La riqueza son los pobres

JUAN RUBIO, director de Vida Nueva | No hay que confundir términos cuando se habla de los tesoros de la Iglesia, los mismos que Juan Pablo II dijo que podrían enajenarse si sirvieran para acabar con el hambre en el mundo. También Juan XXIII comentó una vez, ante quienes le pedían vender el Vaticano, que era difícil encontrar comprador. Humor aparte, contemplando la gran labor social de la Iglesia para con los más pobres, sí conviene resaltar que son ellos su mayor tesoro y no códices y legajos.

Para la Iglesia, el tesoro más preciado son los pobres y los relicarios son los muchos rincones en donde crece la pobreza. Dios no la quiere. La Iglesia lucha por erradicarla para devolver la dignidad a quienes la sufren.

Muy claro lo decía el pasado domingo el cura del asentamiento de chabolas de la Cañada Real (Madrid), como pudieran decirlo los de otras zonas de chabolas de España, donde la Iglesia permanece porque han encontrado en aquella pobreza el tesoro más grande que nadie les podrá robar ni arrebatar. Se pudo ver en el excelente programa Pueblo de Dios, de La 2, que dirige Julián del Olmo. Aquella riqueza para la Iglesia, que es la pobreza más clamorosa, está sin seguro, pero no hay quien la robe.

En el nº 2.762 de Vida Nueva.

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