Jesús Rico: “La mejor pastoral vocacional es el contagio”

Director general de la Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos

(Texto y fotos: Darío Menor) Tras su elección en la Asamblea General del pasado mes de julio, Jesús Rico dirigirá la Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos durante los próximos seis años. Antes había ocupado la dirección del Secretariado de la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades de España y, previamente, estuvo cuatro años al frente del Pontificio Colegio Español de San José de Roma. 

¿Cómo afectará el reciente cambio de los estatutos instado por el Vaticano para la Hermandad, que ahora será una Asociación Sacerdotal Pública Clerical de Derecho Pontificio y dependerá de la Congregación del Clero?

En realidad, lo que ha hecho la Congregación del Clero es concedernos lo que el fundador quería desde un principio. Cuando la Hermandad se funda, a finales del siglo XIX, el beato Manuel Domingo y Sol pide que ésta sea reconocida como una asociación de sacerdotes. En aquel momento, en Roma, esta petición no se sabía cómo encajar, ya que los grupos que surgían se entendían como congregaciones religiosas. Después del Concilio pasamos a ser Instituto Secular y nuestra vinculación se hacía por medio de votos. Ahora se nos ha concedido ser una Asociación Clerical de Derecho Pontificio. Somos, como decía el fundador, “sacerdotes y nada más que sacerdotes”, y ahora abrimos una etapa que puede ser considerada de refundación, en la que reto- mamos los orígenes para ser lo que siempre hemos sentido: una asociación de sacerdotes mancomunados que se juntan para vivir de un modo más radical su existencia sacerdotal. El cambio hará que debamos acomodarnos a una nueva forma de ser y de ejercer nuestro ministerio en todas las Iglesias locales.

El cambio de los estatutos coincide con el centenario de la muerte del fundador Manuel Domingo y Sol…

Sí, providencialmente, aunque nadie lo podía esperar. De hecho, en la última Asamblea hablamos de que con esta gracia se nos había concedido un milagro por parte del beato Manuel Domingo y Sol. Lo teníamos solicitado desde hace años y pensábamos que el proceso iba a ser más lento, pero curiosamente se revisaron los estatutos y en la Congregación del Clero se vio con buenos ojos desde el primer momento. Además, está firmado el cambio justo en la fecha del Corpus Christi de este 2008. 

¿Cómo está celebrando la Hermandad este centenario?

La clausura de los eventos conmemorativos será el 29 de enero de 2009. El fundador murió el 25 de enero de 1909. Durante este año hemos tenido diversos acontecimientos, el principal, la Asamblea que hemos celebrado y que se lleva a cabo cada seis años. Tendremos también un simposio que tendrá lugar del 7 al 9 de noviembre en el Colegio Español de Roma. La clausura será el 29 de enero, con un acto en el que el obispo de la diócesis de Tortosa presidirá la celebración de la Eucaristía.

¿Cómo se puede cumplir hoy con la petición del fundador de “ser sacerdotes y nada más que sacerdotes unidos con el vínculo de la caridad y una dirección común”?

Cuando él decía esto, se adelantó a lo que luego afirmaría el Concilio: no somos presbíteros aislados, sino co-presbíteros, o sea, co-sacerdotes. Posteriormente, Juan Pablo II explicaría en un documento que el ministerio sacerdotal tiene una radical dimensión comunitaria. Nosotros lo vivimos también por carisma, la fraternidad sacerdotal no es un tema menor, sino que lo vivimos desde su origen, agrupados en equipos y formando dicha fraternidad sacramental. Hay que decir que el carisma es actualísimo y las urgencias que el fundador tenía en su época siguen existiendo en la actualidad, como son la promoción y formación vocacional, el acompañamiento a los sacerdotes y la centralidad de la Eucaristía en nuestra vida. Todos éstos son objetivos carismáticos. También se refería el beato a la formación de la juventud; por tanto, el tema de la pastoral juvenil es un tema candente. Cuando habla de este asunto, lo concibe como una pastoral enfocada a las vocaciones ya que, según dice, de ella deben salir los futuros presbíteros. 

La salud de los seminarios

El año pasado ocupó el cargo de director del Secretariado de la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades de España. ¿Una labor difícil?

Ha sido un trabajo interesante y que me ha aportado una gran riqueza, ya que me ha sumergido en la realidad de la Iglesia de España y en un mundo concreto, como es el de los seminarios. Ha sido muy interesante estar en contacto con los sacerdotes formadores, que son espléndidos desde todos los puntos de vista. También ha significado un reto el tener que afrontar los distintos cursos de formación, que han hecho que mi experiencia sea de crecimiento permanente. Además, como Operario, este trabajo me ha permitido estar dedicado al centro de nuestro carisma, que es la formación sacerdotal. 

¿Cuál es su diagnóstico de la situación de los seminarios españoles?

En este momento, los seminarios, hacia dentro, gozan de buena salud. Existe una gran serenidad, lo que permite una educación óptima y profunda. El problema fundamental es, evidentemente, de número. En las últimas estadísticas se habla de alrededor de 1.380 seminaristas, un número mucho menor que el de los sacerdotes que caen enfermos o mueren. Hay un problema de número en un momento de gran serenidad, ya que la identidad del sacerdote es clara y nadie cuestiona sus principios fundamentales. Creo, además, que tenemos una buena plantilla de profesores y formadores. 

