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Actualizado
13/07/2014 | 00:00
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Una propuesta nueva: Los Grupos de Jesús


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Volver a Jesús.

José Antonio Pagola

PPC Colombia

2014

124 pp.

Al cambio social sin precedentes debe corresponder una conversión en la Iglesia, también sin precedentes. Tal es la primera motivación de este libro que promueve la creación de un clima de conversión humilde y gozosa en parroquias y comunidades.

Pero no es la única razón. Para Pagola “el cristianismo se va diluyendo en formas religiosas cada vez más decadentes y sectarias” y es necesario, según expresión del papa Francisco, “sacudir la conciencia de la Iglesia muy encerrada en sí misma, paralizada por los miedos y alejada de los problemas y sufrimientos que vive la gente”.

A lo largo de las 124 páginas de este libro el lector ve aparecer un panorama de la Iglesia, que el autor describe con ayuda de textos del Papa, especialmente la Evangelii gaudium, a la vez de cruda realidad y de estimulante reflexión.

En las parroquias “es posible percibir una reacción de autodefensa, la opción por el restauracionismo y la pasividad generalizada del Pueblo de Dios”.

“La dinámica parroquial, agrega, está centrada en la práctica litúrgica y sacramental”. En consecuencia, advierte, “no se está escuchando a Jesús”, “el Evangelio les queda ocultado por prácticas, costumbres, lenguajes y fórmulas religiosas difíciles de comprender y aceptar”.

Habla el autor de “sermones que tienen olor a Evangelio”. “Se vive sin conocer por experiencia personal la alegría del Evangelio”, señala al citar al papa Francisco.

¿Por qué su crítica a la predicación? “Tal como se lleva a cabo, sin posibilidad de diálogo con el Pueblo de Dios que permanece mudo, no es el mejor camino para descubrir que el Evangelio responde a las necesidades más profundas de las personas”, explica el autor con cita del Papa.

Aún alega otra razón para la decadencia que ha denunciado: la idea simplista y falsa de que ser cristiano es aceptar un sistema religioso que la Iglesia Católica impone sin aceptar la autonomía propia del ser humano”.

Ante una situación así, Pagola, guiado por la palabra del papa Francisco hace la propuesta de romper silencios, liberarse de miedos y reavivar la esperanza.

Los silencios que deben romperse son los del Pueblo de Dios, de modo que se pase de una religión de autoridad, a una que genere responsabilidad, participación y creatividad. Con el Papa, afirma el autor que los laicos no están encontrando espacio en las iglesias particulares, “son cristianos mudos y sin palabra”.

El miedo, por su parte, paraliza y deja a la Iglesia atada a un pasado inmutable. “El miedo es nuestro mayor pecado”. “Necesitamos respirar un clima más amable en la Iglesia de Jesús”.

Al proponer “la construcción de nuevas bases que hagan posible una confianza en un nuevo futuro”, advierte que “las actitudes fundamentalistas o reacciones fanáticas” no propician la serenidad y confianza que derivan de la paz inconfundible que solo Jesús comunica”.

Así, concluye, “lo decisivo no son las estructuras, sino nuestro estilo de vida, no es el número, sino la calidad del seguimiento de Jesús. Hemos de aprender a vivir el Evangelio, cambiando; volver a la sencillez, a la novedad primera del Evangelio, sabiendo que lo nuevo no es necesariamente distinto”.

El último capítulo, en donde convergen todas las reflexiones y propuestas de los capítulos anteriores, le permite al autor formular en extenso su propuesta concreta.

Espacios sanadores

Dedicado a la investigación sobre la persona de Jesús, José Antonio Pagola se preparó para esta tarea con estudios de teología y Sagradas Escrituras, primero en la Universidad Pontificia Gregoriana y en el Pontificio Instituto Bíblico de Roma; después fue a la Escuela Bíblica y Arqueológica Francesa de Jerusalén. Su obra más difundida es Jesús, una aproximación histórica.

En Volver a Jesús, su último libro, propone la creación de “Grupos de Jesús”, fundado en la necesidad de una conversión personal y colectiva. Es decir, la actualización de “la experiencia primera que vivió junto a Jesús aquel grupo de discípulos que escucharon su llamada y la siguieron”.

Son pequeños grupos, no necesariamente convocados o presididos por algún sacerdote o religioso, al estilo de los que el papa Francisco imagina como “espacios motivadores y sanadores, donde se comparten las propias preguntas más profundas y las preocupaciones cotidianas, donde se discierne  en profundidad con criterios evangélicos sobre la propia existencia”.

No responden estos grupos a una convocatoria institucional, no tienen locales propios; son espacios de libertad, y para formar parte de ellos no se requiere preparación especial ni es preciso que todos sean practicantes. Allí se vive un proceso de conversión en contacto con la Palabra y el ejemplo de Jesús, cuya palabra se escucha, se acoge, se medita y se comparte.

Los grupos no pueden llegar a ser cursos de adoctrinamiento, sino que deben transformar por el contacto con el Evangelio. La vida cristiana se percibe allí no como una obligación, sino como atracción, como seguimiento apasionado a Jesús.

El resultado de ese acercamiento aparece en tres grandes tareas:

  1. Curar heridas, o sea, estar al servicio de los que sufren.
  2. Acercarse a los más pobres, defendiendo sus derechos, promoviendo la justicia e impulsando la solidaridad.
  3. Trabajar por una sociedad más acogedora donde nadie sea excluido o discriminado.

De esta manera, estos grupos contribuirán a la construcción de “una Iglesia más preocupada por la felicidad de la gente, más sencilla, fraterna y buena con todos, una Iglesia samaritana, compasiva y amiga de los pecadores”.

Javier Darío Restrepo