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‘La gran belleza’: solo es un truco

La gran belleza, película de cine

La gran belleza, película de cine

J. L. CELADA | Casi medio siglo después de que Federico Fellini retratara –a su manera– La dolce vita romana de los años 60, un tal Silvio Berlusconi acaparaba la escena socio-política italiana poniendo de manifiesto que era posible perpetuar aquel estilo de vida. Y en esas seguimos.

O, al menos, así lo entiende Paolo Sorrentino en La gran belleza, un vertiginoso descenso a las entrañas de la mundanidad contemporánea con la majestuosa Ciudad Eterna como testigo; un viaje sin destino, como los trenes de esas congas bañadas en drogas y alcohol, que hermana la sátira surrealista y barroca del legendario cineasta con la filosofía de los excesos y el vacío patentada por Il Cavaliere.

Oficia como anfitrión y guía turístico de esta ronda nocturna un periodista bien relacionado (Toni Servillo, derrochando magisterio interpretativo), autor de una única novela de éxito en su juventud y, desde entonces, atrapado por ese “remolino” mundano que se ha instalado entre la burguesía de la capital.

Desde su terraza frente al Coliseo, escenario de fiestas que se apagan con el alba, el protagonista de este extravagante carrusel de situaciones y personajes se asoma a un mundo en franca decadencia para proclamar a los cuatro vientos su desencanto, mientras pasea de madrugada su porte seductor y su afilada ironía por las calles y plazas de la monumental Roma.

Arropado por unas estampas irrepetibles –a imagen de sus privilegiadas localizaciones–, un excelente montaje y los hipnóticos contrastes de la banda sonora, el realizador napolitano va trazando la descorazonadora radiografía de un tiempo que ha acabado sucumbiendo a la vulgaridad de la palabra, que ha hecho de la provocación su argumento preferido y que se agarra desesperadamente a la nostalgia como última tabla de salvación cuando se ha perdido la fe en el futuro.La gran belleza, película de cine

Sin embargo, sobre ese estado de decepción y derrota, La gran belleza emerge airosa como una experiencia cinematográfica única.

Como lúcidamente reflexiona su maestro de ceremonias, “todo está resguardado bajo la cháchara y el ruido: el silencio y el sentimiento, la emoción y el miedo, los demacrados e inconstantes destellos de belleza, la decadencia, la desgracia y el hombre miserable”. Una orgía de sensaciones que el nuevo trabajo de Sorrentino administra haciendo honor a su título, combinando la sensibilidad más exquisita con la denuncia más feroz. Porque aquí conviven en feliz armonía lo esplendoroso y lo grotesco, la esencia y la apariencia, los monstruos y fantasmas que nos habitan y la nada más absoluta…

La gran triunfadora en los recientes Premios del Cine Europeo (Mejor Película, Director y Actor) nos enseña que quizá sea más fácil hacer desaparecer a una jirafa en un espectáculo de magia que salir indemnes del guateque de vanidades en que se han convertido nuestras sociedades occidentales. Al fin y al cabo, solo es un truco. Eso sí, a la altura de esta soberbia función.

FICHA TÉCNICA

TÍTULO ORIGINAL: La grande belleza.

DIRECCIÓN: Paolo Sorrentino.

GUIÓN: Paolo Sorrentino y Umberto Contarello.

FOTOGRAFÍA: Luca Bigazzi.

MÚSICA: Lele Marchitelli.

PRODUCCIÓN: Nicola Giuliano, Francesca Cima.

INTÉRPRETES: Toni Servillo, Carlo Verdone, Sabrina Ferilli, Carlo Buccirosso, Iaia Forte, Pamela Villoresi, Galatea Ranzi, Massimo de Francovich

En el nº 2.875 de Vida Nueva

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