Libertad de expresión

José Luis Celada, redactor de Vida NuevaJOSÉ LUIS CELADA | Redactor de Vida Nueva

“Es tiempo de recuperar la voz, pero convendría hacerlo sin perder la calma ni las formas…”.

Cuando hace unos meses se hicieron públicas las 38 preguntas enviadas a los obispos del mundo para preparar el Sínodo de la Familia del próximo octubre, no pocos medios de comunicación –arrastrados por el ‘efecto Francisco’ o por simple desconocimiento en estos asuntos– se apresuraron a hablar de “consulta a las parroquias” o incluso de “encuesta inédita”. A lo que cierta prensa católica no tardó en responder, con indisimulado desdén, que se trataba de “titulares fantasiosos”.

Es evidente que los primeros erraban el tiro, pero parece que a los segundos les sigue costando admitir que algo se está moviendo en la Iglesia y en torno a ella. A Dios gracias, porque el conformismo y el silencio habían acampado peligrosamente entre los creyentes.

Y es que, como advierte con su lucidez habitual Antonio Muñoz Molina en Todo lo que era sólido, al referirse a otros aspectos de la vida española, “el momento en el que por desgana o por cobardía, o por comodidad, o por negligencia la libertad de expresión deja de ejercerse, ya se ha empezado a perder”.

Es tiempo de recuperar la voz, pero convendría hacerlo sin perder la calma ni las formas. Ya se sabe, como nos recuerda también el propio escritor y académico jienense, que “cuanto más parece que se acelera el tiempo, más rápido actúa el olvido”.

En el nº 2.879 de Vida Nueva.

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