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Los otros refugiados: la presión migratoria podría dispararse por Melilla

migrantes supervivientes en el naufragio de varias barcazas en el Mediterráneo 18 abril 2016

Organizaciones de Iglesia se esfuerzan por dar respuesta a la emergencia de los solicitantes en la frontera española

migrantes supervivientes en el naufragio de varias barcazas en el Mediterráneo 18 abril 2016

Supervivientes del naufragio en el Mediterráneo el pasado 18 de abril

MIGUEL ÁNGEL MORENO | Los acuerdos de la Unión Europea para devolver refugiados a Turquía y blindar sus fronteras no frenan la huida de quienes escapan de la guerra, la miseria o la persecución. El 18 de abril naufragaban en el Mediterráneo varias barcazas con centenares de personas, procedentes mayoritariamente de Somalia, cuando se cumplía el primer aniversario de una catástrofe similar ante las costas de Lampedusa, donde fallecieron 800 personas, el mismo lugar donde el papa Francisco clamó en 2013 contra “la globalización de la indiferencia”.

Pasado un mes del acuerdo entre las autoridades europeas y turcas, con los traslados de refugiados de Grecia a Turquía ya iniciados, se empieza ya a plantear hacia dónde podrían ir los flujos de refugiados que siguen huyendo de Siria, Afganistán o Irak. España, que ha recibido la mayoría de las solicitudes de asilo de ciudadanos sirios a través de Melilla, podría ser uno de los recorridos alternativos que busquen los refugiados para llegar al Viejo Continente.

Durante 2015, 5.700 refugiados sirios pidieron asilo en España, la mayoría a través de Melilla; según ACNUR, un 150% más que en 2014.

A ambos lados de la valla, las organizaciones eclesiales se esmeran en intentar dar respuesta a la situación de emergencia que sufren tanto emigrantes como refugiados. Un buen ejemplo es el equipo de la Diócesis de Tánger en Nador. Tomaron en 2013 el relevo de Médicos Sin Fronteras en un proyecto sanitario en el que dan apoyo a los migrantes que viven en los bosques y acompañan a los heridos al hospital cuando se producen intentos de salto.

También mantienen un servicio de urgencia las 24 horas del día. “Llamen a la hora que llamen, si valoramos que es urgente, allí vamos: cuando una mujer va a dar a luz en el monte, si hay agresiones, intentos de violaciones, enfermedades”, explica a esta revista el jesuita Esteban Velázquez, que coordinó el proyecto desde su inicio hasta el pasado mes de enero, cuando Marruecos decidió no renovarle el pasaporte e impedirle regresar a su labor.

Malos tratos de la Policía marroquí

La religiosa Francisca Tous, Hija de la Caridad, ha continuado con la coordinación desde Nador. Allí atienden a grupos de migrantes que suman un total de 1.800 personas, dispersas por las cercanías de la frontera. “Los intentos han disminuido bastante debido a las enormes dificultades para llegar a la valla y a que son devueltos cuando llegan”, asegura la religiosa.

Las personas que atiende el equipo de la Delegación de Migraciones son testigos de los malos tratos de las fuerzas marroquíes a los migrantes. “He sufrido su violencia tanto en el bosque, donde la policía nos quema las mantas y las tiendas donde estamos, como en el mar, donde si nos cogen sus patrulleras nos devuelven a tierra para llevarnos a ciudades alejadas del mar, como Fez”, explica Ángela, una mujer nigeriana de 33 años que fue interceptada por la policía marroquí hasta en tres ocasiones cuando intentaba cruzar en barca.

“Nos rompen las piernas, los brazos, nos golpean, nos hieren… A veces, en los casos graves nos llevan al hospital, pero a los menos graves nos llevan a la frontera junto al desierto”, relata el marfileño Diallo.

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