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“El mundo necesita vuestro testimonio”

La JMJ 2011 se clausuró con una Misa en Cuatro Vientos

Altar en la base aérea de Cuatro Vientos

FRAN OTERO | Como la calma después de la tempestad, como la resurrección después de la muerte. Así se presentó la mañana del domingo 21 de agosto, con la Eucaristía de envío y clausura de la Jornada Mundial de la Juventud Madrid 2011 en la agenda, una celebración que adquirió todavía mayor importancia después de que la Vigilia de la noche anterior tuviera que ser acortada debido a una fuerte tormenta que dejó varios heridos y que estuvo a punto de suspender el acto poco después de comenzar.

Y aunque la temperatura no dio tregua, los peregrinos esperaron, ya despiertos desde primera hora de la mañana, la llegada del Pontífice y sus palabras, que no habían podido escuchar. Apenas hubo quejas; durmieran poco o mucho, cómodos o no, los jóvenes compartían el desayuno, cantaban y rezaban sin descanso. Y el Papa no les defraudó.

Primero les agasajó con un recorrido en papamóvil por los viales de Cuatro Vientos, que antes, durante toda la madrugada, estuvieron acondicionando los voluntarios. También con unas breves palabras: “He pensado mucho en vosotros en estas horas que no nos hemos visto. Espero que hayáis podido dormir un poco, a pesar de las inclemencias del tiempo. Seguro que en esta madrugada habréis levantado los ojos al cielo más de una vez, y no solo los ojos, también el corazón y esto os habrá permitido rezar. Dios saca bienes de todo”. El Papa pudo comprobar cómo más de millón y medio de personas abarrotaban Cuatro Vientos y las parcelas colindantes. De hecho, se amplió el aforo para que pudiesen entrar más gente.

Un voluntario durante la Misa de clausura

Antes, el cardenal arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, dirigió unas palabras al Pontífice para reivindicar que en esa celebración la catolicidad de la Iglesia brillaba “como en pocas otras”. “Es el momento culminante de la JMJ. Es el momento del sí a Cristo: el sí de las vidas convertidas, el sí de la vocación al sacerdocio o a la vida consagrada, el sí a la llamada para ser un apóstol seglar en medio del mundo tan convulso y problemático de nuestro tiempo. ¡Un mundo indigente de verdadera y sólida esperanza, de justicia y solidaridad! Con este inquietante panorama moral y espiritual se encontrarán cuando retornen a sus países de origen”, añadió.

Claves de acción

Las claves para llevar a cabo lo que adelantaba el purpurado gallego ya fue cosa del Papa en una homilía profunda y muy directa. Continuó en la línea ya apuntada en la Fiesta de la Acogida en Cibeles: la necesidad de que los jóvenes fortalezcan su fe, se encuentren con Cristo y transmitan lo que han recibido a los demás.

“Jesús viene a vuestro encuentro y desea acompañaros en vuestro camino, para abriros puertas a una vida plena, y haceros partícipes de su vida íntima con el Padre. Nosotros, por nuestra parte, deseamos corresponder con toda generosidad a esta muestra de predilección con el propósito de compartir también con los demás la alegría que hemos recibido”, dijo.

Pero para poder experimentar esto, es necesario caminar “en la comunión de la Iglesia” y, por eso, advirtió de que “no se puede seguir a Jesús en solitario”, porque quien así lo hace “corre el riesgo de no encontrarle nunca, o de acabar siguiendo una imagen falsa de él”. “Tener fe es apoyarse en la fe de tus hermanos y que tu fe sirva igualmente de apoyo para otros”, insistió.

Así fue, sin ser interrumpido en ningún momento durante su intervención, como Benedicto XVI pidió a los jóvenes que reconozcan la importancia de la inserción en las parroquias, comunidades y movimientos, así como la participación en la Eucaristía de cada domingo, la recepción frecuente del sacramento del perdón, y el cultivo de la oración y meditación de la Palabra de Dios.

“No os guardéis a Cristo”

Porque haciendo todo esto, continuó el Pontífice, aparece el impulso que lleva a dar testimonio “en los más diversos ambientes, incluso allí donde hay rechazo o indiferencia”. “No se puede encontrar a Cristo y no darlo a conocer a los demás. Por tanto, no os guardéis a Cristo para vosotros mismos. Comunicad a los demás la alegría de vuestra fe. El mundo necesita el testimonio de vuestra fe, necesita ciertamente de Dios”, proclamó. Y es que, según puso de manifiesto, a los jóvenes también les incumbe “la tarea de ser discípulos y misioneros de Cristo en otras tierras y países donde hay multitud de jóvenes que aspiran a cosas más grandes”.

Con la Eucaristía concluida, y sin que los peregrinos pudiesen recibir la comunión, porque las capillas habilitadas para ello habían sido cerradas­ a causa de la tormenta, Benedicto XVI inició el rezo del Ángelus, momento en el que volvió a pedir a los jóvenes que ofrezcan su testimonio al retornar a sus lugares de origen, que cuenten a sus amigos “qué ha cambiado en ellos después de haber estado en esta noble Villa con el Papa y cientos de miles de jóvenes de todo el orbe”.

