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Sebastià Taltavull: “Hemos de tender la mano siempre”

Sebastia Taltavull, con el Rey Felipe VI

 

El 11 de septiembre llegó como administrador apostólico a Mallorca –una diócesis herida por unos hechos que motivaron la renuncia de su obispo, Javier Salinas–, añadiendo una labor nada sencilla a la que ya ejerce como obispo auxiliar de Barcelona. Pero Sebastià Taltavull (Ciutadella, Menorca, 1948), experto en tender puentes, señala que ha sido acogido “con mucho afecto y cercanía” por los sacerdotes, religiosos y laicos. “Me encuentro muy a gusto y con ganas de ayudar, y siempre contando con todos”. En este tiempo, ha invitado también a dialogar en el obispado a un grupo de jóvenes que se enfrentan a una condena de cuatro años de cárcel por asaltar una iglesia en 2014. No los convenció, pero les ha dejado una puerta abierta al encuentro.

PREGUNTA.- Dijo usted que venía a Mallorca con la mirada puesta en el futuro. ¿Y qué le gustaría ver en ese futuro?

RESPUESTA.- De momento, mi mirada está puesta en el presente. El día a día es el escenario en el que tiene que desarrollarse la misión de anunciar a Jesucristo, propiciar el encuentro con Él e ir solidificando la espiritualidad y los vínculos de fraternidad de nuestra comunidad diocesana. Si he de hablar de futuro, me gustaría ver que lo que ahora sembramos con generosidad da un buen fruto generoso.

P.- Con su nombramiento, el Papa le invitaba a “empezar a construir”. ¿Cómo se hace eso?

R.- Este “empezar” para mí significa “continuar construyendo”, ya que me estoy encontrando con sacerdotes y laicos muy entregados, que saben bien cuál es su misión, son discretos y humildes en su trabajo de dar a conocer el Evangelio y trabajar por los demás. Para mí, se trata de construir puentes entre las personas, entre colectivos que tienen semejantes objetivos. El camino es vivir encarnado en medio de la gente, ejerciendo el arte de escuchar, prestando atención y comprendiendo mucho. El Evangelio se contagia con el ejemplo y desde la cercanía.

P.- Acaba de tender la mano a un grupo de jóvenes que se enfrentan a una petición de cuatro años de cárcel por causar disturbios en una iglesia durante una eucaristía. ¿Cómo ha ido esa reunión?

R.- Tender la mano hemos de hacerlo siempre. Nunca decir “no hay nada que hacer con esta persona, con este grupo, con esta familia o incluso con esta parroquia…”. La primera actitud es acoger, proponer, ofrecer, dar siempre una nueva oportunidad. Es lo que he querido hacer con ese grupo de jóvenes invitándolos a dialogar. En la reunión hemos hablado casi una larga hora y media, pero lamento que no hayan querido reconocer que su comportamiento fue inadecuado. De todos modos, seguimos dejando una puerta abierta al diálogo. Por nuestra parte, la mano sigue tendida.

P.- ¿A qué cree que se debe la proliferación de actos de ese tipo, producidos también en otras diócesis, y cómo cree que debe afrontarlos la Iglesia?

R.- Aún no hemos entendido en nuestro país el valor de una laicidad positiva, donde todos podamos expresarnos con libertad, respeto mutuo y buscando el marco adecuado para hacerlo. Además, en algunos sectores, percibo un resentimiento muy enquistado y unos prejuicios que dificultan un buen entendimiento y el normal proceso de madurez e integración social. A menudo, la libertad solo es pensada para uno mismo y no cuenta con el bien de los demás. Algo tiene que cambiar en la educación y en la convicción misma sobre la dignidad de la persona.

Preparando el terreno

Es un secreto a voces que tanto el cargo de administrador apostólico como el de auxiliar de Barcelona tienen fecha de caducidad para Sebastià Taltavull. Pero, ¿se ve como pastor de Mallorca? “A mí me toca preparar el terreno –señala–, animando las comunidades con sus sacerdotes y laicos, tratando de ser una Iglesia en salida. Tanto mi misión apostólica en Mallorca como pastoral en Barcelona se ciñen al presente, y a ello he de dedicarme en cuerpo y alma, y sirviendo con todo el amor del que soy capaz”. Toca esperar, pues.

Publicado en el número 3.005 de Vida Nueva. Ver sumario

 


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