Libros
Actualizado
30/07/2010 | 08:33
Compartir

Tiempo de Concilio


Un libro de Santiago Madrigal (Sal Terrae, 2009). La recensión es de Juan María Laboa.

————

Tiempo de Concilio. El Vaticano II en los Diarios de Yves Congar y Henri de Lubac

Autor: Santiago Madrigal

Editorial: Sal Terrae

Ciudad: Santander

Páginas: 248

————

(Juan María Laboa) El Concilio Vaticano II sigue siendo un tema importante en la vida eclesial, aunque descubrimos, con frecuencia, un progresivo desconocimiento de su desarrollo y una aproximación conflictiva interesada. Sin embargo, resulta difícil concebir que se pueda abordar un futuro eclesial sin un redescubrimiento adecuado del significado de aquella asamblea y sin una aplicación honesta de su espíritu y de sus documentos a la vida de nuestra comunidad creyente.

Santiago Madrigal, joven profesor de Eclesiología en la facultad de Teología de la Universidad Pontificia Comillas, ha dedicado buena parte de su tiempo al estudio concienzudo de un concilio que él no conoció personalmente. Conviene tener en cuenta sus libros Vaticano II: Remembranza y actualización (2002) y Karl Rahner y Joseph Ratzinger. Tras las huellas del Concilio (2006). Consciente de que el acontecimiento conciliar para unos es desconocido, para otros olvidado y para la mayoría sigue siendo incomprendido, Madrigal está dedicando sus buenas dotes a una suave, pero intensa, comprensión del significado del Concilio, que va transmitiendo en sus clases, artículos, conferencias y libros.

La obra que presento parte de una afirmación de Yves Congar (“este concilio ha sido el concilio de los teólogos, que han desplegado un trabajo enorme”), convenientemente matizada por el autor, que recuerda el papel de los obispos al aceptar, rechazar o matizar y completar las fórmulas de los teólogos. Para explicar mejor ese juego de fuerzas, conocimientos y mentalidades, Madrigal nos presenta a dos teólogos insignes, el dominico Congar y el jesuita Henri de Lubac, dos psicologías, personalidades y actitudes diferentes, pero que han experimentado duramente en sus vidas la incomprensión y el rechazo de la Curia romana. Para conseguirlo, maneja dos obras fundamentales para conocer el desarrollo conciliar en algunos aspectos decisivos, y nos descubre la aportación de estos dos teólogos a los documentos que sesión tras sesión van siendo aprobados. Me refiero a Mon Journal du Concile, de Congar, y Carnets du Concile, de De Lubac. Ambos fueron creados cardenales por Juan Pablo II, reconocimiento tardío aunque ejemplar a unas vidas dedicadas inteligentemente a la Iglesia a través de su teología.

Dos ‘escuelas’

Este libro apunta dos maneras diversas de ver la Iglesia y el Concilio y dos formas de hacer teología. Una era la propia de la “escuela romana” y se había impuesto hasta el Concilio, mientras que la otra era más propia de los países centroeuropeos. La primera no recurría a la Escritura como la fuente de toda formulación normativa, sino que se fundamentaba en los documentos magisteriales, una especie de autoalimentación y autoconvencimiento que impedían el diálogo y la confrontación de argumentos. Su fuerza consistía en el apoyo del Laterano y del Santo Oficio más que en la capacidad de sus argumentos. Apenas iniciada la asamblea conciliar, se produjo la inesperada sorpresa de la mayoritaria aceptación de la “nueva teología”, y el intento de mantener el statu quo llevó a un enrocamiento durísimo, un enfrentamiento con toda clase de armas, menos las teológicas. En este libro encontramos nítidamente no sólo las aportaciones teológicas de Congar y De Lubac, sino también la labor interna, “de cocina”, es decir, la decisiva intervención de Gérard Philips, el teólogo lovaniense, la compleja personalidad del profesor de la Gregoriana Sebastian Tromp y la prepotencia del cardenal Ottaviani, tan decisivo en la etapa preconcilar.

Una investigación que use los diarios y cuadernos de los protagonistas del evento es apasionante si el autor conoce en profundidad tanto sus biografías como el marco y desarrollo del evento, de forma que estos documentos enriquecen en mil aspectos lo ya conocido por los estudios previos, y lo que puede resultar más subjetivo o problemático en ellos acaba siendo explicado y completado por estos datos adquiridos.

Es lo que sucede con esta trilogía admirable escrita por Madrigal. Los tres libros constituyen tres pasos complementarios, escritos en su orden lógico. El que presentamos ahora utiliza dos diarios monumentales por su número de páginas y por la importancia de quienes los escriben y de lo que revelan. Confieso que leerlos constituyó para mí un gozo profundo. Conocí mejor a los personajes, su actitud ante las persecuciones sufridas y su hondo sentido eclesiástico, participando creativa y generosamente en favor de una Iglesia mejor, con una envidiable capacidad de colaborar en equipo.

Pues bien, Tiempo de concilio capta y nos ofrece la esencia de las reflexiones presentes en sus 2.362 páginas, las enmarca en los sucesos y personajes conciliares, y diseña, al mismo tiempo, un agudo perfil de los autores. El conjunto reflota la obra teológica de algunos de los principales actores teológicos, rastreando su influjo en las líneas inspiradoras de los documentos, a sabiendas de que siguen ofreciendo en nuestros días criterios de interpretación de la doctrina conciliar, en su letra y en su espíritu. En este sentido, podemos afirmar que no se trata sólo de un volumen de historia sino, también, propositivo y pedagógico.

La obra está muy bien escrita, con un castellano muy preciso, ágil, técnico en su debido momento y siempre expresivo. Al describir, por ejemplo, algunos teólogos cuyo pensamiento queda en entredicho en el Concilio, afirma: “Parecen niños viejos en cuyas manos se habrían depositado por imprudencia poderosos medios de destrucción”. En definitiva, se trata de un serio estudio de teología histórica o de historia teológica, que resulta digerible, fácil de leer y de comprender.

En el nº 2.718 de Vida Nueva.