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Francisco: “La Santa Sede no dejará de trabajar para que la paz llegue a los extremos de la tierra”

En su discurso anual al Cuerpo Diplomático denuncia la crisis migratoria, la pobreza o el fundamentalismo

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Francisco durante su discurso al Cuerpo Diplomático 2016

M. PÉREZ | Tras poner fin al tiempo litúrgico de la Navidad celebrando el Bautismo de Jesús el pasado domingo, la agenda del papa Francisco ha vuelto a la normalidad este lunes 11 de enero. Y lo ha hecho con el tradicional encuentro que cada año el Pontífice mantiene con los miembros del Cuerpo Diplomático acreditados ante la Santa Sede. Reunidos en la Sala Regia del Palacio Apostólico Vaticano, embajadores y diplomáticos internacionales han escuchado el discurso anual del Papa, en el que ha repasado las situaciones más delicadas de nuestro mundo, “bendecido y amado por Dios, y, sin embargo, cansado y afligido por tantos males”.

Francisco ha comenzado su discurso “reconociendo con agrado que, en el último año, se ha incrementado el número de embajadores residentes en Roma. Es un signo importante del interés con que la comunidad internacional sigue la actividad diplomática de la Santa Sede”.

Actualmente la Santa Sede tiene relaciones diplomáticas plenas con 179 países, a los que hay que añadir la Unión Europea, la Soberana Orden Militar de Malta, la Federación Rusa y la Organización para la Liberación de Palestina (OLP). Además, forma parte de numerosas organizaciones internacionales. “Prueba de ello son también los acuerdos internacionales firmados o ratificados durante el año que acaba de terminar”, ha afirmado en su saludo.

Viajes en clave de misericordia

Recordando que “la Misericordia ha sido el hilo conductor que ha guiado mis viajes apostólicos durante el año pasado”, el Papa ha querido rememorar sus visitas internacionales durante el pasado 2015.

Comenzando por Sarajevo “ciudad profundamente golpeada por la guerra en los Balcanes”, pasando por Bolivia, Ecuador y Paraguay, “donde encontré pueblos que no se rinden ante las dificultades, y se enfrentan con valentía, determinación y espíritu de fraternidad a los muchos retos que los afligen”, siguiendo por Cuba y Estados Unidos, “donde pude abrazar a dos países que durante mucho tiempo han estado divididos y que han decidido escribir una nueva página de la historia”, y sin olvidar a Kenia, Uganda y República Centroafricana, donde “la apertura de la Puerta Santa de la Catedral de Bangui pretendía ser un signo de aliento para alzar la mirada, para retomar el camino y para volver a encontrar las razones para el diálogo”.

Mención especial ha tenido el Encuentro Mundial de las Familias en Filadelfia, el viaje a Sri Lanka y Filipinas o el reciente Sínodo de los Obispos: “Gracias a ellos he recordado la importancia de la familia, que es la primera y más importante escuela de la misericordia”, ha destacado Bergoglio, quien no ha dudado en denunciar que “hoy existe un miedo generalizado a la estabilidad que la familia reclama y quienes pagan las consecuencias son sobre todo los más jóvenes, a menudo frágiles y desorientados, y los ancianos que terminan siendo olvidados y abandonados”.

Emergencia migratoria

El Papa también ha abordado la actual crisis migratoria, calificándola como de “grave emergencia”. Por ello, ha animado a los diplomáticos a “discernir sus causas, plantear soluciones, y vencer el miedo inevitable que acompaña un fenómeno tan consistente e imponente, que a lo largo del año 2015 ha afectado principalmente a Europa, pero también a diversas regiones de Asia, así como del norte y el centro de América”.

“¿Cómo no ver en todo esto el fruto de una cultura del descarte que pone en peligro a la persona humana, sacrificando a hombres y mujeres a los ídolos del beneficio y del consumismo?”, se ha preguntado Francisco. “Es grave acostumbrarse a estas situaciones de pobreza y necesidad, al drama de tantas personas, y considerarlas como normales. Nos hemos hecho insensibles a cualquier forma de despilfarro, comenzando por el de los alimentos, que es uno de los más vergonzosos, pues son muchas las personas y las familias que sufren hambre y desnutrición”.

“Gran parte de las causas que provocan la emigración se podían haber ya afrontado desde hace tiempo”, ha clamado Bergoglio. “Así, se podría haber evitado o, al menos, mitigado sus consecuencias más crueles. Todavía ahora, y antes de que sea demasiado tarde, se puede hacer mucho para detener las tragedias y construir la paz. Para ello, habría que poner en discusión costumbres y prácticas consolidadas, empezando por los problemas relacionados con el comercio de armas, el abastecimiento de materias primas y de energía, la inversión, la política financiera y de ayuda al desarrollo, hasta la grave plaga de la corrupción”.

Fijando la mirada en su próximo destino, México, Francisco ha mencionado la frontera de Ciudad Juárez, que visitará el próximo mes de febrero: “Durante el último año se ha visto afectada por un flujo masivo de prófugos –mucho de los cuales han encontrado la muerte en el tentativo de alcanzarla–, que no tiene precedentes en la historia reciente, ni siquiera al final de la Segunda Guerra Mundial”.

Extremismo y fundamentalismo

“Para afrontar el tema de la emigración es importante, de hecho, que se preste atención a sus implicaciones culturales, empezando por las que están relacionadas con la propia confesión religiosa”, ha recordado Bergoglio a los embajadores.

“El extremismo y el fundamentalismo se ven favorecidos, no sólo por una instrumentalización de la religión en función del poder, sino también por la falta de ideales y la pérdida de la identidad, incluso religiosa, que caracteriza dramáticamente al así llamado Occidente. De este vacío nace el miedo que empuja a ver al otro como un peligro y un enemigo, a encerrarse en sí mismo, enrocándose en sus planteamientos preconcebidos”.

Por ello, Francisco ha recordado que la Santa Sede “renueva su compromiso en el campo ecuménico e interreligioso para establecer un diálogo sincero y leal que, valorando las peculiaridades y la identidad de cada uno, favorezca una convivencia armónica de todos los miembros de la sociedad”.

Mirada de paz al futuro

“El año que acaba de comenzar se presenta lleno de desafíos y ya han aparecido en el horizonte muchas tensiones”, ha concluido el Papa, afirmando que “el reto principal que nos espera es el de vencer la indiferencia para construir juntos la paz, que es un bien que hay perseguir siempre”.

Por ello, en el plano diplomático, ha reiterado que “la Santa Sede no dejará nunca de trabajar para que la voz de la paz llegue hasta los extremos de la tierra”, renovando “la plena disponibilidad de la Secretaría de Estado para colaborar con ustedes en el fomento de un diálogo constante entre la Sede Apostólica y los países que ustedes representan, para el bien de toda la Comunidad internacional, con la certeza interior de que este año jubilar será una buena oportunidad para vencer, con el calor de la misericordia, don precioso de Dios que transforma el miedo en amor y nos hace artífices de paz, la fría indiferencia de tantos corazones”.

Análisis de Antonio Pelayo, solo para suscriptores (nº 2.972)

 

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