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portada Pliego Una Pascua para personas corrientes 3033 abril 2017
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El brillo de lo oscuro: una Pascua para personas corrientes

En el lenguaje religioso, la Pascua suena a algo grande, majestuoso, casi épico. Y, ciertamente, contiene la humilde épica de quien entregó su vida hasta el fin y la certeza de que tal entrega no ha sido en vano. Los mismos textos litúrgicos hablan de ello: la victoria de un rey poderoso… Cristo asciende victorioso del abismo… se une el cielo con la tierra, lo humano con lo divino…, etc.

En esta época secular, ¿quién se ve concernido por el triunfo de la Pascua? Mayoritariamente, la gente religiosa. ¿Y la que no lo es tanto? ¿Cómo leer en las vidas humildes, normales, alejadas incluso, la llama de la Pascua que creemos puede ser definida como el fundamento de la persona? ¿Puede pensarse una Pascua para gente corriente?

En su día hizo época aquel librito de Michel Quoist, Oraciones para andar por la calle. Muchas personas lo utilizaron, literalmente, andado por la calle. ¿No podría pensarse en una vivencia de la Pascua para andar por la calle, en otro espacio que el sagrado, en ámbitos donde la vida demanda amparo? Incluso más: ¿no nos llevaría eso a entender muchas vidas como vidas “pascuales”?

Para elaborar esta intuición, quizás haya que volver la mirada a la gente corriente, a los actores secundarios de la “película” que es esta vida. Los grandes actores tienden a la épica; los actores secundarios pasan desapercibidos, pero sin ellos el dinamismo de la narración o del drama no fluiría. En el “gran teatro del mundo”, según la expresión calderoniana, los sencillos tienen un puesto digno de mención.

Incluso a la hora de motivar nuestra reflexión espiritual, dirigiremos nuestra atención a los secundarios de los relatos evangélicos de la Pascua, esos que quedan englobados en “los discípulos…”, “las mujeres…”, “los demás…”, “ellos…”, “algunos…”, etc. Pasan desapercibidos, pero ellos también fueron testigos vivenciales de una certeza que transformó, sin duda, la vida de muchos de ellos.

Quizás haya que habituarse al “brillo de lo oscuro”, a la certidumbre de que la historia, “a pesar de lo oscura que puede parecer y de lo terrible que en el fondo es, está llena de vitalidad, de amor a la vida, de erotismo y de locura”. Se precisa una mirada penetrante y benigna para mirar con piedad y amor a lo oscuro. Solamente desde tales presupuestos se contemplará su brillo.

La celebración de la Pascua es, según se mire, una celebración del brillo que reluce en lo oscuro de una muerte desastrosa. La hemos rodeado de luz, de música, de incienso, de fe y, cómo no, de cariño. Pero su brillo proviene de su oscuridad. Eso es lo que quizá pueda ayudar
a conectarla con la vidas “oscuras”, pero hermosas, de la gente corriente.

Índice del Pliego

  • 1. ¡Gloria a los ignotos!
  • 2. La Pascua de los ignotos del Evangelio
  • 3. Pascua de gente corriente
  • 4. Itinerario pascual
  • 5. Conclusión
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