.


El Papa reivindica el papel de la religión en la sociedad

Cálida acogida en el Reino Unido a un Benedicto XVI cercano y propositivo

(Juan Rubio– Enviado especial) “I am delighted”. Éstas fueron las primeras y cálidas palabras de Isabel II a Benedicto XVI a la llegada del Papa a Holyroodhouse, residencia veraniega de la reina de Inglaterra y Gales en Edimburgo, el jueves 16 de septiembre. El Pontífice comenzaba su 17º viaje, respondiendo a la invitación oficial cursada por Buckingham Palace, con la anuencia del entonces primer ministro Gordon Brown. Se ponía fin a una ruptura histórica entre Roma y Londres. El deshielo comenzó con la visita de Juan Pablo II en 1982, aunque aquélla tuvo un rango pastoral.

Ahora nadie dudaba de la dificultad de ésta, preparada con minuciosidad y que había venido precedida por polémicas de grupos contrarios a la oficialidad del evento. Acogida calurosa. Nadie detuvo al Papa al pisar suelo británico, como pedía “grotescamente” el abogado Geoffrey Robertson, acusándole de delitos contra la Humanidad por su postura ante los anticonceptivos y “el silencio cómplice por los casos de pederastia del clero”. Una más de las excentricidades de este país abanderado de la libertad y que en los días previos había desatado un ciclón de críticas, alentado por una prensa furibunda. Precisamente, tomando como pretexto la “tradicional tolerancia británica”, el Papa decía antes de aterrizar: “Gran Bretaña tiene su propia historia de anticatolicismo. Pero es igualmente un país con una gran historia de tolerancia. Así que estoy seguro de que, por un lado, habrá acogida positiva”. Cuatro días con un apretado programa que, pese a su edad, Benedicto XVI acometía con “valentía y alegría”.

Con Isabel II y el Duque de Edimburgo

El Shepherd One de Alitalia tomaba tierra en el aeropuerto internacional de Edimburgo poco antes de las 10:30 h. de una mañana soleada y con viento racheado. El Pontífice salió con rostro sereno, incluso cansado, y evitó gestos que pudieran ser interpretados como “triunfalistas”. Al pie del avión, escoltado por un escuadrón de la Guardia Real Escocesa, esperaba el Duque de Edimburgo, esposo de la soberana, quien, en un gesto no habitual, se había desplazado para acompañarlo al encuentro con la Reina, no lejos de Balmoral. Junto a él, los cardenales Keith O’Brien y Cormac Murphy-O’Connor, además del arzobispo de Westminster y presidente de la Conferencia Episcopal de Inglaterra y de Gales, Vincent Nichols, un emergente prelado que fuera obispo auxiliar con el cardenal Hume y que se espera sea creado cardenal en el próximo consistorio.

La comitiva papal estaba compuesta, entre otros, por el secretario de Estado, cardenal Tarsicio Bertone; monseñor Mamberti, secretario para las Relaciones con los Estados; el presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, Kurt Koch; y el portavoz de la Santa Sede, Federico Lombardi. El presidente del Pontificio Consejo Justicia y Paz, cardenal Peter Turkson, llegó en un vuelo posterior. Se echaba en falta al cardenal Kasper, quien a última hora se excusó por enfermedad, que algunos calificaron de “enfermedad diplomática” tras las declaraciones vertidas en un semanario alemán en las que –sin duda cambiadas de contexto, pero desafortunadas–, queriendo expresar la multiculturalidad de este país, lo comparó con el Tercer Mundo. Estas palabras aireadas en las portadas de los tabloides ingleses el mismo día de la llegada del Papa no sólo molestaron, sino que extrañaron a quienes siempre habían tenido al cardenal alemán como el mejor aliado en la empresa ecuménica.

Abrazo con el primado anglicano Williams

La reina, junto al arzobispo de Canterbury, Rowan Williams, primado de la Iglesia de Inglaterra, y el viceprimer ministro, Nick Clegg, así como representantes del Parlamento escocés, saludaron al Pontífice y, tras un intercambio de regalos, Isabel II agradeció la labor de la Iglesia en el Reino Unido, especialmente en la red educativa y social, y destacó las raíces cristianas que han conformado la historia de Gran Bretaña. Benedicto XVI, que agradeció la deferencia por la invitación, repasó la contribución del país a la paz y la solidaridad de los pueblos: “En la actualidad, el Reino Unido se esfuerza por ser una sociedad moderna y multicultural. Que en esta exigente empresa mantenga siempre su respeto por esos valores tradicionales y expresiones culturales que formas más agresivas de secularismo ya no aprecian o ni siquiera toleran”.

