La acogida de Europa

Jesús Sánchez Camacho, profesor CES Don Bosco JESÚS SÁNCHEZ CAMACHO | Profesor CES Don Bosco

Cinco décadas atrás, el mundo perdía a un médico, filósofo, teólogo, músico y misionero. Albert Schweitzer, premio Nobel de la Paz en 1953 y protestante vinculado a la metodología histórico-crítica, estudió El misticismo de Pablo Apóstol, poniendo en boga el término escatología realizada.

Al morir, en el nº 487, Vida Nueva no desea destacar su obra teológica. Hubiera sido lógico, al menos, citar en qué consistía la hermenéutica por la que apostaban tantos teólogos que venían influyendo en el Concilio Vaticano II. Pero la revista decide publicar un fragmento de un mensaje espiritual registrado en un magnetófono en 1953: “He advertido que nuestra civilización está liquidada porque no hay en ella un ideal humanitario. (…) Yo digo que cada uno debe buscar otra ocupación además de aquella necesaria para la existencia. Así podrá ayudar a los que tienen la necesidad de ser socorridos. (…) No se trata de tener una segunda profesión, sino de tener los ojos vueltos hacia los necesitados. Quizá no es un problema de dinero, sino de tiempo, de simpatía”.

Hoy Europa observa con desasosiego la llegada de personas que huyen de las guerras de Siria e Irak. La ceguera de algunos europeos convierte en amenaza lo que, a largo plazo, podría ser fortaleza: la acogida de refugiados. La historia de los países que han asilado a personas de otras nacionalidades avala su evolución económica, social y cultural.

“Debemos llevar la espiritualidad a los que están privados de ella. Debemos dedicarnos a las criaturas necesitadas de ayuda. Solo así podremos estar en paz con nosotros mismos, sentirnos liberados verdaderamente de la esclavitud de la máquina, dejar de ser nosotros también una máquina, unos autómatas, y contribuir al auténtico progreso de la Humanidad”, sostenía Albert Schweitzer. La historia demuestra que, tras sus puntos álgidos, las grandes civilizaciones han experimentado un estrepitoso declive. Cerrar las puertas a lo que sufren puede ser el inicio de nuestra decadencia.

En el nº 2.955 de Vida Nueva

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