El Papa pide crear puentes y derribar los muros que cierran el corazón

“Donde hay un muro hay cerrazón del corazón”

ÁLVARO ESPINOSA (ROMA) | Después de varios días lluviosos por fin salió el sol en Roma; lo que permitió que en este 9 de noviembre cientos de miles de peregrinos se concentrasen para escuchar las palabras del papa Francisco en su habitual Ángelus dominical. Con motivo de la celebración de la Dedicación de la Basílica de San Juan de Letrán, destacó que por el Bautismo cada cristiano se convierte en parte del “edificio de Dios”, por lo que alentó a tener siempre una vida cristiana coherente.

 Francisco señaló que “la liturgia recuerda la Dedicación de la Basílica de Letrán, que es la catedral de Roma y que la tradición define ‘madre de todas las iglesias de la ciudad y del mundo’”.

“Con el término madre nos referimos no tanto al edificio sagrado de la Basílica, cuanto a la obra del Espíritu Santo que en este edificio se manifiesta, fructificando mediante el ministerio del obispo de Roma, en todas las comunidades que permanecen en la unidad con la Iglesia que él preside”, señaló Francisco.

Con la fiesta de hoy afirmó el Papa “profesamos en la unidad de la fe, el vínculo de comunión que todas las Iglesia locales, esparcidas sobre la tierra, tienen con la Iglesia de Roma y con su obispo, sucesor de Pedro.

El Santo Padre indicó que “en virtud del Bautismo, cada cristiano forma parte del ‘edificio de Dios’, es más, se convierte en la Iglesia de Dios”. De esta forma declaró que “la Iglesia pide a cada uno de nosotros ser coherentes con el don de la fe y cumplir un camino de testimonio cristiano”.

Francisco reconoció que “no es fácil la coherencia en la vida, entre la fe y el testimonio; pero nosotros debemos ir hacia adelante y tener en nuestra vida esta coherencia cotidiana. ‘¡Esto es un cristiano!’, no tanto por aquello que dice, sino por aquello que hace; por el modo en que se comporta”.

Después de la oración del Ángelus y la bendición, Francisco recordó que 25 años atrás caía el muro de Berlín, que durante gran tiempo dividió en dos la ciudad y fue símbolo de la división ideológica de Europa y el mundo entero: “La caída ocurrió de repente, pero fue posible por el largo y fatigoso esfuerzo de tantas personas que han luchado, rezado y sufrido, algunos hasta el sacrificio de la vida”. Entre ellos, destacó el Papa, “un rol de protagonista lo tuvo el Santo Papa Juan Pablo II”.

Francisco pidió rezar “para que con la ayuda del Señor y la colaboración de todos los hombres de buena voluntad, se difunda siempre más una cultura del encuentro, capaz de hacer caer todos los muros que todavía dividen el mundo, y que no vuelva a suceder que personas inocentes sean perseguidas e incluso asesinados a causa de su credo y de su religión”. Y exclamo “donde hay un muro hay cerrazón del corazón. ¡Sirven puentes no muros!”.

  • Ver el Ángelus íntegro:


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