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25/04/2013 | 08:34
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Jesús y el dinero


Un libro de José Antonio Pagola (PPC, 2013). La recensión es de José Ignacio Calleja

Título: Jesús y el dinero. Una lectura profética de la crisis

Autor: José Antonio Pagola

Editorial: PPC, 2013

Ciudad: Madrid

Páginas: 96

JOSÉ IGNACIO CALLEJA | Este libro no es un texto convencional. Nace de unas conferencias, pero no es un libro al uso. Es un manifiesto que representa la conmoción de un creyente ante el sufrimiento social de nuestros días. Como fuera que el autor conoce de primera mano el acontecimiento Jesucristo –su persona y su vida–, se ha visto interpelado y hasta obligado a repensar, desde Jesús y su Dios, la crisis global contemporánea. Su lectura no es la de un moralista, ni la de un economista o sociólogo, sino –como reza el subtítulo– la que corresponde a un seguidor de Jesús y, en su espíritu, una lectura profética de la crisis. Es una opción –añado yo ahora– muy importante y clarificadora.

Esa crisis –dirá José Antonio Pagola– es “una crisis de la humanidad” en cuanto a su alcance; la determina “un sistema económico-financiero generado básicamente por el capitalismo neoliberal”; y ese sistema provoca sin remedio un reguero de víctimas en todas las direcciones y pueblos. La inhumanidad más absoluta es su condición estructural. No tiene remedio en la lógica de acumulación y explotación que lo constituye. El dinero es su ídolo, y como tal lo rige. Las víctimas de toda condición cerca de nosotros y las que provoca más lejos, en un mundo único y global, son la prueba irrebatible para su superación.

Descrito el sistema de este modo directo y crudo –y en muy pocos párrafos–, el texto avanza como un grito de la conciencia cristiana ante la realidad, cual si preguntara algo así: ¿cómo es posible que sucediendo esta catástrofe humanitaria, con tantos hermanos afectados, y los creyentes no reaccionemos?

Y para ayudarnos en esta pregunta –estoy interpretando–, el autor nos convoca a la respuesta de otra: ¿qué significó el anuncio del Reino de Dios por Jesús para las gentes de su tiempo –para las víctimas– y, por tanto, por qué no ha de despertar una esperanza y un compromiso semejantes entre los cristianos de hoy y, por ellos, en los hombres y mujeres de buena voluntad?

No todo está perdido. Es posible la alternativa. Hay futuro si nos recuperamos como el movimiento profético de Jesús, abriendo caminos al Reino de Dios y su justicia. Para ello, las víctimas tienen que pasar al centro de todos los proyectos sociales, y la compasión para con ellas tiene que ser el principio ético y político del mirar, del hacer y del ser. La compasión es el alma del ser de Dios, del ser de Jesús y del nuestro. En ella fracasa o se salva el ser humano y sus sistemas sociales.

Como buen manifiesto para el mundo cristiano en particular, el texto convoca a una exigente acción ética y política –de las personas, de las asociaciones y de la Iglesia toda–, y lo hace en cuanto al dinero, la dignidad de las víctimas, la denuncia social, la caridad, el Estado de bienestar justo, el compromiso con la verdad social, etc. Y proclama, por fin, algunos signos de esperanza para confiar en esa alternativa; especialmente uno: la causa de las víctimas llega más y más al centro de todas las religiones y filosofías.

En poco más de 90 páginas y de tamaño reducido, no se puede decir más. La referencia a Jesús y el Reino de Dios está logradísima, ¡cómo no!; la referencia a la lógica perversa del sistema y del ídolo que es el dinero, está hecha con todo atrevimiento. Al analista social le sabrá a poco, pero lo que está, puede y debe estar. Directo y a lo claro.

La conciencia religiosa y ética –y los retos que esto plantea a la Iglesia y al cristiano– me parecen lo más valioso del libro, y digno de un trabajo personal y en grupo urgente. Yo animaría a leer el texto con otros, en un catecumenado social –teórico y práctico–, como una insuperable escuela de la fe. Mi felicitación a Pagola.

En el nº 2.845 de Vida Nueva.