Isabel Corpas, teóloga
Doctora en teología

Urbi et orbi a las teólogas y a los teólogos


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Cuando en la sala Clementina el papa Francisco recibió a los miembros de la Asociación Teológica Italiana el pasado 29 de diciembre, no solamente les habló a los miembros de esta asociación: las palabras que pronunció para ese grupo de teólogos y teólogas estaban también dirigidas a quienes hemos asumido el ministerio teológico en cualquiera de los cinco continentes: eran –como quien dice– urbi et orbi.

Por eso, según es costumbre, dichas palabras han sido reproducidas por las redes sociales y comentadas en medios de comunicación. Están en la red y recomiendo a mis colegas leerlas, pero como teóloga, quiero compartir algunas de las invitaciones y precisiones que el Papa nos hizo en esta ocasión.

1. Invitación a responder con “fidelidad creativa” a los cambios ocurridos

Por ejemplo, al recordar la responsabilidad que involucra “a la Iglesia toda y a los teólogos en particular” de anunciar el evangelio “de un modo nuevo, más acorde con un mundo y una cultura profundamente cambiados” invitó a teólogas y teólogos a responder con “fidelidad creativa” –las comillas son de Francisco– a los cambios, concretamente a los que han ocurrido en los 50 años después de Vaticano II.

2. Invitación a repensar los grandes temas de la fe

Asimismo, al plantear desde “la perspectiva de una Iglesia en salida misionera” que para proponer el núcleo fundamental del evangelio en esta coyuntura histórica “el ministerio teológico resulta particularmente importante y urgente”, invitó a teólogas y teólogos a repensar los grandes temas de la fe cristiana en medio de una cultura profundamente cambiada.

Y precisó la necesidad de “una teología que ayude a todos los cristianos a anunciar y mostrar, sobre todo, el rostro salvífico de Dios, el Dios misericordioso, en especial frente a desafíos inéditos que involucran hoy a la humanidad: como la crisis ecológica, el desarrollo de las neurociencias o de las técnicas que pueden modificar al ser humano; como el desafío de las cada vez más grandes desigualdades sociales o de las migraciones de pueblos enteros; como el relativismo teórico, pero también el relativismo práctico”.

Que es una teología hecha por cristianas y cristianos que no piensen sólo en hablar entre ellos mismos, sino que sepan estar al servicio de las diversas Iglesias y de la Iglesia, y que asuman también la tarea de repensar la Iglesia para que sea conforme al Evangelio que debe anunciar”.

3. Invitación a “hacer teología en compañía”

Además invitó a teólogas y teólogos a “hacer teología en compañía” –otra vez las comillas son de Francisco– y precisó que “de manera individualista, particular o, peor aún, en forma competitiva no se puede servir a la verdad de un Dios que es comunión del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo y cuyo designio salvífico es la comunión de los hombres –también de las mujeres, ¡obviamente!– con él y entre sí. La investigación teológica no puede ser actividad personal sino de personas que pertenecen a una comunidad teológica”, lo que el Papa considera que “no es un aspecto accesorio del ministerio teológico”. Y aprovechó esta referencia para afirmar la necesidad que tiene la Iglesia de este ministerio.

Tres invitaciones

Finalmente Francisco concretó tres invitaciones a las teólogas y los teólogos. La primera, a “no perder la capacidad de sorprenderse” y a “hacer teología desde el asombro”, precisando que se trata del asombro en el encuentro con Cristo. En segundo lugar, a “hacer teología de rodillas” y precisó que “el teólogo –también la teóloga, supongo– es alguien que estudia, piensa, reflexiona, pero lo hace de rodillas. Hay que hacer teología de rodillas como los grandes Padres de la Iglesia que pensaban, oraban, adoraban y alababan a Dios”.

Y, en tercer lugar, a “hacer teología en la Iglesia, esto es en el santo pueblo de Dios que tiene, lo diré con una palabra no teológica, el olfato de la fe”, acerca de lo cual precisó que se trata del sensus fidei, que “es un sentido de la realidad de la fe que pertenece a todo el pueblo de Dios” y que “en esta fe viva del santo pueblo fiel de Dios todo teólogo –y supongo que toda teóloga– debe sentirse inmerso, sostenido, movido y acogido”.

¿?

“Para que la Iglesia pueda continuar haciendo oír el centro del Evangelio a las mujeres y a los hombres de hoy, para que el Evangelio alcance de verdad a las personas en su singularidad y con el fin de que impregne a la sociedad en todas sus dimensiones”, concluyó.

Como quien dice,  la teología debe responder con “fidelidad creativa” a un mundo y una cultura diferentes al mundo y la cultura desde los cuales se elaboraron otras propuestas teológicas.