“Os invito a que deis un audaz testimonio de vida cristiana ante los demás. Así, seréis fermento de nuevos cristianos y haréis que la Iglesia despunte con pujanza en el corazón de muchos”. No dejó de mostrar su sorpresa y admiración por el “número tan significativo” de obispos y sacerdotes: “A todos ellos doy las gracias muy desde el fondo el alma, animándolos a seguir cultivando la pastoral juvenil con entusiasmo y dedicación”.

Un gesto hermoso

Antes de saludar en diferentes idiomas y despedirse de los jóvenes, Joseph Ratzinger sorprendió con un gesto hermoso y emocionante. Recordó, en su tercer aniversario, el grave accidente del avión de Spanair en Barajas, que dejó numerosas víctimas y heridos. “Deseo hacer llegar mi cercanía espiritual y mi afecto entrañable a todos los afectados por ese lamentable suceso, así como a los familiares de los fallecidos, cuyas almas encomendamos a las misericordia de Dios”, dijo.

Y por fin llegó el momento de saber cuál sería la sede de la próxima Jornada Mundial de la Juventud en 2013 y, aunque era un secreto a voces, todos los brasileños saltaron de alegría cuando el Papa pronunció las palabras “Río de Janeiro”. Y, una vez más, como si quisiese que quedase grabado a fuego, pidió a los jóvenes que lleven “el conocimiento y el amor de Cristo por todo el mundo”. “Él quiere que seáis sus apóstoles en el siglo XXI y los mensajeros de su alegría. ¡No le defraudéis!”, agregó.

Se clausuró así una JMJ que pasará a la historia por muchas cosas, entre otras, por la multitud de jóvenes que inundaron Madrid de alegría, esperanza y fe… y por ser la primera en que las redes sociales han jugado un papel importantísimo. Por sorprender a tanta gente, por derribar prejucios. Y por las palabras del Papa, que habrá que volver a repasar. Será difícil olvidar y casi imposible que un testimonio así no produzca grandes frutos para la Iglesia en España y para la sociedad española en su conjunto. Así, con una sonrisa, como llegó, Benedicto XVI se despidió de los jóvenes.

El arzobispo castrense Juan del Río

La presencia castrense

Nada más concluir el acto de clausura de la JMJ, Benedicto XVI nombró públicamente al arzobispo castrense, Juan del Río, uno de los artífices de la cesión de Cuatro Vientos, así como al Ejército del Aire por haber accedido a ello, precisamente, recordó el Papa, en el centenario de la creación de la aviación militar española. A todos y a sus familias puso “bajo el materno amparo de María, en su advocación de Nuestra Señora de Loreto”.

Además, los militares tuvieron una presencia significativa en esta JMJ, superando el millar de participantes, entre españoles y extranjeros de 14 países, entre los que cabe destacar Australia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Estados Unidos, Italia o Francia. El acto más importante fue el de recepción de las banderas en la Puerta del Príncipe del Palacio Real. Fue presidido por el jefe del Cuarto Militar de la Casa de Su Majestad el Rey, Antonio de la Corte, acompañado por Juan del Río.

El arzobispo castrense recordó la importancia de las banderas, que “no son símbolos vacíos, puesto que representan la vida, la historia, las lágrimas y las alegrías de nuestros pueblos”. También aclaró que “no hay incompatibilidad entre el mensaje de Cristo y la vocación militar de defender la libertad, la seguridad, la soberanía y el bien de la Patria”.

Posteriormente, hizo su aparición en la plaza el Cristo de los Alabarderos, momento en el que se homenajeó a todos los caídos de todos los tiempos cantando La muerte no es el final. Al finalizar la ofrenda lo trasladaron, en procesión, hasta la Catedral Castrense, donde se celebró una Eucaristía y donde el más del millar de personas que participó en los actos de esta JMJ Castrense pudo ver el Cristo de la Buena Muerte, que, ya por la noche, fue trasladado hasta el Paseo de Recoletos, escoltado por decenas de furgones policiales, para participar en el Vía Crucis.

Al margen de estos actos, también se han implicado en otras actividades y de formas diversas: como voluntarios o sumándose al mar de jóvenes.

¿Qué pasó con la comunión?

Uno de los problemas más lamentados fue que el domingo muchos jóvenes no pudieran recibir la comunión en Cuatro Vientos. Para hacerlo, se habían instalado diversas carpas en zonas estratégicas donde se celebraría Misa una hora antes para tener todas las formas consagradas y donde, además, se podría realizar la adoración eucarística. Todo marchaba según lo previsto hasta que la tormenta de viento y lluvia se llevó por delante una de las capillas.

Por motivos de seguridad, se decidió cerrarlas y, con un periodo de tiempo tan corto para reaccionar, ya no fue posible organizar otro modo para repartir la comunión. Por la tarde, las iglesias de Madrid se llenaron de jóvenes que, por fin, bien en el marco de la Eucaristía, o con una pequeña celebración, pudieron recibir la comunión. Ahora ya sí habían completado la JMJ de Madrid 2011.

En el nº 2.765 de Vida Nueva.

NÚMERO ESPECIAL de Vida Nueva

ESPECIAL JMJ 2011 MADRID en VidaNueva.es

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