“¿A dónde van los jesuitas?”

Jesús Sánchez Camacho, periodistaJESÚS SÁNCHEZ CAMACHO | Periodista

Martín de Azcárate se hacía esa pregunta en la sección Pliegos VN el 11 de noviembre de 1967 (VN, nº 565). Era el mismo que, bajo aquel seudónimo, publicaría años más tarde El hombre que no sabía pecar. José Luis Martín Descalzo, a veces, escribía en Vida Nueva firmando con su nombre y apellidos; a veces, determinaba permanecer en el anonimato.

¿Por qué decidió ocultar su identidad en aquel artículo? ¿Quizá porque en ciertos contextos eclesiales no se iba a entender la reforma que el general jesuita, Pedro Arrupe, venía fraguando al ahondar en la dimensión social del carisma ignaciano? ¿Quizá para evitar ser preguntado por una dictadura que temía que la Compañía asumiera la llamada del anterior prepósito, Joan B. Jansens, al compromiso social?

Mientras que la portada de aquel número plasmaba una fotografía donde Arrupe ponía sus manos sobre los hombros de un niño, el Pliego profundizaba a partir de una carta del general a los provinciales latinoamericanos. Además de hacer autocrítica, el jesuita español abonaba el terreno de la integración de la fe y la justicia, que florecería en la Congregación General 32 (1974-75).

Quienes hoy se afanan en profetizar el fin de la Compañía a tenor de unas palabras de Arturo Sosa sobre la hermenéutica bíblica, no se han detenido ante decretos de la Congregación General 36. Tampoco conocen hospitalidad.es. Un proyecto que, en efecto, “reinterpreta a Jesús”.

Publicado en el número 3.027 de Vida Nueva. Ver sumario

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