Caminar, edificar, confesar

JACINTO NÚÑEZ REGODÓN, decano de la Facultad de Teología, Universidad Pontificia de Salamanca |

Cuando el cardenal protodiácono anunció quién había sido el elegido, mi primera reacción fue de desconcierto. Hasta tal punto había caído en la trampa de las quinielas, que me resultaba inexplicable que el nuevo Papa no estuviera entre los tres o cuatro candidatos aireados por los medios. A continuación, pensé en las razones por las que no había sido elegido. Me dije: no le han elegido por ser italiano, ni por ser de la Curia, ni por ser mediático.

En el reverso de esos noes estaban las razones positivas. No italiano, sino latinoamericano: no solo porque allí esté más del 40% de los católicos del mundo, sino porque aquellas latitudes están lejos de los centros de poder y de influencia del mundo. No curial, sino probablemente dotado de mayor libertad para acometer las reformas necesarias en la Curia: él mismo ha contado que algunos cardenales, a la hora de elegir nombre, le recordaron el de Adriano VI, llamado “el reformador”. No mediático ni deslumbrante, pues su fuerza está en la autenticidad de su sencillez.

Sus primeros gestos y palabras no han hecho sino confirmar aquellos pensamientos. Y así, ahora sabemos que eligió el nombre de Francisco porque el poverello de Asís le evoca el servicio a los pobres, la defensa de la paz y el cuidado de la naturaleza.

No curial, sino probablemente
dotado de mayor libertad para acometer
las reformas necesarias en la Curia:
él mismo ha contado que algunos cardenales,
a la hora de elegir nombre, le recordaron
el de Adriano VI, llamado “el reformador”.

De sus primeras palabras me quedaría, sobre todo, con las que dan título a este artículo y que él mismo pronunció en la Capilla Sixtina durante la misa de clausura del cónclave. El Papa articuló su homilía en torno a tres verbos que, en su conjunto, bien pudieran servir como programa del pontificado, sin que él tuviera, conscientemente, esa intención.

Caminar, que se dice de la vida de cada uno y también de la comunidad de creyentes que avanza en medio de la historia, pone en ejercicio la virtud de la esperanza. Edificar se refiere a la casa de Dios, que es la Iglesia, cuya piedra angular es Cristo, y cuya consistencia está animada por el ejercicio de la caridad.

Confesar, en fin, habla del testimonio de la fe, que es el que identifica a la Iglesia en medio del mundo, para gloria de Dios y servicio de los hombres.

En el nº 2.841 de Vida Nueva.

NÚMERO ESPECIAL VIDA NUEVA: NUEVO PAPA

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