Oportunidades

LARRY YÉVENES, SJ, Universidad Alberto Hurtado de Chile

Desde 2010, la Iglesia chilena ha sido sacudida dolorosamente por la revelación de abusos sexuales a menores de edad cometidos por sacerdotes. El impacto en el ánimo de muchos fieles ha sido evidente, lo mismo que la progresiva caída en la credibilidad de la Iglesia ante la sociedad civil.

Sin embargo, como en toda crisis, hay oportunidades que no podemos dejar pasar. La formación y el acompañamiento afectivo y sexual de los consagrados –hombres y mujeres– es un tema urgente.

La “segunda ola” es progresiva y mantenida en secreto por los obispos, superiores mayores y acompañantes espirituales. Me refiero a quienes han dado un paso valiente y se han atrevido a hablar de situaciones por años silenciadas; entre otras, dobles vidas (relaciones sexuales con personas del sexo opuesto bajo una apariencia externa de vivir el celibato); tendencias y actos homosexuales que no se habían transparentado en la postulación o en los años de formación; y gratificaciones sexuales compulsivas estimuladas por el uso no discernido de Internet.

Lo común a estas problemáticas es la necesidad de crear espacios de diálogo y confianza. Un discurso sexual moralizante, poco abierto a los aportes de las ciencias humanas y basado en el “deber ser”, ciertamente no ayudará a que hermanos nuestros se atrevan a abrir sus conciencias y pedir ayuda. El temor a las represalias inhibe estos procesos de apertura.

Tampoco aporta a una maduración de quien vive la crisis la tendencia a “arreglármelas solo o sola”, basada en un individualismo que va socavando la vida sacerdotal y religiosa.

Vale la pena, por amor al Pueblo de Dios que espera mucho de sus consagrados, que cada uno nos preguntemos qué conversión interna necesitamos emprender: ¿tolerancia?, ¿diálogo?, ¿transparencia?….

En el nº 2.867 de Vida Nueva.

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