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El Papa dedica su verano a preparar el nuevo curso

Pide “acoger las legítimas diversidades”, en alusión a la expulsión de gitanos en Francia

Peregrinos centroafricanos en una audiencia en Castel Gandolfo

(Antonio Pelayo – Roma) No recuerdo, en mi ya largo recorrido profesional, un verano “vaticanamente” menos noticioso que el de 2010. Desde finales de julio hasta finales de agosto, las noticias de o sobre el Papa han sido más bien escasas y se han reducido a la rutina del calendario veraniego de los pontífices (Angelus de los domingos y audiencias de los miércoles), a las inaplazables cartas y telegramas de pésame, algún nombramiento de curia o episcopal y poco más. Más que lamentarse o alegrarse por ello, prima el deber de constatarlo y de ofrecer como explicación la renuncia de Benedicto XVI a cualquier intento de vedetismo y su entrega al trabajo callado, a la reflexión y –¡con todo su derecho!– al sosiego de los largos paseos, al placer de la lectura y de la escritura, a la compañía de la música, de su hermano mayor, Georg Ratzinger, de su secretario personal, Georg Gänswein, y de pocos allegados más.

Pero el Santo Padre –del que, por cierto, el director de la Librería Editrice Vaticana, Giuseppe Costa, ha anunciado que el segundo volumen de su Jesús de Nazaret estará en las librerías el primer domingo de Cuaresma del año 2011– no ha desaparecido de escena completamente. Ofrecemos a nuestros lectores los hitos más noticiables de su actividad en Castel Gandolfo.

El jueves 29 de julio tuvo lugar en la residencia papal de verano la proyección de un documental de la televisión bávara, cuyo autor, Michail Mandlik, sigue desde hace años la actividad de los papas. El film recorre los cinco años de pontificado desde el “habemus Papam” pronunciado por el cardenal Jorge Medina el 19 de abril de 2005 hasta el viaje a Fátima de mayo del 2010, subrayando, naturalmente, los vínculos de Ratzinger con su Baviera natal y sus encuentros con los jóvenes del mundo en Múnich, Nueva York y Sydney.

“Hemos visto –señaló a este propósito Benedicto XVI– que la Iglesia, aunque sufra tanto, como sabemos, es una Iglesia alegre, no es una Iglesia envejecida; hemos visto que la Iglesia es joven y que la fe crea alegría. Por eso me ha parecido hermosa la idea de insertarlo todo en la Novena Sinfonía de Beethoven, en su Himno a la alegría que expresa cómo detrás de toda la historia está la alegría de nuestra redención”.

Miles de monaguillos participaron en Roma en su X Peregrinación Internacional

Esa imagen de una Iglesia joven y alegre se concretizó en los primeros días de agosto, cuando Roma se vio “invadida” por una multitud de chicos y chicas de todo el mundo (provenientes especialmente de los países europeos del norte y sobre todo alemanes) que participaron en la X Peregrinación Internacional de Monaguillos, organizada por el Coetus Internationalis Ministrantium, que preside el obispo auxiliar de Basilea, Martin Gächter. Éste puede atribuirse el mérito de haber hecho venir a Roma a decenas de millares de los que en los países de lengua alemana son conocidos como ministranten; enfants de choeur, en fráncés; en italiano, chiericchetti y, en español, monaguillos: una muchachada masculina y femenina, entre los siete y los veintitantos años, y que tiene como patrono a san Tarcisio, el joven romano mártir de la Eucaristía en el siglo III.

Los monaguillos, protagonistas

El Papa se desplazó en helicóptero el miércoles 4 de agosto desde Castel Gandolfo a la Plaza de San Pedro, porque no hubiera sido posible recibir a tan grande multitud (unas 80.000 personas, de las cuales 55.000 son miembros de la citada organización) en el pequeño patio de la residencia papal vecina al lago Albano. Le acompañaba el secretario de Estado, cardenal Bertone, que, como se sabe, lleva el nombre de Tarcisio, y en su presencia bendijo una estatua del mártir (obra del escultor suizo Bernhard Lang) que al día siguiente fue trasladada a las Catacumbas de San Calixto, donde el papa san Dámaso ordenó que fuese enterrado el joven defensor de las especies eucarísticas.