Calles repletas de gente

En el acto de bienvenida también hubo representantes de otras religiones con presencia en Escocia. El Papa, acompañado en todo momento por la reina Isabel II, pudo departir con muchos de ellos antes de trasladarse a la sede del Arzobispado en el centro de la capital escocesa, cuyas calles, repletas de gente, rompieron las previsiones de quienes auguraban una fría acogida.

También fallaron las previsiones en la Eucaristía celebrada en Bellahouston Park, en Glasgow, adonde acudió una gran cantidad de personas. Allí, el Papa pidió a los jóvenes que lleven “una vida digna de nuestro Señor y de vosotros mismos. Hay muchas tentaciones que debéis afrontar cada día –droga, dinero, sexo, pornografía, alcohol– y que el mundo os dice que os darán felicidad, cuando, en verdad, estas cosas son destructivas y crean división. Sólo una cosa permanece: el amor personal de Jesús por cada uno de vosotros. Buscadlo, conocedlo y amadlo, y él os liberará de la esclavitud de la existencia deslumbrante, pero superficial, que propone frecuentemente la sociedad actual”.

Saludo al rabino jefe de Inglaterra, J. Sacks

Por la noche, el Pontífice se trasladó a Londres. En el aeropuerto de Heathrow le aguardaba el alcalde londinense, Boris Johnson, quien le acompañó a la sede de la Nunciatura Apostólica; ésta ha sido residencia del Pontífice durante su estancia, siendo su anfitrión el arzobispo español Faustino Sainz, uno de los que más han trabajado por el éxito de esta visita.

En la mañana del viernes 17 esperaban al Papa en una explanada de Twickenham niños y agentes de la pastoral educativa. Recibido por los ministros de Educación y de Empresas del Gobierno liberal conservador, Benedicto XVI presidió primero un breve acto en la capilla del colegio universitario de St. Mary, donde defendió la labor de los educadores católicos y sus beneficios para la sociedad: “La educación es formar a la persona equipándola para vivir la vida en su integridad. Según los roles de la Iglesia y del Estado siguen evolucionando, no olvidemos que la religión tiene una contribución única que ofrecer”. Después de éste, el Papa celebró otro acto en el que participaron 3.000 personas, si bien pudo ser escuchado por 2.500 colegios católicos que conectaron a través de videoconferencia.

Acto en el colegio St. Mary, el viernes 17

La tarde adquirió un rango calificado de histórico por los británicos. En el corazón de la ciudad, una vez que los londinenses habían comenzado su weekend, el Papa se dirigió a Lambeth Palace, sede del Primado de la Iglesia anglicana. Cincuenta años después del encuentro de Juan XXIII con el arzobispo Geoffrey Fisher (diciembre de 1960), Benedicto XVI visitaba al arzobispo Rowan Williams. Tras el abrazo, ambos saludaron a los obispos diocesanos anglicanos y católicos de Inglaterra, Escocia y Gales.

En su conversación privada, subrayaron la importancia de mejorar las relaciones ecuménicas y de continuar el diálogo teológico ante los nuevos desafíos que se plantean a la unidad, tanto desde el interior de la comunidad cristiana como más allá de ella.  A la luz de sus recientes intervenciones públicas, hablaron también sobre la necesidad de promover un compromiso valiente y generoso en el campo de la justicia y la paz, especialmente las necesidades de los pobres, apremiando a los líderes internacionales a luchar contra el hambre y las enfermedades.

Encuentro con líderes políticos británicos

Después, Benedicto XVI se dirigió a un escenario y un auditorio únicos, el Westminster Hall, donde se había congregado el Cuerpo Diplomático, los miembros de las Cámaras de los Lores y los Comunes y una nutrida representación de la sociedad civil. Entre el público, muchos rostros conocidos; los más llamativos, los cuatro ex primeros ministros vivos del Reino Unido: Margaret Thatcher, John Major, Tony Blair y Gordon Brown. Los dos últimos, obligados por el protocolo a sentarse codo con codo. En el mismo lugar en el que Tomás Moro fue condenado a muerte, el Papa pronunció uno de los discurso más importantes y esperados de la visita: “Hoy recuerdo a Tomás Moro, admirado por igual por creyentes y no creyentes por la integridad con la que siguió lo que le dictaba su conciencia. Lo hizo aun a costa de enfadar a un soberano del que era un buen servidor, porque eligió servir primero a Dios”.

