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La “Iglesia sinodal” frente a los cardenales críticos

cardenal Mario Zenari con Bashar al-Ásad presidente de Siria diciembre 2016

Sin citarlos, Francisco reivindica que ‘Amoris latitia’ nace de lo consensuado en dos sínodos

papa Francisco en el ángelus 11 diciembre 2016

El Papa bendice a la multitud en San Pedro durante el último ángelus

ANTONIO PELAYO (ROMA) | Los romanos ya saben que el 8 de diciembre tienen un cita con el Papa; ese día el Pontífice acude todos los años al centro de la capital, a la Plaza de España, para rendir un homenaje a la Inmaculada Concepción de María a los pies del monumento erigido delante de nuestra embajada ante la Santa Sede en 1857, tres años después de que Pío IX proclamase el dogma. Como en ocasiones anteriores, miles de fieles llenaron la plaza y las calles adyacentes por donde iba a pasar Bergoglio.

Minutos antes de las cuatro de la tarde, el Papa descendió de su coche y saludó efusivamente a la joven alcaldesa, Virginia Raggi, y a su vicario, el cardenal Agostino Vallini. Alzando los ojos hacia la estatua mariana, Francisco oró así: “Te traigo, Madre, a los niños, especialmente a los que están solos, abandonados, y que por eso son engañados y explotados. Te traigo, Madre, a las familias que sacan adelante la vida y la sociedad con su empeño cotidiano y escondido, a las familias que afrontan tantas fatigas por sus problemas internos y externos. Te traigo, Madre, a todos los trabajadores, hombres y mujeres, y te confío sobre todo a los que, por necesidad, se esfuerzan en realizar un trabajo indigno y a los que han perdido el trabajo y no lo encuentran”.

“Tenemos necesidad –añadió– de tu corazón inmaculado para amar de manera gratuita, sin segundos fines, sino buscando el bien de los otros, con sencillez y sinceridad, renunciando a máscaras y maquillajes”.

Después ofreció a la Virgen un cesto con cien rosas blancas, mientras el coro entonaba las letanías y, a continuación, bendijo a la multitud. Finalizado el rito paralitúrgico, saludó al embajador de España ante la Santa Sede, Eduardo Gutiérrez Sáenz de Buruaga; al cardenal Fernando Filoni, prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, y a otras personalidades. Pero, antes de abandonar la plaza, mientras la gente le vitoreaba, saludó uno por uno a las decenas de enfermos presentes, conmovidos al recibir su saludo, caricias y bendición.

Respuesta

Por otro lado, el Papa ni ha respondido ni responderá a los cuatro cardenales (Brandmüller, Caffarra, Meisner y Burke) que expresaron sus “dudas” sobre algunos puntos de la exhortación Amoris laetitia. Sí lo ha hecho de forma indirecta en la entrevista que ha concedido al semanario belga Tertio.

Reflexionando sobre la “Iglesia sinodal”, Bergoglio afirma que “la experiencia más rica de eso fueron los dos últimos sínodos”, a través de los cuales “se escuchó a todos los obispos del mundo con la preparación; a todas las Iglesias del mundo; las diócesis trabajaron. Todo ese material vino. Después, volvió. Y volvió al segundo Sínodo para completar esto. De ahí salió Amoris laetitia”.

“Entonces –prosigue– hay una exhortación postsinodal que es el resultado de dos sínodos donde trabajó toda la Iglesia y que el Papa hizo suya. Lo expresa de manera armónica. Es curioso: todo lo que está en Amoris laetitia fue aprobado en el Sínodo por más de dos tercios de los padres. Lo cual es una garantía. Una Iglesia sinodal significa que se da ese movimiento de arriba a abajo. (…) Pero hay una fórmula latina que dice que las Iglesias siempre están cum Petro et sub Petro (con Pedro y bajo Pedro). Pedro es el garante de la unidad de la Iglesia, el garante”.

Añadamos, por nuestra parte, otra fórmula latina no menos explícita: intelligenti pauca (a buen entendedor, pocas palabras bastan). Aplíquense el cuento los señores cardenales y quienes les están jaleando.

cardenal Mario Zenari con Bashar al-Ásad presidente de Siria diciembre 2016

El presidente Al Assad lee la carta que le envía Francisco, delante del cardenal Zenari

50ª Jornada Mundial de la Paz

Cambiando radicalmente de tema, el lunes 12 de diciembre, el cardenal Peter Turkson, presidente del Pontificio Consejo Justicia y Paz, presentó el mensaje del Papa para la 50ª Jornada Mundial de la Paz (1 de enero), cuyo lema es La no violencia: estilo de una política para la paz.

Como certeramente subraya Gian Maria Vian en su editorial de L’Osservatore Romano (12-13 de diciembre), el mensaje tiene como telón de fondo el que hizo público Pablo VI el 8 de diciembre de 1957 al promover la Jornada Mundial de la Paz. “La Iglesia –escribía entonces Montini–, con intención de servicio y de ejemplo, quiere sencillamente lanzar la idea con la esperanza de que la acoja el más amplio consenso del mundo civil y que encuentre en todas partes promotores múltiples, hábiles y válidos”.

Hacer de la no violencia el estilo de nuestras vidas y el programa de los líderes políticos y religiosos es la síntesis del mensaje ahora presentado. En él, por cierto, se cita a Mahatma Gandhi, a Martin Luther King, a la Madre Teresa de Calcuta y a la liberiana Leyman Gbowee, que obtuvo el Premio Nobel de la Paz tras haber puesto fin a la guerra civil en su país natal. “La no violencia activa –apunta el Papa– es necesaria y coherente con los continuos esfuerzos para limitar el uso de la fuerza a través de las normas morales, la participación en las instituciones internacionales y la contribución de tantos cristianos a la elaboración de la legislación a todos los niveles”.

Que entre las principales preocupaciones del Papa figure la cruenta situación de Siria (y la archidramática situación de Alepo) lo demuestra la carta que ha hecho llegar al presidente, Bashar al Assad, a través de su nuncio en Damasco. el cardenal Mario Zenari. En ella pide que se llegue a una solución pacífica y se respete la ley humanitaria internacional, en concreto la protección de los civiles y el acceso a las ayudas humanitarias.

Publicado en el número 3.016 de Vida Nueva. Ver sumario

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