“Vosotros –les dijo el Papa en su alocución en lengua alemana– prestáis a Jesús vuestras manos, vuestro pensamiento, vuestro tiempo. Él no dejará de recompensaros dándoos la verdadera alegría y haciéndoos sentir dónde está la verdadera felicidad. San Tarcisio nos ha mostrado que el amor puede llevar a hacer don de la propia vida por un bien auténtico, por el verdadero bien, por el Señor”.

“También yo fui monaguillo”, les dijo a sus jóvenes “colegas”, mientras se ponía sobre la espalda el pañuelo blanco escogido como distintivo de la peregrinación. “La belleza  y el compromiso de este encuentro de ‘ministrantes’ al sol del verano –escribía en L’Osservatore Romano su director, Gian María Vian– muestra con evidencia, después de una larga y fría estación mediática, que, sobre la base de horribles escándalos, ha buscado indiscriminadamente oscurecer la belleza y la radicalidad del sacerdocio católico, la importancia de cúanto la Iglesia ha hecho en la historia y continúa haciendo, todos los días y en todas las partes del mundo, por la formación de las generaciones más jóvenes”.

En esa misma audiencia, el Papa hizo un llamamiento por las víctimas de las inundaciones en Rusia, Afganistán y Pakistán (que volvió a renovar el miércoles 18 de agosto ante la intensificación de la catástrofe en este último país asiático, ver p. 21), así como el domingo 1 de agosto había manifestado su satisfacción ante la entrada en vigor de la convención internacional que prohíbe el uso de las llamadas bombas-racimo, de efectos tan devastadores sobre todo entre las poblaciones civiles. “Representa –afirmaba un comunicado de la Sala de Prensa– un paso significativo en el campo del desarme y del derecho internacional humanitario”.

Benedicto XVI, en la festividad de la Asunción de la Virgen

El 6 de agosto, festividad de la Transfiguración, Benedicto XVI ‘echó una cana al aire’ y abandonó su residencia estival durante algunas horas para visitar un santuario mariano situado en las montañas del Abruzzo, almorzar con el anciano cardenal Fiorenzo Angelini en Carsoli y saludar, a primeras horas de la tarde, al cardenal Angelo Sodano en Rocca di Mezzo.

La siguiente salida tuvo lugar el 15 de agosto para celebrar la misa de la Asunción en la parroquia pontificia de Santo Tomás de Villanueva, en el pueblecito de Castel Gandolfo. Es ya una tradición constituida y facilita al Santo Padre un contacto casi familiar con sus vecinos. Concelebraron la Eucaristía el cardenal Bertone, el obispo de Albano, monseñor Marcello Smeraro, y el general de los salesianos, Pascual Chávez, entre otros.

Tanto en su homilía como en las palabras del Angelus, el Papa subrayó cómo “la vida de la Resurrección está ya presente en nosotros” y cómo el cielo “no es un lugar del universo, una estrella o algo parecido, no; nos referimos al cielo como algo mucho más grande y difícil de definir con nuestros pobres conceptos humanos. Con ese término, ‘cielo’, queremos afirmar que Dios, el Dios que se ha hecho cercano a nosotros, no nos abandona ni siquiera en o después de la muerte, sino que tiene un lugar para nosotros y nos da la eternidad; queremos afirmar que Dios tiene un puesto para nosotros”.

Benedicto XVI utilizó en esta ocasión, para recorrer la breve distancia entre su palacio y la parroquia, un pequeño coche eléctrico descubierto en el que le acompañaba su hermano Georg, aparentemente muy divertido con esta experiencia.

De todas las intervenciones públicas del Santo Padre en estos días veraniegos, quizás la que ha tenido mayor eco en los medios informativos de todo el mundo fue la que realizó el domingo 22 de agosto. En la primera parte de sus palabras –la que precede al rezo del Angelus–, Benedicto XVI dijo: “Confiamos a su intercesión [de María] la cotidiana oración por la paz, especialmente allí donde prevalece la absurda lógica de la guerra, a fin de que todos los hombres se persuadan de que en este mundo debemos ayudarnos los unos a los otros como hermanos para construir la civilización del amor”.

