Agradecimiento

Fernando Sebastián, arzobispo eméritoFERNANDO SEBASTIÁN | Arzobispo emérito

“Espero y pido a Dios que este nombramiento me sirva para entrar más adentro en la vida y en el misterio de la Iglesia…”.

La columna de este mes tiene que estar dedicada al agradecimiento. Han sido muchos los que me han felicitado de palabra o por escrito al enterarse de que el papa Francisco había manifestado su voluntad de nombrarme cardenal de la Iglesia de Roma.

He procurado corresponder a todos hasta donde he podido, pero seguro que se me han escapado otros muchos. Desde este rincón de la columna mensual os doy las gracias a todos, por vuestro afecto, por vuestras oraciones, por vuestra solidaridad. Me conmovió el gesto benevolente del Santo Padre, y me han conmovido también profundamente los ecos de afecto y alegría que me han llegado de los cuatro puntos cardinales. Gracias a todos. Dios os pague tanto afecto y tanta benevolencia.

Espero y pido a Dios que este nombramiento me sirva para entrar más adentro en la vida y en el misterio de la Iglesia, el misterio de nuestra comunión vital con Jesucristo, el misterio del amor del Dios invisible y cercano, que nos abraza y nos llena de vida. Colaborar más de cerca con el Papa es un don inmenso que agradezco; es colaborar con Jesucristo en la gran obra de la salvación, un honor y una responsabilidad. Confío en la ayuda del Señor y en las oraciones de cuantos me queréis bien. Gracias por todo.

En relación con el vapuleo que he recibido estos días pasados por mis declaraciones sobre la homosexualidad, solo os diré una cosa: yo no tenía intención de hablar sobre ese asunto. Fue el periodista quien me preguntó al final de la entrevista. Respondí brevemente. El resto de la entrevista ha quedado en la sombra y en el silencio.

Las críticas y las condenaciones se van por donde les parece, critican lo que yo no he dicho y no tienen en cuenta la objetividad de mis palabras. Doy gracias a Dios porque me ha conservado la cabeza clara y el corazón tranquilo. Sigo el consejo de san Pablo: “A vivir en paz nos llamó el Señor”.

En el nº 2.881 de Vida Nueva.

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