 años de la revista Sal Terrae número antiguo

MANUEL REVUELTA GONZÁLEZ | Una revista que cumple cien años es un monumento cultural. La historia de Sal Terrae (ST) se puede dividir en dos grandes períodos, antes y después del Concilio Vaticano II. [Cien años de la revista ‘Sal Terrae’ – Extracto]

La ST tradicional (1912-1962)

Desde su fundación en 1912 hasta la apertura del Concilio en 1962, transcurre medio siglo en el que la revista conserva unos rasgos peculiares que se notan en la uniformidad de los lectores (sacerdotes) y autores (jesuitas), en el carácter práctico de los contenidos y en la orientación tradicional con que estos se trataban, sin el menor asomo de crítica a las directrices de la jerarquía.

Manuel Revuelta González

M. Revuelta

El P. Remigio Vilariño fundó la revista como un complemento del Mensajero del Corazón de Jesús para atender a los sacerdotes necesitados de orientación pastoral.

La revista pasa por tres etapas en sus primeros cincuenta años.

  • 1º. Dos décadas tranquilas (1912-1931), en las que adquiere solidez desde que se adscribe a la Universidad de Comillas en 1919.
  • 2º. Seis años de inquietudes durante la República. La revista informaba entonces sobre la legislación laicista y las respuestas vehementes de los obispos. En agosto de 1936, el seminario de Comillas fue desalojado y ST dejó de publicarse hasta enero de 1938. Entre los ocho jesuitas mártires, uno de ellos, el P. Olegario Corral, había sido uno de los puntales de la revista.
  • 3º. Los años de continuismo franquista bajo el pontificado del admirado Pío XII. En ST empieza a escribir la segunda generación de profesores comilleses. El entusiasmo religioso se acentúa con la propaganda de las grandes celebraciones, como el Año Santo de 1950, el Congreso Eucarístico de Barcelona en 1952, el Año Mariano de 1954 y el Ignaciano de 1956. El fervor patriótico culmina en el Concordato de 1953, “obra gloriosa que debe llenar de satisfacción a todos los buenos españoles”, como decía el P. Regatillo en la revista.

Acaso el rasgo más significativo de ST en su primer medio siglo era el carácter eminentemente práctico de las orientaciones pastorales. Las secciones más leídas eran la predicación y las consultas. Tan importante era la oferta de sermones que, desde 1953, por iniciativa del P. Saturnino Junquera, se publicaron con paginación propia, hasta que, en 1961, se desgajaron dos revistas independientes: Homilética y Catequética.

P. Remigio Vilariño, SJ, fundador de revista Sal Terrae

P. Remigio Vilariño, SJ, fundador de la revista 'Sal Terrae'

Otra sección muy estimada era la de las consultas que planteaban los sacerdotes, a los que el P. Fernández Regatillo respondía con sabiduría y humanidad. Él mismo calculaba, al final de su vida, que había contestado a unas 40.000 consultas, de las que unas 5.000 habían sido publicadas en ST. Al cumplir las Bodas de Oro en 1962, la revista recibió grandes elogios de 45 obispos.

La ST renovada (1963-2012)

Desde el año 1963 hasta ahora, se puede hablar de una revista renovada, en dos etapas sucesivas.

Primera, la Transición (1963-1978). Fueron quince años muy movidos, que coinciden con los últimos años del franquismo y la transición democrática. Las orientaciones de ST en ese tiempo se desarrollan en una doble línea: la asimilación del espíritu del Concilio y la colaboración en la implantación del régimen democrático. El P. José María Martín Patino fue director durante los años 1966 y 1967. Lo sustituyó el P. Joaquín Losada hasta finales de 1978.

La revista informó con esmero a sus lectores sobre la preparación, desarrollo y contenido del Concilio. Tan pronto como Juan XXIII anunció la convocatoria del Concilio, los padres Salaverri y Santos explicaron el significado del mismo. Pero habrá que esperar a los años 1964 y 1965, cuando empiezan a conocerse los decretos conciliares, para que la revista los convierta en su tema estrella.

El P. Ignacio Iparraguirre escribía desde Roma crónicas clarividentes sin disimular los problemas. Los lectores quedaron bien informados de los mensajes y reformas conciliares. La liturgia, el misterio de la Iglesia, la revelación, la libertad religiosa y otros temas fueron explicados en excelentes comentarios.

La transición democrática tuvo una preparación y un desarrollo que culminó en la Constitución de 1978. En los últimos años del régimen de Franco aparecieron artículos que reflejaban el desenganche de la Iglesia del régimen. Uno de los signos más reveladores fue la Asamblea Conjunta de Obispos y Sacerdotes, en 1971. Joaquín Losada publicó un comentario importante sobre aquella asamblea: “Una cala en la conciencia cristiana de la sociedad española”, “un gesto de esperanza y de serena fuerza”.