El Papa reflexionó sobre la compleja relación entre religión y política: “Para los legisladores, la religión no debe ser un problema que resolver, sino un contribuyente vital a la conversación nacional”, dijo, llegando a criticar el hecho de que se considere que la celebración de fiestas cristianas como la Navidad podrían “ofender a quienes profesen otras religiones o ninguna”. Según el Pontífice, “hay signos preocupantes de negativa a reconocer no sólo los derechos de los creyentes a su libertad de conciencia y de religión, sino también la legitimidad del rol de la religión en la plaza pública”.

El Papa habló de la cooperación en la lucha contra la pobreza y el comercio de armas y ensalzó el compromiso de David Cameron de dedicar el 0,7% del PIB a ayuda al desarrollo en 2013. En este sentido, se deshizo en elogios hacia el parlamentarismo británico, lanzando una nueva advertencia a quienes quieren relegar a la religión: “Si los principios morales que sostienen el proceso democrático sólo están definidos por consenso social, la fragilidad del proceso se transforma en algo demasiado evidente”.

Apoyo al ecumenismo

Celebración en la Abadía de Westminster

Tras el discurso, el Pontífice se trasladó a la Abadía de Westminster para participar en una oración ecuménica. En su alocución, insistió en las bondades del diálogo: “La unidad cristiana [es] condición previa para un testimonio creíble y convincente del Evangelio en nuestro tiempo. La unidad de la Iglesia jamás puede ser otra cosa que la unidad en la fe apostólica, en la fe confiada a cada nuevo miembro del Cuerpo de Cristo durante el rito del Bautismo”.

El sábado, Benedicto XVI celebró misa en la catedral de Westminster, donde expresó su “profundo dolor” a las víctimas de abusos sexuales por parte de sacerdotes y reconoció la “vergüenza y la humillación” que sufre por esos pecados, que calificó de “crímenes atroces” (ver recuadro en p. 19). Antes, había mantenido, en el Palacio Arzobispal, encuentros con el primer ministro inglés, David Cameron, con el viceprimer ministro, Nick Clegg, y con la líder de la oposición laborista, Harriet Harman.

Vigilia de oración en Hyde Park, el sábado

Tras el almuerzo, el Papa visitó una residencia de ancianos al cuidado de las Hermanitas de los Pobres, antes de dirigirse a otro de los actos multidudinarios, la vigilia de oración en Hyde Park por la beatificación del cardenal Newman al día siguiente (ver noticia aquí). Benedicto XVI entró en el famoso parque londinense a los sones del Aleluya de El Mesías, de Händel. En Hyde Park se reunieron unas 80.000 personas procedentes de todo el país para participar en la vigilia.

Una cifra incomparable con la de las 2.000 que respondieron a la campaña Protest the Pope y que el sábado marcharon por el centro de Londres para manifestarse contra la visita de Benedicto XVI al país.En el capítulo de incidentes, cabe hacer reseña de la detención y posterior puesta en libertad de seis personas, acusadas de haber organizado un atentado contra el Papa.

En la última de sus intervenciones, ya en la despedida en el aeropuerto de Birmingham, el domingo 19, el Papa hizo un balance apresurado de su visita: “La gran diversidad de la moderna Gran Bretaña es un desafío para su Gobierno y su pueblo, pero también representa una gran oportunidad de mayor diálogo intercultural e interreligioso que enriquecerá a toda la comunidad”.

————

INFLEXIBLE Y TAJANTE ANTE LOS ABUSOS


(J. Rubio) Durante su viaje al Reino Unido, Benedicto XVI se ha referido en varias ocasiones a los abusos de pederastia en el clero. La primera, en el vuelo desde Roma, respondiendo a preguntas de los periodistas. También lo hizo en la homilía en la catedral católica de Westminster y en el discurso a los obispos en su despedida. Igualmente, se reunió y oró, en las dependencias de la Nunciatura, con algunas de las víctimas y con responsables de los comités que cuidan de los menores.

