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La mujer es la “principal víctima” de la crisis

Acción Católica denuncia la “desigualdad en retribuciones, prestaciones y subsidios”

(Miguel Ángel Malavia) Con motivo del Día Internacional de la Mujer Trabajadora, el próximo 8 de marzo, en lo que será el centenario de esta conmemoración, el Movimiento de Mujeres Trabajadoras Cristianas de Acción Católica ha hecho público un comunicado. En él, se hace “balance de un año marcado por una profunda crisis económica”, denunciando la situación por la que, en medio del “alarmante índice de pobreza y desempleo”, es la mujer “la principal víctima de una mayor desigualdad respecto a las retribuciones, prestaciones y subsidios”.

“Aun cuando las tasas de paro afectan a todos en general –continúa el mensaje–, sigue siendo el porcentaje de paro en la mujer el más abultado, que, junto a los jóvenes e inmigrantes, soportan el mayor índice de precariedad laboral, lo que hace a la mujer especialmente vulnerable a esta situación”.

El desequilibrio es percibido como tal, que, desde este colectivo de Acción Católica, no se duda en lanzar un “llamamiento a las autoridades competentes” con el fin de trabajar por revertir esta situación que afecta de un modo tan frontal a las mujeres, “no solo en el ámbito laboral, sino también en el familiar y social”.

El comunicado del Movimiento Mujeres Trabajadoras Cristianas concluye manifestando su posición sobre otros aspectos que marcan el contexto actual. El primero de los asuntos abordados es “el poco respeto hacia nuestros símbolos cristianos”, defendiendo que estos “forman parte inherente de nuestra cultura y que se ven continuamente ninguneados, cuando no escarnecidos por esta sociedad”.

El siguiente punto es evidenciar “la necesidad de una educación en valores para nuestros hijos”. “Una educación –insisten– sin adoctrinamientos políticos ni morales, ya que la educación en esa materia debe quedar restringida a los padres. Que sean educados en la tolerancia y la comprensión, para formar parte de una sociedad en la que las personas sean valoradas por lo que son y no por lo que tienen o piensan”. Su última reclamación consiste en denunciar, una vez más, “la plaga moderna de la violencia de género”.

En el nº 2.744 de Vida Nueva.

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