Expulsiones en Francia

Procedentes de Francia, cientos de gitanos han regresado a Rumanía

Pero fue en el saludo que dirigió en francés, después de la oración mariana, a los peregrinos de dicha lengua que se encontraban en Castel Gandolfo, donde incluyó unas frases que, sin aludir explícitamente a las políticas de expulsión practicadas por el Gobierno de Nicolas Sarkozy con las comunidades gitanas, se referían a ellas: “Los textos litúrgicos de hoy nos recuerdan cómo todos los hombres son llamados a la salvación. Es también una invitación a saber acoger las legítimas diversidades humanas siguiendo a Jesús, que vino a reunir a los hombres de todas las naciones y de todas las lenguas”. Los periódicos franceses, en sus ediciones on-line de ese día y en las de papel escrito del lunes 23, así como los medios informativos de otros países, no tuvieron dudas al aplicar estas reflexiones papales a la política que están siguiendo en Francia Sarkozy y, en Italia, Silvio Berlusconi: expulsar hacia sus países de origen a comunidades gitanas.

No es la primera vez que la Santa Sede se ha hecho presente en este problema y ha expresado sus críticas sobre las expeditivas medidas de los Gobiernos de París y Roma. Monseñor Agostino Marchetto, secretario del Pontificio Consejo para la Pastoral de los Emigrantes e Itinerantes, declaró ante los micrófonos de Radio Vaticano que las expulsiones colectivas llevadas a cabo por los Ministerios del Interior francés e italiano  no sólo violan las normas de la UE vigentes en esta materia, sino incluso las legislaciones de los países en cuestión. Tesis que hacía suya monseñor Giancarlo Perego, responsable de la Fundación Migrantes, de la Conferencia Episcopal Italiana: “El Gobierno no puede decidir autónomamente respecto a una política europea que garantiza, por el contrario, el derecho a establecerse en un país o a moverse fuera de él”. En Francia, el secretario general del Palacio del Elíseo, Claude Geant, consideraba normal “que el Papa nos llame a no olvidar la fraternidad”, y el ministro del Interior, Brice Hortefeux, ha invitado al cardenal de París, André Vingt-Trois, a dialogar sobre el tema, pero las divergencias de enfoque son evidentes.

En el capítulo de nombramientos, vacante –desde que el franciscano conventual Gianfranco A. Gardin fuese nombrado, en diciembre del año pasado, obispo de Treviso– el puesto de secretario de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, era ocupado, a partir del 2 de agosto, por otro religioso, el padre Joseph William Tobin, redentorista nacido en Detroit (EE.UU.) en 1953. Es un nombramiento que tiene su importancia, si tenemos además en cuenta que el prefecto de la citada congregación, el cardenal esloveno Franc Rodé, cumplirá 76 años el 23 de septiembre de este año y, por tanto, su sustitución no podrá ser retardada por mucho más tiempo. Tobin ha sido durante dos mandatos consecutivos superior general de los redentoristas (desde 1997 hasta el 2009) y vicepresidente de la Unión de Superiores Generales; así pues, es un hombre de dilatada experiencia de gobierno y buen conocedor del complejo universo de la Vida Religiosa.

El Papa con ex presidente italiano Francesco Cossiga, en 2008

Dos noticias necrológicas turbaron la paz pontificia: el 17 de agosto, la del presidente emérito de la República italiana, Francesco Cossiga, y el día anterior, la del presidente de la Pontificia Academia de las Ciencias, el físico italiano Nicola Cabibbo. Del primero puede decirse que, a su modo, fue un católico “liberal y laico”, como amaba definirse, que cargó con la tremenda responsabilidad de asumir la política de firmeza en el rapto, por las Brigadas Rojas, del entonces primer ministro italiano, Aldo Moro, que condujo a éste a la muerte.

Finalmente, en la tranquilidad veraniega, Benedicto XVI prepara su transcendental viaje al Reino Unido (del 16 al 19 de septiembre), la Asamblea Especial para Oriente Medio del Sínodo de los Obispos (del 10 al 24 de octubre) y un consistorio para la creación de nuevos cardenales, previsto por los arúspices a finales de noviembre, y del que comienzan a circular listas de posibles candidatos. Esta vez no se repetirá el trío de españoles del precedente del 24 de noviembre de 2007.

En el nº 2.719 de Vida Nueva.

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