“Pienso en el inmenso sufrimiento causado por el abuso de menores, especialmente por los ministros de la Iglesia –dijo el Papa en la homilía del sábado–. Quiero manifestar mi profundo pesar a las víctimas inocentes de estos crímenes atroces, junto con mi esperanza de que el poder de la gracia de Cristo y su sacrificio de reconciliación traerá la curación profunda y la paz a sus vidas”.

Benedicto XVI hizo estas manifestaciones ante varios miles de personas congregadas en el templo más una gran cantidad de jóvenes que estaban fuera, así como representantes de todas las diócesis británicas.

En el discurso a los obispos también fue tajante: “El vergonzoso abuso de niños y jóvenes por parte de sacerdotes y religiosos ha socavado gravemente la credibilidad moral de los Pastores de la Iglesia. He hablado en muchas ocasiones de las profundas heridas que causa dicho comportamiento, en primer lugar en las víctimas, pero también en las relaciones de confianza entre los sacerdotes y el pueblo, entre los sacerdotes y sus obispos y entre las autoridades de la Iglesia y la gente en general”.

Reconoció que, en los últimos tiempos, los obispos han adoptado “serias medidas” para poner remedio a esa situación y asegurar que los niños estén “eficazmente protegidos contra los daños” y para hacer frente de forma “adecuada y transparente” a las denuncias que se presenten. Pero también ha subrayado los “efectos devastadores” de esos abusos y la necesidad de proporcionar un correcto apoyo a las víctimas. “¿Qué mejor manera podría haber de reparar estos pecados que acercarse, con un espíritu humilde de compasión, a los niños que siguen sufriendo abusos en otros lugares? Nuestro deber de cuidar a los jóvenes no exige menos”.

————

DEL ‘ROTTWEILER’ AL “BUEN CHICO”


(A. Pelayo) Las sociedades anglosajonas se distinguen desde hace tiempo de las restantes por la importancia que en ellas tiene el fenómeno de la opinión pública. Es el caso de la británica, y la Iglesia de este país sabe bastante bien cómo comportarse si quiere ser tenida en cuenta y respetada (lección que otras Iglesias aún no han querido o podido entender).

Es obvio que Benedicto XVI emprendió su visita de Estado a Escocia e Inglaterra-Gales con una pésima atmósfera infestada de prejuicios y polémicas, de tal manera que muchos se lanzaron a predecir una verdadera catástrofe mediática.

Así puede calificarse lo que nos encontrábamos pocos días antes del viaje en los principales periódicos ingleses y otros medios de comunicación, especialmente la televisión, sin excluir a la oficial BBC, por ya no hablar de Channel 4: chascarrillos, desinformación, prejuicios, fáciles caricaturas y sarcasmos, espacios privilegiados para los oponentes, etc.

En apenas cuatro días se ha producido un cambio muy significativo en la inmensa mayoría de los medios (con las excepciones de rigor que podemos considerar irrecuperables por su sectarismo). “Nada mal para un hombre del que se maliciaba que era un defensor teutónico de las líneas duras”, escribía como balance de la visita el corresponsal romano de The Times, Richard Owen. “Algo inesperado ha sucedido durante la visita papal a este país: los británicos ha escuchado con curiosidad y genuino respeto a Benedicto XVI. Católicos, no católicos y no creyentes reconocen que el líder espiritual mas influyente del mundo está aquí para dirigir un mensaje no sólo a la Gran Bretaña, sino también a una audiencia mundial”. Con mayor grafismo aún: “Le retrataban como un ‘rottweiler de Dios’ y ha resultado ser un buen chico”, ironizaba el comentarista de The Sunday Times.

Benedicto XVI no ha hecho, sin embargo, concesiones a la galería. Ha reconocido, eso sí,los grandes valores de la historia y del pueblo británico y se ha mostrado como lo que es: un intelectual de nivel superior, un afable oyente de lo que se le dice, un respetuoso pastor que no impone, sino que expone su doctrina con paciencia y cariño.

En el nº 2.722 de Vida Nueva.

————

LOS HITOS DEL VIAJE

————

CRÓNICAS

————

OPINIÓN

Compartir