En el cambio de siglo y milenio,
la renovación de la revista aparece en
las directrices de los nuevos dirigentes
y los enfoques de los temas pastorales.
En los últimos años abundan
los autores seglares y las mujeres.

Segunda: La renovación en los años del cambio de siglo y de milenio. La renovación de la revista aparece en las directrices de los nuevos dirigentes y en los enfoques de los temas pastorales.

Después de Joaquín Losada, los directores de la revista han sido Alfonso Álvarez Bolado (1979-85), José Antonio García (1986-2001) y Enrique Sanz Giménez-Rico (2001-2012), al que va a suceder el P. Abel Toraño. Desde 1974, la influencia de los miembros de los consejos de redacción fue decisiva. La dirección colegiada se notó en la selección de temas y de autores. Cada número se dedicó a un tema monográfico que, a menudo, se completaba con testimonios de experiencias personales.

La elección de temas exigía la selección de autores. La colaboración de los profesores de Comillas siguió siendo abundante, pero no exclusiva. Junto a los teólogos colaboraban, cada vez más, filósofos, literatos, pedagogos, sociólogos, juristas y, sobre todo, psicólogos.

En los últimos años abundan los autores seglares y las mujeres. En las cubiertas de la revista aparece la interesante lista de unos veinte “colaboradores habituales”, nombres muy representativos todos ellos. A estos escritores “de tabla” hay que añadir no pocos escritores ocasionales.

La renovación de los temas pastorales se manifiesta en tres aspectos:

  • 1º. Una visión realista del mundo actual.

La realidad del mundo va unida, en muchos artículos, a la conciencia del cambio. Preocupa la crisis posconciliar de los años setenta y la transformación de España durante la década de los ochenta. En el año 1982, cuando asumió el poder el Gobierno socialista, la revista publicó un número monográfico titulado: “Cristianos ante el cambio. Por un diálogo en zonas de fricción”. El cardenal Tarancón escribió allí un artículo sobre las “tentaciones y posibilidades del momento”, y lanzaba un consejo: “No basta acatar, hay que colaborar”.

La atención a la actualidad persiste en los años noventa, en los que no faltan alusiones a la involución en la Iglesia. La caída del Muro de Berlín no significaba la ausencia de problemas. El cambio del siglo y el nuevo milenio han suscitado reflexiones sobre los avances logrados, pero también sobre los riesgos que amenazan a una sociedad secularizada, globalizada y posmoderna.

La secularización galopante ha sustituido lo sagrado por una “nueva religiosidad” y los contrastes sociales no son menos lacerantes. Las páginas de la revista describen situaciones muy realistas, aunque, por encima de tantos desafíos, persiste siempre la esperanza cristiana.

  • 2º. Un temario de pastoral acomodado a un mundo pluralista.

La revista se propone llevar el mensaje cristiano a ese mundo tan complicado, tanto en los temas religiosos clásicos como en los análisis de los problemas de actualidad. En los últimos quince años, la revista ha seguido publicado muchos artículos estrictamente religiosos. La novedad ha estado en el tono y el enfoque, con palabras inteligibles y espíritu de comprensión y tolerancia.

eucaristía de acción de gracias en Santander por los cien años de la revista Sal Terrae

Reciente eucaristía de acción de gracias en Santander

La mayor parte de las veces son los problemas de actualidad los que han servido de argumento en muchos de sus números. Abundan los temas polémicos (sexualidad, bioética, eutanasia). Los problemas de la familia y de la educación han interesado a la revista desde sus orígenes, pero en los últimos años se ha prestado una atención especial a la mujer y a las personas marginadas.

  • 3º. La sintonía con las posiciones más abiertas del catolicismo.

La nueva revista ha sido, en ocasiones, crítica. Este criticismo moderado y ocasional se ha manifestado en varias formas. En primer lugar, en la nostalgia del Vaticano II. Otras veces, la discusión se ha centrado en temas controvertidos de eclesiología, teología y moral.

Los escritores de ST se han mostrado, en general, abiertos al movimiento ecuménico, la teología de la liberación y la defensa de la vida, sin caer en extremos esencialistas.

Conclusión

Las diferencias entre la revista tradicional y la renovada no son excluyentes, sino integradoras. La antigua ST intentó actualizarse y renovarse. La nueva ST, desde el Concilio, se renovó sin hacer tabla rasa de la tradición.

Desde 1912 hasta hoy, sigue siendo una gran revista de Teología Pastoral, y algo más. En el número 1.000 (que salió en 1997) se decía que “la revista es, al mismo tiempo, espejo en que se reflejan los problemas de una época y laboratorio de pequeñas respuestas a los mismos”. Es una revista que, hoy como siempre, desea ser lugar de paz, rincón de solidaridad, aliento de esperanza y escuela de amor a la Iglesia.

En el nº 2.803 de Vida Nueva.

 

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