Juan Manuel Montilla, ‘El Langui’: “Francisco es como… muy de barrio”

Tras el éxito en ‘El Chiringuito de Pepe’, publica su nuevo disco, ‘Hola’

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Juan Manuel Montilla, ‘El Langui’: “Francisco es como… muy de barrio” [extracto]

ÁNGELES LÓPEZ | Juan Manuel Montilla, El Langui, llevaba desde 2009 sin publicar un disco. En esta ocasión lo hace en solitario con Hola, su nuevo título, al tiempo que se repone la serie El Chiringuito de Pepe, donde es uno de los protagonistas. Hablamos con el hombre que tenía todas las probabilidades en su contra. Nacido y criado en uno de los barios más humildes de la capital, Pan Bendito, lastrado por una discapacidad y perjudicado por un modelo educativo en su contra. Pese a todo, El Langui descubrió que con un papel y un bolígrafo podía convertirse en un superhéroe urbano.

PREGUNTA.- ¿‘Hola’ es más que un disco?

RESPUESTA.- No solo es un disco. Ni un simple saludo. “Hola” es la palabra que más repites desde que sales de casa hasta que regresas. Es la llave que abre todas las puertas. Un “hola” cambia todo. Estamos demasiado pendientes de nosotros mismos y de las redes; hemos olvidado el tú a tú, mostrar respeto al otro. Un saludo cuenta cosas, hace que otros abran su corazón, den respuestas, sabiduría.

P.- Música, libros, radio, cine, televisión, cabeceras de radio… ¿Para usted no hay crisis?

R.- Sí que la hay, como para todos. Pero soy un tipo inquieto e intento crear oportunidades. Siempre dispuesto a que todo pueda suceder. La crisis me toca: tengo hipoteca, niños, IVA cultural… y mucha familia en paro.

P.- Ha vuelto ‘El Chiringuito de Pepe’, ¿cómo evoluciona su personaje en esta entrega?

R.- Vicente sigue siendo un enamorado de la vida. Ahora le veréis un poco más suelto, controlando a su padre para que no meta la pata, pero intentará aprender e incluso habrá tramas de amor.

P.- Dice que el rap cuenta verdades, que hace pensar… ¿Cómo ve a España?

R.- ¡Como todo el mundo!: Con una contaminación constante. Necesitamos oxígeno limpio.

P.- ¿Eso se llama cambio político?

R.- ¡Claro! Todo está muy oscuro. Muchos políticos son marionetas que se mueven al antojo de los que están arriba: empresarios, multinacionales… que son los que manejan el cotarro. Solo votamos a la marioneta que interpreta mejor el movimiento. O se piensa por el pueblo o seguiremos siendo hormiguitas para osos hormigueros.

P.- ¿Su discapacidad ha sido un hándicap o un impulso?

R.- Es un arma de doble filo. El primer impacto es propicio porque somos pocos en el mundo artístico, y en el rap, menos. Pero tras la impresión, hay que mantener lo difícil: la calidad. Si no la tienes, el público prefiere ver un cuerpo “Danone” antes que a un tipo con cuerpo extraño. Por eso siempre doy el do de pecho.

P.- ¿Siente ser espejo en el que se miran muchas personas?

R.- Sí. Lo que ven en mí es que ellos también pueden, no solo hacerlo, sino intentarlo. Se puede lograr. Se puede.

P.- ¿Y el papa Francisco le daría para un rap?

R.- (Risas) ¡Todos damos para un rap! Y él mucho más. Estamos hablando del Papa, ese hombre que ha quitado “cuentos” y es cercano. Todos necesitamos referentes, y él parece serlo.

P.- ¿Por su cercanía?

R.- Es como… muy de barrio, entendiendo la metáfora. Quiere estar en el tú a tú, se expone, se muestra como es. Eso me parece que lleva verdad, que es lo que necesitaba la Iglesia, porque durante tiempo, con sus actos, la jerarquía eclesiástica ha tenido poco de eso. Lo cuento en una de mis canciones.

P.- ¿El Langui cree?

R.- Creo en las personas. ¡Tengo fe en los seres anónimos que son dignos de ser referente de quien quiera mirarse en ellos!

Dicto sentencia

  • “De mi discapacidad me salvó la fortaleza mental, y el rap fue la tirita para mis heridas. Vi que con un ‘boli’ y un papel podía hacer algo en el mundo. Me realizaba y me sentía útil. Y ahí sigo…”
  • “Cuando tenía 18 o 20 años, bueno… Pero ahora tengo 35 y cada vez me pesa más hacer un directo. Al empezar el concierto, los primeros cinco minutos son un sufrimiento total. Se me agarrotan las piernas y los gemelos. Tengo que fingir, porque por dentro sólo pienso en caerme al suelo”.

En el nº 2.976 de Vida Nueva

 

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