Proponer la inagotable idea del amor

(Juan Rubio– Director de Vida Nueva)

En una sociedad indiferente al cristianismo, rutinariamente hostil, cabe preguntarse: ¿qué imagen del cristianismo ofrecemos? ¿Qué lenguaje usamos para que no parezca todo tan cavernario? ¿Qué flanco hemos abandonado? Me lo pregunto escuchando voces que, aun diciendo verdades de siempre, oscurecen su belleza por su deprimente y obsoleto estilo. En nada se diferencia de la tradición apologética del XIX. Es un lenguaje a la defensiva, cargado de viejos razonamientos; un lenguaje lleno de desprecio a lo ajeno. Bien vendría sacar del arca lo valioso de la tradición cristiana para ponerlo en la palestra. Da grima ver ciertas intervenciones públicas en los medios de comunicación o en los foros culturales, tan endogámicas y tan de añejas sacristías. Conozco cristianos abochornados ante tan deprimente espectáculo y perplejos por la ausencia cristiana en el ámbito de la cultura y del pensamiento.  ¿Es que no tenemos suficiente trayectoria y vida como para proponer sin fundamentalismo en esos foros, o es que preferimos el chocolate y la mesa camilla escuchando sólo el aplauso? La respuesta la encontré en Descargo de Conciencia, de Laín Entralgo. Recién llegado él a Madrid, agonizando la Monarquía, asistió a un mitin en el Teatro Alcázar. Un orador católico de moda postulaba propuestas trasnochadas. “¿No hubiera sido más fundamental y urgente proponer la virtualidad efusiva, iluminante y envolvente, dialécticamente envolvente, de aquello que otorga nervio propio a la visión cristiana de la vida, su inagotable idea del amor?”.

Publicado en el nº 2.706 de Vida Nueva (del 8 al 14 de mayo de 2010).

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