Tribuna

Jorge Mario Bergoglio: el grito profético

Compartir

Francesc Torralba, filósofoFRANCESC TORRALBA | Filósofo

“Podemos entrever algo de lo que muy probablemente va a suceder si estudiamos sus textos y mensajes anteriores…”.

Durante las últimas semanas he buceado en los discursos, mensajes y homilías del entonces cardenal y arzobispo de Buenos Aires, Jorge Mario Bergoglio. Para comprender la forma mentis del papa Francisco, me parece un ejercicio necesario y, además, muy ilustrativo estudiar su magisterio durante la etapa pastoral argentina anterior a ser elegido papa por el cónclave. Más allá del lenguaje no verbal, de los gestos que todo el mundo ha podido contemplar por la televisión, los mensajes revelan su modo de ser y su manera de concebir el mundo.

Durante este período nos ha regalado libros de distinta temática, pero escritos con un tono deliberadamente pastoral, con voluntad de llegar a toda la comunidad cristiana. Son textos de un pastor, pero no carecen de hondura teológica. Prueba de ello son libros como El verdadero poder es el servicio (2007), idea que se hizo presente en la misa pontifical celebrada el día de San José; Sobre la acusación de sí mismo (2006); o Mente abierta, corazón creyente (2012).

Esperamos que estos libros y otros que ha escrito el papa Francisco a lo largo de su fecunda etapa pastoral como cardenal y arzobispo de Buenos Aires sean conocidos y estudiados en nuestro país en los próximos años, pues de este modo podremos conocer mejor las ideas del sucesor de Pedro. No podemos anticipar, en estos momentos, cuáles serán los ejes de su pontificado, las ideas ejes de su magisterio, su filosofía de fondo, pero podemos entrever algo de lo que muy probablemente va a suceder si estudiamos sus textos y mensajes anteriores.

Muchas de sus alocuciones poseen
un acento claramente social.
En sus textos se percibe
claramente esta sensibilidad,
que se traduce en un talante cercano y humilde,
popular, pero no populista.

Muchas de sus alocuciones poseen un acento claramente social. No en vano se le ha definido ya como el Papa de los pobres y humillados de la tierra. En sus textos se percibe claramente esta sensibilidad, que se traduce en un talante cercano y humilde, popular, pero no populista.

A modo de ejemplo, cito un texto que expresa esta sensibilidad social que está en íntima conexión con la Doctrina Social de la Iglesia y que enlaza con el magisterio pontificio de Juan Pablo II y Benedicto XVI.

En él critica la pasividad y la indiferencia frente al sufrimiento ajeno. En el Gesto cuaresmal solidario 2010, escribe Jorge Mario Bergoglio: “¡Estamos en riesgo! Como sociedad, poco a poco nos hemos acostumbrado a oír y a ver, a través de los medios de comunicación, la crónica negra de cada día; y lo que aún es peor, también nos acostumbramos a tocarla y a sentirla a nuestro alrededor sin que nos produzca nada o, a lo sumo, un comentario superficial y descomprometido. La llaga está en la calle, en el barrio, en nuestra casa; sin embargo, como ciegos y sordos convivimos con la violencia que mata, destruye familias y barrios, aviva guerras y conflictos en tantos lugares, y la miramos como una película más. El sufrimiento de tantos inocentes y pacíficos dejó de cachetearnos, el desprecio a los derechos de las personas y de los pueblos, la pobreza y la miseria, el imperio de la corrupción, de la droga asesina, de la prostitución obligada e infantil pasaron a ser moneda corriente, y pagamos sin pedir recibo aunque tarde o temprano se nos va a pasar la factura”.

Y concluye: “Todas estas realidades, y muchas más, no son mudas, nos gritan a cada uno de nosotros y nos hablan de nuestra limitación, de nuestra debilidad, de nuestro pecado… a pesar de que ‘nos hayamos acostumbrado’”.

Contra la tendencia a afirmar que las cosas son como son y que no pueden dejar de ser como son, Jorge Mario Bergoglio reivindica que pueden ser de otro modo y que jamás debemos acostumbrarnos al mal o al sufrimiento, como si fuera una fatalidad. Ojalá este espíritu crítico, esta voz profética, se haga sentir, ahora, desde la cátedra de Pedro.

En el nº 2.844 de Vida Nueva.

ESPECIAL: Papa Francisco