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27/01/2012 | 08:57
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Dame, Señor, tu mirada


Un libro de Nuria Calduch-Benages (PPC, 2011). La recensión es de Ángel Aparicio, cmf.

Dame Señor tu mirada, Nuria Calduch, PPC

Dame, Señor, tu mirada. Reflexiones bíblicas sobre la vida cristiana

Autora: Nuria Calduch-Benages

Editorial: PPC

Ciudad: Madrid

Páginas: 216

ÁNGEL APARICIO, CMF | Pertenece la obra que presento a la colección ‘Sauce’. Los temas que se abordan en este título (Dame, Señor, tu mirada) “son de calado y de gran actualidad para una reflexión bíblica de la vida cristiana”.

Autores conocidos y de renombre –como Nouwen, los cardenales Martini, Tarancón, Amigo, Pironio, los hermanos Roger y John de Taizé, etc.– han prestigiado la citada colección, en la que ya había escrito la profesora Nuria Calduch con anterioridad.

Doctora en Sagrada Escritura y profesora en la Universidad Gregoriana de Roma, colaboró también como traductora en la versión oficial de la Biblia, llamada “de la Conferencia Episcopal Española”, y, nombrada por Benedicto XVI, asistió como experta al Sínodo sobre la Palabra de Dios.

Quienes quieran “profundizar en la propia vida espiritual a la luz de la Escritura” (p. 8) son candidatos a leer provechosamente estas Reflexiones bíblicas sobre la vida cristiana.

La autora ha recopilado aquí diversos artículos publicados en las revistas Vida Religiosa (Claretianos, Madrid) y Consacrazione e servizio (USMI, Roma).

Antes de integrarse en un libro, “todas las aportaciones han sido revisadas y actualizadas” (p. 8). Mucho más importante que este dato externo, es verificar que Nuria Calduch sabe decir con sencillez lo que ella mismo ha estudiado con profundidad. No se asuste el lector si en el primer capítulo, por ejemplo, encuentra palabras hebreas o griegas transliteradas al alfabeto latino (pp. 12, 16, 17 etc.): son concesiones hechas a la erudición; obviar su lectura nada quita al proceso discursivo.

En el primer capítulo, la autora conduce al lector desde la familia encerrada en sí misma, desde el clan, a la familia universal: “Una familia que se extiende por el mundo entero, una familia sin fronteras, de anchos horizontes, donde todas y todos tienen cabida y son respetados por igual” (p. 22).

Los capítulos sucesivos están dedicados a la afectividad (cap. II), a Miriam, una mujer de esperanza (Ex 1-2) [cap. III]; al cuerpo en el Cantar (cap. IV); a la mirada de Dios (1 Sam 16,1-13) [cap. V]; a la Palabra de Dios, fuente de vida (Ez 37, 1-14) [cap. VI]; a las bienaventuranzas (cap. VII); a Jesús, el profeta (cap. VIII); y a la koinonía en la Vida Consagrada (cap. IX).

La intención de Calduch es que el lector de su libro se convierta en contemplativo de la Palabra de Dios. Dicho de otro modo, la autora pretende que sus lectores hagan suya la vieja tradición de la lectio divina. Me detengo brevemente en el capítulo IV: el cuerpo en el Cantar de los cantares (Cant 4, 1-7).

El cuerpo en el Cantar

No es frecuente hacer del Cantar de los cantares lugar de encuentro con la Palabra de Dios, a no ser que se recurra a la alegoría: el amor de Cristo a la Iglesia o al alma. Distintos autores, a lo largo de la historia, se han sublevado contra este proceder, porque “solo el sentido gramatical [literal] es el verdadero sentido teológico”, proclamaba Lutero.

No hay por qué desdeñar y, menos aún, desechar el amor erótico, y quedarnos únicamente con el agape, como si el eros fuera un amor posesivo y el agape un amor oblativo. Son más bien dos aspectos de una misma realidad, viene a decir Benedicto XVI.

Lo maravilloso del Cantar es que todo se ve desde su secreta belleza. Dar y recibir, he ahí el secreto del amor y también del Cantar. Se explican así los múltiples pronombres personales que figuran en el Cantar o los posesivos de pertenencia mutua: suya, mío… El cuerpo, en una palabra, es lugar de encuentro. Gracias al cuerpo entro en relación con cuanto y cuantos me rodean.

Recomiendo estas Reflexiones bíblicas a quienes buscan la relación con Dios, presente en la Palabra. La sabiduría y la pericia de la autora les ayudarán, sin duda, en la búsqueda de la Palabra y les harán gozar en el encuentro con Dios.

En el nº 2.786 de Vida Nueva.