Birgit Weiler

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AMAZONÍA

“Atender a las personas y cuidar a la naturaleza van juntos”

Birgit Weiler conoce de cerca la destrucción que trae consigo la minería a gran escala. Nació en la ciudad alemana de Duisburg, una zona industrial donde por muchos años, junto a la producción de acero, se efectuó extracción de carbón. Los padres de varias de sus compañeras de colegio trabajaban en las minas. Como consecuencia de ello, muchos sufrieron serios daños pulmonares y, por razones de salud, tuvieron que jubilarse antes de tiempo. Cuando las minas se agotaron y la producción de acero dejó de ser rentable, muchas personas perdieron su trabajo. Los impactos duran hasta hoy. Duisburg presenta una de las tasas más altas de desempleo en Alemania y son los jóvenes los principales afectados por esta situación.

Custodiar la Creación es hoy una de las dimensiones del profetismo que la Vida Consagrada está llamada a vivir. Birgit hace parte de la Congregación de las Hermanas Misioneras Médicas, cuyo carisma está asociado a promover la salud integral a la luz de la experiencia cristiana. Esto ha implicado tomar parte en la lucha por la defensa de la naturaleza. El modelo económico vigente se relaciona de forma utilitarista con la tierra, no advierte el tejido de interrelaciones que sostiene la vida, vulnera los derechos de comunidades enteras que se ven afectadas por los intereses trasnacionales. En la actualidad, Birgit acompaña a los pueblos indígenas awajún y wampis, en la selva amazónica peruana, como parte de su trabajo con el Vicariato Apostólico de Jaén. El destino de ambos pueblos se haya amenazado por proyectos extractivistas como el que pretende imponerse a toda costa en el Lote 116, violando acuerdos internacionales que exigen al Estado hacer valer la autonomía de las comunidades originarias.

Heridas profundas

Los pueblos indígenas han pedido ayuda a la Iglesia para conocer sus derechos y para poderlos hacer respetar. En la actualidad algunas comunidades han presentado demandas de amparo contra el Estado. “La Iglesia quiere ayudar a que Perú crezca en lo que dice su constitución: que sea un país multicultural, donde también se reconozcan y se respeten las diversas culturas y sus lenguas, y en donde se dé una participación de las diferentes poblaciones”, afirma Birgit. Según ella, se trata de un camino largo y bastante doloroso. “La historia de las poblaciones indígenas en la sierra y, más todavía en la selva, es una historia donde se ha sufrido mucha marginación; su cultura no ha sido apreciada”.

Para la muestra un botón. Con estas palabras descalificaba hace algunos años el entonces presidente Alan García la actitud de las comunidades que se oponían, como ahora, al interés del Gobierno de darle vía libre a la explotación petrolera en el Amazonas. “Las ideologías absurdas, panteístas, creen que las paredes son dioses y el aire es dios, en fin… esas formas primitivas de religiosidad donde se dice: ‘no toques ese cerro porque es un apu’, ‘no toques esos peces porque son creaturas de Dios’, ‘No me toquen a mí esta zona que es un santuario’… Y uno se pregunta: ¿pero santuario de qué? ‘Santuario porque ahí están las almas de los antepasados’… oiga, las almas de los antepasados están en el Paraíso, seguramente, no están ahí”.

Según García, un mayor desarrollo depende de que las riquezas sean puestas en valor para atraer la inversión extranjera. Poner en valor la Amazonía, la tierra, la madera, el petróleo, los recursos mineros…

Contra a esta noción de desarrollo, vinculada a una visión de la naturaleza como almacén a disposición del hombre, Birgit contrapone la visión que tienen las propias comunidades de su destino. A su parecer, “lo que es desarrollo en una zona no puede ser decidido por personas que no viven allí”: la concepción indígena del Buen Vivir vincula las diferentes dimensiones de la vida; para los indígenas es indisociable del territorio en que viven. Al decir de las comunidades amazónicas, sin bosque no hay futuro. El Buen Vivir supone que las personas tengan los recursos necesarios para poder vivir con dignidad y no sufrir hambre ni padecer de miserias; vivir relaciones de reciprocidad con la tierra, no saquear, sino preguntarse qué se devuelve al bosque, que da alimento, medicina y relaciones.

Desde del carisma de su congregación, Birgit se ocupa de atender las heridas que el cinismo ha abierto en las comunidades amazónicas. ¿Cómo evitar que nuevas heridas se abran al herir la tierra?

Texto: Miguel Estupiñán

Foto: Archivo Particular

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