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Francisco, al recibir el Premio Carlomagno: “Sueño un nuevo humanismo europeo”

papa Francisco recibe el Premio Carlomagno Vaticano 6 de mayo 2016

El Papa pide una “transfusión de memoria”, “audacia” y “utopía” para que Europa luche por el bien común

papa Francisco pronuncia su discurso al recibir el Premio Carlomagno, Sala Regia del Palacio Apostólico Vaticano 6 mayo 2016

Un momento del discurso del Papa ante la cúpula de la UE y autoridades europeas

MARÍA GÓMEZ | Sin paños calientes y sin pelos en la lengua para poner nombre y denunciar los males que acosan hoy a Europa, y con su habitual fuerza, cercanía y cariño para proponer soluciones y reclamar a todos que se pongan manos a la obra. Había altas expectativas en el discurso del papa Francisco al recibir el Premio Carlomagno hoy viernes 6 de mayo, y no ha defraudado. No le ha importado hablar ante los líderes de una Europa “cansada y envejecida” y que parece haber olvidado sus principios fundacionales; al contrario: tenerles delante es la oportunidad que el Papa ha aprovechado para ahondar en mensajes ya pronunciados, pero tan alentadores como urgentes.

La ceremonia del Premio Carlomagno ha tenido lugar en la Sala Regia del Palacio Apostólico del Vaticano (una deferencia hacia el Papa, pues siempre se entrega en la ciudad alemana de Aquisgrán, que creó el premio en 1950, en el contexto de la posguerra). Se le otorgó también a Juan Pablo II en 2004, y ahora se le concede a Francisco por su mensaje “de paz y comprensión” y por “su compasión, su tolerancia, su solidaridad y su integridad a lo largo de su pontificado”. “En estos momentos en que numerosos ciudadanos en Europa buscan su camino, su Santidad el Papa Francisco envía un mensaje de amor y de ánimo”, declaró el comité ejecutivo del Premio al conocerse su fallo, el pasado diciembre.

“Como un hijo que encuentra en la madre Europa sus raíces de vida y fe, sueño un nuevo humanismo europeo, ‘un proceso constante de humanización’, para el que hace falta ‘memoria, valor y una sana y humana utopía'”, pidió Francisco, citando su discurso al Consejo de Europa, pronunciado en Estrasburgo el 25 de noviembre de 2014.

El Papa ha hablado ante la cúpula de la Unión Europea: el presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker; el presidente del Parlamento, Martin Schulz; y el presidente del Consejo, Donald Tusk (los tres recibieron también en su momento este Premio); así como otras autoridades, incluidos el rey Felipe VI y la canciller alemana, Angela Merkel.

papa Francisco recibe el Premio Carlomagno Vaticano 6 de mayo 2016

Francisco ha recibido el Premio de manos de Marcel Phillipp, alcalde de Aquisgrán (izq.) y Jürgen Linden, de la Fundación Carlomagno

Ante tan importante auditorio, ha dejado varios recados, que desgranamos a continuación:

Una Europa anciana:

  • Crece “la impresión general de una Europa cansada y envejecida, no fértil ni vital, donde los grandes ideales que inspiraron a Europa parecen haber perdido fuerza de atracción. Una Europa decaída que parece haber perdido su capacidad generativa y creativa”…
  • “… una Europa que se va ‘atrincherando’ en lugar de privilegiar las acciones que promueven nuevos dinamismos en la sociedad”.
  • ¿Qué te ha sucedido, Europa humanista, defensora de los derechos humanos, de la democracia y de la libertad?“.

Lo que soñaron los padres fundadores:

  • “La creatividad, el ingenio, la capacidad de levantarse y salir de los propios límites pertenecen al alma de Europa”.
  • “Osaron transformar radicalmente los modelos que únicamente provocaban violencia y destrucción. Se atrevieron a buscar soluciones multilaterales a los problemas que poco a poco se iban convirtiendo en comunes”.
  • “Los proyectos de los padres fundadores, mensajeros de la paz y profetas del futuro, no han sido superados: inspiran, hoy más que nunca, a construir puentes y derribar muros“.
  • “Esta transfusión de memoria nos permite inspirarnos en el pasado para afrontar con valentía el complejo cuadro multipolar de nuestros días, aceptando con determinación el reto de ‘actualizar’ la idea de Europa. Una Europa capaz de dar a luz un nuevo humanismo basado en tres capacidades: la capacidad de integrar, capacidad de comunicación y la capacidad de generar“.

