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Piden una Iglesia arraigada en la cultura catalana

Montserrat recuerda los 25 años del documento ‘Arrels Cristianes de Catalunya’

(Jordi Llisterri. Barcelona) “Nadie duda que Cataluña tenga una cultura propia y el episcopado catalán lo asume. Sin arraigo en la cultura catalana, la fe pasaría a ser foránea, insípida y extraña”. Así respondió el arzobispo de Urgell, Joan-Enric Vives, como secretario de la Conferencia Episcopal Tarraconense, a los que ven un episcopado catalán demasiado tibio ante las reivindicaciones catalanistas y a los que lo juzgan muy próximo al nacionalismo. Una doble crítica que han tenido que afrontar los últimos años y cuya polémica se ha acentuado por la reforma del Estatuto catalán.

El también copríncipe de Andorra presidió el pasado sábado, con el abad de Montserrat, Josep Maria Soler, una jornada académica en la misma basílica de Montserrat, convocada para conmemorar los 25 años de la publicación del documento Arrels Cristianes de Catalunya (Raíces Cristianas de Cataluña). Aprobado por los obispos en 1985, el mensaje afirmaba la “existencia de una nación catalana” que debía ser respetada en la articulación de la España democrática.

El texto se presentaba como la aplicación del magisterio pontificio sobre los derechos de las culturas minoritarias, especialmente del discurso de Juan Pablo II, en 1980, en la sede de la Unesco. Desde entonces, numerosos pronunciamientos episcopales se han remitido a esta carta. El más reciente fue la declaración conjunta de los obispos catalanes, el pasado julio, después de la sentencia del Constitucional sobre el Estatuto.

De forma significativa, Montserrat ha sido la única institución eclesial que hasta ahora ha organizado un acto conmemorativo sobre Arrels, un documento que los participantes en la jornada definieron como el más relevante del episcopado catalán durante el siglo XX. Soler y Vives coincidieron en que tiene plena vigencia. Según el abad, “puede ayudar a aquellos católicos que creen que hablar de los derechos del pueblo catalán no tiene nada que ver con la doctrina social de la Iglesia”. Soler emplazó a mantener “la aportación de la visión humanista que nos viene del cristianismo” en una sociedad plural.

Incomprensiones

Vives lamentó que se presente el documento como “un nuevo nacionalismo exacerbado, causante de la secularización, de la falta de vocaciones y de todos los males”; una realidad que, dijo, también se sufre en el resto de España. “Es como si todos los católicos del mundo puedan ser patriotas menos las catalanes”, aseguró.

En este contexto, dijo que no era fácil pronunciar “una palabra libre, profética, y que al mismo tiempo cree unidad entre todos los cristianos que viven en Cataluña”, pero que la prioridad de la evangelización “no se contradice con un catalanismo democrático y respetuoso”. El portavoz de los obispos catalanes también remarcó que Arrels fue avalado explícitamente en Roma al ser incorporado en las resoluciones del Concilio Tarraconsense de 1995, aprobadas por la Santa Sede.

En el nº 2.740 de Vida Nueva.

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