Entonces, los seminarios cada vez están más vacíos…

No hay que afrontar la escasez de vocaciones como un problema aislado, hay también que pensar por qué hay tan pocos jóvenes cristianos, por qué a las familias les cuesta tanto educar en la fe… En mi opinión, se trata de un problema previo, consecuencia de la poca iniciación en la fe. Opta por el sacerdocio la persona que tiene un hábito de oración y una experiencia de Dios y que, en un momento de su vida, decide tomar este camino. No olvidemos, además, que el sacerdote no tiene hoy en Europa la relevancia social de tiempos pasados. Soy, sin embargo, optimista, porque creo que cada vez encontramos grupos de jóvenes con más sensibilidad hacia lo religioso. No son mayoritarios pero sí mucho más conscientes de lo que significa vivir su fe. 

¿Hay, pues, menos seminaristas pero más convencidos de su vocación?

Hoy, quien entra en un seminario ha calibrado más su decisión que antaño. De hecho, la perseverancia de los nuevos seminaristas es muy alta, más que antes. 

¿Cree que se debería dar más responsabilidad a los laicos en la Iglesia?

Desde el Vaticano II, a los laicos se les ha dado el papel que deben tener en la Iglesia. Un sacerdote cabal tiene claro que la colaboración con el laicado es fundamental. Creo que no hay que hacer una competición entre vocación laical y sacerdotal, ya que son complementarias. Si tenemos un laicado más comprometido, este laicado procurará suscitar sus pastores, y viceversa. Cuando los pastores están más templados, también procuran formar y acompañar a los laicos. 

Los Operarios también trabajan en Centros de Operación Vocacional y Seminarios en países de fuera de Europa. ¿Cómo es allí la situación?

Numéricamente, mejor. Hoy, por ejemplo, contamos con más de diez peticiones en formación sacerdotal en la Iglesia latinoamericana y africana. Debemos reconocer que, en la formación, España cuenta en sus diócesis con un cuadro de sacerdotes espléndido para poder atender a los seminarios. Sin embargo, ésta es hoy una urgencia en Iglesias más necesitadas. En 2009, afrontaremos el reto de la Iglesia oriental de Cuba, donde cinco diócesis nos han pedido iniciar el seminario. Tienen muchachos pero les faltan recursos humanos, personas con experiencia para poder iniciar este proyecto, que supone todo un reto para nosotros. En esta zona del mundo, y también en África, el problema principal que afrontan es la falta de formadores preparados, hombres de experiencia que propicien un buen discernimiento. 

Formación en origen

¿Podría venir la solución con la utilización de las estructuras formativas presentes en España?

Una cosa es lo que pasa aquí, en Roma, donde vienen sacerdotes a hacer la licenciatura, y otra es la formación sacerdotal. Ésta debe hacerse en las Iglesias locales, en el contexto original de las personas. Es problemático exportar vocaciones, ya que se trata de culturas muy distintas. Más que ellos vengan, somos nosotros, los formadores, los que debemos ir a sus países. En las facultades de teología y seminarios hay, a veces, más profesores que seminaristas, por lo que los docentes podrían trasladarse durante un par de meses a estas naciones y dar allí sus materias. Sería una experiencia muy enriquecedora para el profesor y para los alumnos. 

El Pontificio Colegio Español de San José de Roma es uno de los centros históricos de formación de sacerdotes. ¿Cómo es su realidad actual?

Goza de muy buena salud y, pese a la escasez de vocaciones, este curso tenemos 84 alumnos. Es un buen número y mi experiencia es que son, además, personas de calidad humana e intelectual. El Colegio Español lo funda el beato Manuel Domingo y Sol a finales del siglo XIX con la intención de que sirva para renovar las diócesis españolas. En aquel momento, había una gran pobreza intelectual en el clero de nuestro país. La idea era que los sacerdotes se prepararan en el Colegio, y luego, fueran apóstoles en la Iglesia española. El ambiente es excelente; los cuatro años que he pasado en el Colegio son de los más plenos y gozosos de los 29 que llevo de sacerdote. 

¿Cómo cree que se puede hacer más atractiva la perspectiva de una vida consagrada?

Debemos presentar una visión muy positiva del ministerio sacerdotal. Estoy convencido de que los jóvenes que están a nuestro lado tienen muy buena conciencia de la figura del sacerdote. La mejor pastoral vocacional es el contagio. Si hay sacerdotes integrados, serenos y alegres, que viven su ministerio y su entrega a los demás con esperanza, conseguirán atraer a personas hacia el sacerdocio. Todos somos religiosos porque ha habido algún sacerdote detrás de nosotros que nos ha acompañado e ilusionado. No se debe olvidar tampoco que es básico tener comunidades cristianas fervientes, ya que así surgen nuevos sacerdotes. 

En el nº 2.634 de Vida Nueva.

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