Integrar:

  • Los reduccionismos y todos los intentos de uniformar, lejos de generar valor, condenan a nuestra gente a una pobreza cruel: la de la exclusión. Y, más que aportar grandeza, riqueza y belleza, la exclusión provoca bajeza, pobreza y fealdad. Más que dar nobleza de espíritu, les aporta mezquindad”.
  • La identidad europea es, y siempre ha sido, una identidad dinámica y multicultural“.
  • “Estamos invitados a promover una integración que encuentra en la solidaridad el modo de hacer las cosas, el modo de construir la historia. Una solidaridad que nunca puede ser confundida con la limosna, sino como generación de oportunidades“.

Dialogar:

  • Si hay una palabra que tenemos que repetir hasta cansarnos es esta: diálogo“.
  • Una cultura del diálogo “que nos permita mirar al extranjero, al emigrante, al que pertenece a otra cultura como sujeto digno de ser escuchado, considerado y apreciado”.
  • La paz será duradera en la medida en que armemos a nuestros hijos con las armas del diálogo, les enseñemos la buena batalla del encuentro y la negociación”.
  • Hoy urge crear ‘coaliciones’, no solo militares o económicas, sino culturales, educativas, filosóficas, religiosas. Coaliciones que pongan de relieve cómo, detrás de muchos conflictos, está en juego con frecuencia el poder de grupos económicos. Coaliciones capaces de defender las personas de ser utilizadas para fines impropios”.

Un nuevo modelo económico:

  • ¿Cómo podemos hacer partícipes a nuestros jóvenes de esta construcción cuando les privamos del trabajo, de empleo digno (…). Si queremos entender nuestra sociedad de un modo diferente, necesitamos crear puestos de trabajo digno y bien remunerado“.
  • “Esto requiere la búsqueda de nuevos modelos económicos más inclusivos y equitativos, orientados no para unos pocos, sino para el beneficio de la gente y de la sociedad”.
  • Tenemos que pasar de una economía líquida, que tiende a favorecer la corrupción como medio para obtener beneficios, a una economía social que garantice el acceso a la tierra y al techo por medio del trabajo”.

El papel de la Iglesia:

  • La Iglesia puede y debe ayudar al renacer de una Europa cansada, pero todavía rica de energías y de potencialidades. Su tarea coincide con su misión: el anuncio del Evangelio, que hoy más que nunca se traduce principalmente en salir al encuentro de las heridas del hombre”.
  • Solo una Iglesia rica en testigos podrá llevar de nuevo el agua pura del Evangelio a las raíces de Europa”.

“Sueño una Europa” (el último párrafo del discurso, que merece la pena transcribirse íntegro):

  • “Con la mente y el corazón, con esperanza y sin vana nostalgia, como un hijo que encuentra en la madre Europa sus raíces de vida y fe, sueño un nuevo humanismo europeo, ‘un proceso constante de humanización’, para el que hace falta ‘memoria, valor y una sana y humana utopía’.
  • “Sueño una Europa joven, capaz de ser todavía madre: una madre que tenga vida, porque respeta la vida y ofrece esperanza de vida. Sueño una Europa que se hace cargo del niño, que como un hermano socorre al pobre y a los que vienen en busca de acogida, porque ya no tienen nada y piden refugio. Sueño una Europa que escucha y valora a los enfermos y a los ancianos, para que no sean reducidos a objetos improductivos de descarte. Sueño una Europa, donde ser emigrante no sea un delito, sino una invitación a un mayor compromiso con la dignidad de todo ser humano. Sueño una Europa donde los jóvenes respiren el aire limpio de la honestidad, amen la belleza de la cultura y de una vida sencilla, no contaminada por las infinitas necesidades del consumismo; donde casarse y tener hijos sea una responsabilidad y una gran alegría, y no un problema debido a la falta de un trabajo suficientemente estable. Sueño una Europa de las familias, con políticas realmente eficaces, centradas en los rostros más que en los números, en el nacimiento de hijos más que en el aumento de los bienes. Sueño una Europa que promueva y protega los derechos de cada uno, sin olvidar los deberes para con todos. Sueño una Europa de la cual no se pueda decir que su compromiso por los derechos humanos ha sido su última utopía”.

 

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