Amad a vuestros enemigos

(Eduardo Cierco– Pozuelo de Alarcón, Madrid) En el número 2.650, Juan González-Anleo, catedrático de Sociología, escribe un artículo titulado “Todos somos Marta”… y Miguel”. “Todos” nos sentimos “víctimas del furor homicida de Miguel”. Y sigue González-Anleo: “A la vez, Miguel es un producto de una sociedad que hemos construido entre todos”. Estoy de completo acuerdo con González-Anleo. Pero querría añadir a lo sociológico lo evangélico.

Dice Jesús: “Os han enseñado: ojo por ojo, diente por diente. Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos para ser hijos de vuestro padre, que hace salir su sol sobre buenos y malos” (Mt 5, 38-46).

Lo mismo, casi literalmente, en Lc 6, 27-38. Puede insistirse: “Si sólo quieres a los que te quieren, ¿cuál es tu mérito? Eso también lo hacen los recaudadores”. 

Miguel es el presunto asesino de Marta. Los jueces le aplicarán el Código. Pero no es nuestro enemigo: “El altísimo hace salir su sol sobre buenos y malos”. Y la sentencia última sólo es cosa de Dios: “No juzguéis y no seréis juzgados. No condenéis y no se os condenará”. (Lc 6, 37-38). Y si tuviéramos a Miguel por nuestro enemigo: “Amad a vuestros enemigos”. 

Qué difícil, ¿no es cierto? Amar a nuestros enemigos: “Angosta es la puerta y estrecho el camino que lleva a la vida”. (Mt 7, 10). “El que no coge su cruz y me sigue…” (Mt 10, 38).

En el nº 2.654 de Vida Nueva.

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