¿Qué implica aprobar un sindicato para mujeres que ejercen la prostitución?


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El sindicato

Una de las crisis de gobierno del final del verano ha sido el cese de la directora general de Trabajo, Concepción Pascual, tras haber dado el visto buenos al expediente que posibilitaba la puesta en marcha de un sindicato de prostitutas, la Organización de Trabajadoras Sexuales (Otras). Agrupación que aparecía en el BOE del 4 de agosto con todos los requisitos superados y que cuando llegó al ruedo mediático la ministra Magdalena Valerio reconoció sin ambigüedad que le habían “colado un gol por la escuadra”, que “desconocía por completo” esa aprobación de su ministerio y que haría lo posible por anularlo lo antes posible.

Estos movimientos políticos reabren un viejo debate en el que entran cuestiones políticas, económicas, sociales, feministas… además de estar íntimamente vinculado con la cuestión de la trata de personas. Precisamente, esta íntima relación entre trata de personas hace que la presencia de este delito y este drama de la esclavitud moderna no pueda dejarse de lado en el debate sobre la legalización de la prostitución o no. A la vista está que esto ha pesado mucho en el tratamiento político que el Ejecutivo ha hecho sobre este tema.

La reflexión

“La Iglesia tiene la responsabilidad pastoral de defender y promover la dignidad humana de las personas explotadas a causa de la prostitución”, se puede leer en el documento del Pontificio Consejo para la Pastoral de los Migrantes e Itinerantes sobre ‘Orientaciones pastorales para la liberación de las mujeres de la calle’ (2012). Y es que no podemos olvidar la fuerte presencia de las prostitutas en el ministerio y en la predicación de Jesús, quien llega a firmar que “los publicanos y las prostitutas entrarán antes que vosotros en el reino de Dios” (Mt 21,31). Una benevolencia que también aparece en algunos pasajes del Antiguo Testamento como en caso de Rajab (cf. Jos 2,1-2). A la acogida misericordiosa de Jesús seguirá en el Nuevo Testamento la severa reprobación de los prostíbulos de la portuaria ciudad de Corinto que hace san Pablo (cf. 1 Cor 6).

El Vaticano II rescató la centralidad de la dignidad de la persona humana como compromiso der la acción de la Iglesia. ‘Gaudium et spes’, en su número 27, encuadra la prostitución entre la indignidad de la trata de personas.

La Conferencia Episcopal Española, en la 76ª Asamblea Plenaria ofreció una declaración en la que advertía sobre el aumento del tráfico de mujeres, especialmente procedentes de zonas en conflicto y con profundas necesidades. Dicho documento pedía profundizar en las herramientas legales, atender mejor a las víctimas, una mayor actuación policial contra los explotadores, una mayor sensibilidad en los medios y la petición de que las comunidades cristianas fuesen un “hogar abierto a las víctimas”.

La lucha contra la trata de personas de Francisco contra la trata de personas está fuera de toda duda. La defensa del valor de la personas, la comprensión integral de la sexualidad humana –que tantos otros problemas se está manifestando en tantos otros problemas de los que vive la Iglesia–, la compasión y misericordia hacia las víctimas, la justicia social, la denuncia de las hipocresías sociales que se dan en este tema… son constantes en las propuestas pastorales impulsadas por Francisco.

Los datos

Cáritas conoce bien la realidad de la prostitución. De hecho ha impulsado un documento que sigue siendo de referencia en las instituciones eclesiales, la reflexión de 2016 ‘La prostitución desde la experiencia y la mirada de Cáritas’. A partir de los datos de sus proyectos se puede obtener una radiografía de la prostitución en España. Un grupo compuesto por el 90% de mujeres, aunque incluye a hombres y transexuales. Además, el 80% de las mujeres que acuden a los proyectos de Cáritas son de origen extranjero –población que representa un 12% del total nacional–, siendo Nigeria y Brasil los países más frecuentes.

En cuanto a la edad, una buena parte de las mujeres que ejercen la prostitución son menores de 35 años y con apenas estudios. Así, el perfil más habitual es el de una mujer joven, extranjera, con un bajo nivel educativo y, en muchos casos, con algún menor a cargo. El documento de Cáritas advierte, además, que una buena parte de ellas regresan a este mundo en situaciones de dificultad económica.

Con esta radiografía, ¿no es posible dejar de lado la hipocresía para entrar en la realidad profunda de esta esclavitud moderna –aunque basada en el oficio más antiguo del mundo–?