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15/04/2016 | 00:29
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‘Orar y contemplar a la luz de la Pascua’


Un libro de Luis Fernando Crespo (PPC) La recensión es de María José Pérez

Orar y contemplar a la luz de la Pascua, Luis Fernando Crespo (PPC)

Título: Orar y contemplar a la luz de la Pascua

Autor: Luis Fernando Crespo

Editorial: PPC

Ciudad: Madrid, 2016

Páginas: 232

MARÍA JOSÉ PÉREZ | Este libro del religioso Luis Fernando Crespo, marianista y presidente de SM, es el quinto de la colección Manuales de oración de la editorial PPC. Es una obra de pequeño formato, muy manejable, atractiva y dinámica. En ella, la Palabra de Dios, la poesía y la plegaria se suman a la fuerza de las imágenes (fotografías del propio autor y de Isabel Cano) y al colorido cambiante de las páginas, para subrayar ese estallido de fiesta que supone la Pascua.

Luis Fernando nos “enseña” a orar (recordemos que se trata de un manual) de la mejor manera posible: orando en directo ante el lector. Así lo hacía Teresa de Jesús, en cuyos libros la sorprendemos tantas veces perdiendo el hilo argumental para dirigirse a su Dios en los más variados tonos y acentos.

Y es que –como señala en el prólogo José María Avendaño Perea, vicario general de la Diócesis de Getafe– el autor está muy cerca de los místicos en esta obra. Muchas páginas evocan versos de Juan de la Cruz, el mayor de nuestros poetas místicos, principalmente de su inefable Cántico Espiritual, donde todo queda transido de la hermosura que contagian los ojos del Amado.

El libro sigue la estructura del tiempo pascual, y dedica una oración a cada día, de domingo a sábado, desgranando así las siete semanas de Pascua. Al final, incluye nueve plegarias más, para las fiestas propias de este tiempo litúrgico.

Todas ellas le brotan al autor como respuesta a la Palabra de Dios de cada día. Impregnándolo todo, la Eucaristía, alimento “que no tiene fecha de caducidad”. Leyendo este libro, oramos. Orando, saboreamos frutos de Pascua: la alegría, la paz, la justicia, la comunicación, la esperanza, la apertura, la unidad… Aquí asistimos a los emotivos relatos evangélicos de las apariciones de Cristo y al anuncio jubiloso de sus primeros testigos: la Magdalena, Pedro y Juan, Tomás, Esteban, Pablo…

Dos presencias clave

Con todo, destacaría dos presencias clave, que se cuelan en un gran número de estas plegarias. Por un lado, la delicada referencia a María de Nazaret. Por otro, el recuerdo constante de los pobres de la tierra. A ellos, antes que a nadie, se dirige la Buena Noticia, que no es sino la certeza de que, en Jesús, la injusticia y la muerte no tienen la última palabra.

A través de estas páginas descubrimos que el Resucitado no es solo paz, no es solo dicha. Es también intimidad y hermosura deslumbrante: es Espíritu. Un Dulce Huésped del alma que aparece prendido en las imágenes, revoloteando en los versos, posándose en las palabras para impregnarlas de luz y de vida. Este es, en definitiva, el gran regalo que el autor nos deja con su libro, que os animo a leer en esta Pascua.

En el nº 2.984 de Vida Nueva